En busca del tigre en la selva de "Shere Kan"

Rudyard Kipling se inspiró en las selvas de Madhya Pradesh para escribir sus cuentos de El Libro de la Selva. En el Parque Nacional de Bandhavgarh, en Madhya Pradesh, aún llaman al tigre "sher" y al oso "bhalu". A las puertas de este parque acaba de estrenarse Mahua Kothi, el último refinamiento indio: un lodge exclusivo para realizar safaris fotográfi cos en Bandhavgarh e iniciar el circuito del tigre por las selvas donde aún se escuchan las leyendas de Shere Khan.

Mariano López

Voz de alarma
El Chital Macho se ha parado en seco. El chital es un antílope altivo y bello, de piel canela salpicada con grandes manchas blancas, más pequeño que un ciervo adulto. Ahora ha bajado la cabeza y sus poderosos cuernos y mira y berrea en la dirección por donde puede aparecer el enemigo. Está muy asustado. "¿Viene un tigre?", le pregunto al naturalista con el que viajamos en un todoterreno. "Podría ser -contesta-, pero no es seguro.
El chital es muy asustadizo y hay que esperar otros signos. Si ahora oímos gritar a los langures o al sambar, entonces no habrá duda: es un tigre." Estamos en el Parque Nacional de Bandhavgarh, en el estado de Madhya Pradesh, el corazón de la India. El parque posee una de las densidades de tigres por kilómetro cuadrado más altas de toda la India, de modo que si alguna vez hemos soñado con ver un tigre en libertad, ahora estamos ante la mejor de nuestras oportunidades. El parque ocupa unos quinientos kilómetros cuadrados, en el oeste del estado, a unos 250 kilómetros de Jabalpur. Los turistas sólo pueden visitar la cuarta parte de la extensión del parque, pero en esos ciento y poco kilómetros cuadrados el último censo del pasado año certifi có la presencia de 23 tigres. Ahora parece que hay uno que se acerca. El chital ha retrocedido unos cincuenta metros. Su harén ya está lejos de la zona. Una familia de monos langures también se retira. Antílopes y monos gritan, pero se diría que sus voces son precisas, que sólo quieren alertar al rebaño y de ninguna manera llamar la atención del tigre, no hay algarabía. Los pájaros sí son escandalosos: los pavos reales, con su trompeteo gangoso, y los periquitos de cuello rosa, que lanzan un jai-jai-jai rápido y muy agudo. Han llegado más coches y se han parado. Nuestro guía nos señala un repecho colina arriba, saturado de vegetación. Cree que vendrá por ahí. También golpea repetidamente con el índice su nariz. Quiere que estemos atentos al olor, inconfundible, del gran gato, el mayor felino viviente.
De repetente, un gran silencio y ahí está: un gran tigre -increíble, maravilloso- desciende lentamente por un terraplén cubierto de matas de bambú y árboles de sal y de mahua hasta alcanzar el riachuelo que corre junto a nosotros. Estamos a menos de cinco metros de uno de los seres más bellos y más salvajes de la naturaleza. Todas las cámaras de fotos esfuerzan y multiplican sus disparos. El tigre parece acostumbrado a la presencia de los coches, los humanos y el ruido de las cámaras. También se acercan elefantes, con otros turistas en su lomo. Nada parece alterar al rey de estas selvas, al que los locales llaman "Sher" y también "Bagh". Imperturbable, cruza despacio por delante de los vehículos y con un par de saltos se pierde tras unas rocas. Los turistas nos miramos sonrientes, alborozados. Hemos tenido suerte. Los monos langures de cara negra y los chitales de cuerpo manchado recuperan la calma. También ellos, esta vez, han sido afortunados.
Bandhavgarh es uno de los más bellos parques de la India. Parte de su territorio está formado por grandes paredes rocosas calizas que atesoran el agua en invierno y la regalan en primavera. La cantidad de agua explica la densidad de tigres. En las llanuras, cubiertas por hierba alta, casi siempre húmeda, se mueven los ciervos manchados, los chitales, y algunas parejas del mayor de los antílopes indios: el sambar. En las colinas boscosas que preceden a las montañas predominan el árbol de sal -alto y arropado por sus ramas, como un eucalipto-, el bambú, el arjún y el tendu. Los monos tienen debilidad por las flores dulces y por los frutos del mahua, pero no pueden evitar que se les caigan al suelo, de lo que se aprovechan los antílopes. En las montañas hay lobos, perros salvajes indios y osos bezudos.
En la lengua Local bagheli, al oso se llama"Bhalu "
Rudyard Kipling se inspiró en estas selvas de Madhya Pradesh para escribir sus cuentos de El Libro de la Selva. Aún hoy en Bandhavgarh, como en los viejos relatos de Kipling, hay lobos, serpientes pitón, osos, buitres, monos y tigres; no hay panteras negras, pero sí leopardos y también hay elefantes, aunque ya no son salvajes: están domesticados. Todos los personajes de El Libro de la Selva se encuentran en Bandhavgarh, salvo las excepciones citadas que se compensan con la existencia, en la cumbre del Parque, de unas ruinas tan antiguas como misteriosas.
