Elorrio, el histórico pueblo vizcaíno que armó a todo un imperio

Situado en el interior de la provincia de Vizcaya, este enclave conocido como La Villa de los Escudos te hará zambullirte en un sugestivo baño de historia y te sobrecogerá a través de las imponentes tumbas de su valiosa Necrópolis de Argiñeta.

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: visitelorrio.com

A unos 45 kilómetros de la ciudad de Bilbao se encuentra la pequeña elevación montañosa de Besaide, símbolo de unión en el País Vasco, pues se trata de la confluencia de las tres provincias que conforman la región: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Un monolito de granito acompañado de una torre con una campana en su parte más elevada indica el lugar exacto en el que se aúnan las líneas imaginarias que dividen estos territorios.

Muy cerca de allí, a unos seis kilómetros de distancia, la histórica localidad de Elorrio se extiende por el fondo del valle en un entorno de gran belleza dominado por un relieve montañoso encabezado por los míticos montes vascos de Udalatx y Anboto.

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Fundada a mediados del siglo XIV, tan sólo una centuria después fue prácticamente arrasada por un gran incendio, hecho que propició la progresiva renovación de las antiguas casas de madera por construcciones realizadas en piedra, dando lugar a un extenso y rico patrimonio de palacios y residencias de linaje que podemos disfrutar aún en la actualidad, haciéndose valer en 1964 su casco urbano como Conjunto Histórico-Artístico.

El Fuero de Bizkaia de 1526, que convertía en hidalgas a las familias de esta circunscripción, provocó que muchas de ellas colocaran sus blasones en las fachadas de sus casas, conservándose aún 69 de ellos hoy en día, razón por la cual Elorrio se ha venido llamando, con fama merecida, La Villa de los Escudos.

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Un rico patrimonio generado por las riquezas que producía el comercio que desempeñaban algunas familias con América, pero también gracias a la importante industria de armamento ligero que se desarrolló, de manera más notable, en los siglos XVI y XVII.

Todo tipo de armaduras, espadas, armas de fuego, cañones, lanzas y, sobre todo, las afamadas picas que empuñaban los Tercios españoles en Flandes, convirtieron a Elorrio en el principal proveedor armamentístico de los ejércitos de Carlos V y Felipe II y contribuyeron de manera decisiva a la creación de uno de los mayores imperios de la historia.

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Pero no sólo encontraremos palacios y casas hidalgas en Elorrio. No debemos dejar escapar la oportunidad de visitar la Basílica de la Purísima Concepción, del siglo XV, que con su imponente torre de más de 50 metros de altura, se erige como estandarte del municipio. En su interior, los techos y el curioso retablo de inspiración oriental que guarda la urna con los restos de San Valentín de Berriotxoa, son lo más destacado. Nacido en la localidad y canonizado por Juan Pablo II en 1988, constituye su personaje más ilustre y singular, pues fue martirizado y decapitado en Vietnam en 1861 mientras difundía la fe cristiana.

Al margen de la basílica, caminar por las calles puede suponer un paseo lleno de sorpresas, como encontrarse con alguna de las antiquísimas y numerosas Cruces de término que conserva el municipio, cuya misión era la de marcar el límite entre los diferentes barrios o el final de la jurisdicción de la villa. Mención especial alcanza la Cruz de Kurutziaga, de formidable estampa y una gran belleza, que comparte nombre con la homónima cruz y símbolo de la vecina localidad de Durango, con sus más de cuatro metros de altura.

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Ya a las afueras de la localidad, merece la pena alejarse un poco del núcleo urbano para explorar los alrededores y conocer un par de lugares imprescindibles. Por un lado, a un kilómetro al nordeste, nos topamos con la Necrópolis de Argiñeta, un conjunto de sepulcros y estelas funerarias de piedra que datan de los siglos IX al XII, agrupados frente a una ermita en el siglo XIX, que dan lugar a un escenario de película digno de las mejores tramas de misterio.

Y para terminar nuestra visita a este histórico municipio, qué mejor que distanciarse un poco más y llegar hasta la Fuente de Berriozabaleta, popularmente conocida como Fuente del Amor. Mandada construir por Manuel Plácido de Berriozabalbeitia, gran mecenas de Elorrio, su poético emplazamiento, con prados y árboles a su alrededor y las vistas de las prominentes montañas, hacen de ella un lugar idílico donde disfrutar del remanso de paz y romanticismo que inspira.