Las ruinas del fuerte de Bandhavgarh se cree que tienen más de dos mil años. Una leyenda asegura que pudieron tener un origen aún anterior: mítico. Según esta creencia, aceptada y extendida, el dios Rama, héroe del Ramayana, regaló esta tierra a su hermano Lakshmana a su regreso de la isla de Sri Lanka, después de haber matado al demonio Ravana. Los dos monos sagrados que habían ideado el puente que comunicó Sri Lanka con el continente construyeron un fuerte en Bandhavgarh y Rama encargó a su hermano que cuidara de esta tierra y la protegiera desde el fuerte. El nombre de Bandhavgarh se debe a este suceso: "bandhav" significa "hermano", y "garh", "fuerte". Al señor Lakshmana se le conoce y se le reza como "Bandhavdhish", que significa "el señor del fuerte". Para visitar el fuerte hay que obtener un permiso especial. Una estatua de Narsimhan, mitad hombre, mitad león, sobresale del terreno. También hay una representación del dios Vishnú y algunos pequeños templos y cuevas que en su día habitaron los monjes y hoy alojan centenares y centenares de murciélagos.
Hasta el siglo XVII, el fuerte fue usado para fines militares por sucesivas generaciones. Los Chandela de Bundelkhand, constructores de los famosos templos de Kahuraho, utilizaron estas piedras como baluarte para su defensa. Hacia el año 1616, el centro político y militar de este territorio se desplazó hacia Rewa, a unos 120 kilómetros al norte. Bandhavgarh pasó a ser entonces un lugar sagrado, frecuentado por santones, y un real cazadero. Ambas circunstancias salvaron sus bosques y sus animales, con la excepción del tigre, que sufrió duramente el acoso de los rifles de los maharajás. El maharajá Venkat Raman Sing mató 111 tigres en Bandhavgarh en 1914. No fue el único rajá que superó el centenar de tigres, pero, entre todos, el que mayor fama obtuvo fue Martand Singh, el maharajá que abatió a Mohun, el gran tigre blanco de Bandhavgarh que aún causa admiración, disecado, en el palacio de Rewa. Bandhavgarh, territorio de los tigres blancos, perteneció a los maharajás de Rewa hasta 1968, cuando pasó a ser propiedad del Estado y el gobierno indio lo declaró "parque nacional". Entonces sólo existían otros cuatro territorios con ese título; ahora hay ochenta y cinco. La titularidad estatal le sentó mal al viejo territorio de caza convertido en parque. Aumentó el número de furtivos y el impacto de sus daños. Se redujo la masa forestal y el número de animales decreció rápidamente. Poco a poco, el gobierno rectificó esta tendencia: en 1986 se incrementó la superficie del parque y en 1993 se volvió a ampliar su perímetro, al mismo tiempo que se vinculaba Bandhavgarh a la causa nacional empeñada en la defensa del tigre, el Proyecto Tigre. En 1996, la población de tigres comenzó a aumentar. Ahora, en los 437 kilómetros cuadrados que forman la totalidad del parque se cree que viven unos sesenta tigres. El estado de Madhya Pradesh tiene cifras excelentes en el Proyecto Tigre. Bandhavgarh tiene 60 tigres y en el conjunto de los parques nacionales del estado se estima que hay unos 400, la quinta parte de cuantos existen en toda la India.
Madhya Pradesh ha sido el estado elegido por el grupo hotelero indio Taj y la empresa surafricana Conservation Corporation Africa para establecer su ambicioso Circuito del Tigre con Taj Wilderness Lodges. La primera piedra de este circuito es el exclusivo lodge de Mahua Kothi, a las puertas de Bandhavgarh. El segundo lodge, ya inaugurado, es Baghvan, en el Parque Nacional de Pench, y en los próximos dos años Taj Wilderness Lodges espera contar con un nuevo lodge junto al Parque Nacional de Panna y con otro más en el Parque Nacional de Kanha, todos en Madhya Pradesh. Un ejército de especialistas trabaja ahora en el desarrollo del proyecto: arquitectos, naturalistas, ingenieros, economistas, hoteleros... Entre los objetivos finales se encuentra la recuperación de los corredores naturales que existían hace siglos entre los parques, fundamentales para especies ahora amenazadas, como el gaur, el mayor bóvido salvaje del mundo.
Mahua Kothi toma su nombre del árbol llamado "mahua" (madhuca indica), cuyas flores, además de servir de alimento a los langures y chitales, también se utilizan en algunos rituales y ceremonias religiosas como símbolo de fortuna y de belleza. Situado a escasos kilómetros de la puerta principal del Parque de Bandhavgarh, sobre unas veinte hectáreas de terreno donde predominan los mangos, el bambú y el sal, Mahua Kothi está formado por doce exclusivas kutiyas (cabañas típicas), convertidas cada una en una suite, y una hacienda central o kothi. Cada kutiya posee una terraza privada donde se sirven el café y las pastas antes del primer safari, a la hora del amanecer. Dentro, el espacio principal está decorado con antigüedades y artesanías en hierro, madera y barro del estado de Madhya Pradesh.
Es el momento de la cena en Mahua Kothi. Cenamos al aire libre, bajo un cielo donde no caben más estrellas. En la cena nos preguntamos por qué el tigre no se ha inmutado ante la presencia de los humanos. Los guías defienden una explicación singular: el tigre y el hombre son hermanos. Ambos fueron enviados a la tierra por la Madre del Primer Espíritu dentro del vientre de un pangolín. Uno nació con forma humana y el otro como un gran gato con rayas. Un día se encontraron en el bosque y se vieron obligados a luchar. El hombre mató al tigre con un dardo envenenado. El tigre cayó, muerto, a un río donde perdió sus rayas. Pero el dios Dingu las recogió, río abajo, y consiguió que de ellas nacieran, en diez años, cientos de tigres. Desde entonces, hombres y felinos se evitan, pero en lo más profundo de su ser saben que son hermanos. Mañana, al amanecer, saldremos de nuevo con las cámaras para el Parque. Por si otra vez hay suerte y nos encontramos con nuestro antiguo hermano: el tigre al que los nativos llaman ahora "Sher" y quizá algún día nombraron como "Shere Kan". Pero ésa es otra historia.