El valle de los dinosaurios

Con más de 8.000 icnitas –huellas de dinosaurio– y algunos huesos fósiles, La Rioja es el lugar del planeta con mayores evidencias y restos de estos grandes colosos; varios centros de interpretación, una buena señalización y reproducciones a tamaño natural hacen de esta ruta una aventura realmente singular.

Carlos Pascual

Los dinosaurios aparecieron hace 200 millones de años y desaparecieron hace 65 millones, posiblemente -es la hipótesis más aceptada- por el choque de un meteorito contra la Tierra. La evolución siguió adelante y hace dos millones de años empezaron a pasearse los primeros homínidos por donde antes lo hicieron los dinosaurios.

Ahora, después del Parque Jurásico de Spielberg y la dinomanía que siguió a la película, los dinosaurios forman parte de nuestro paisaje cultural. Cualquier escolar podría cantar una lista de nombres latinescos y citar algunas características. Por ejemplo, su gran tamaño: los diplodocus podían medir hasta 27 metros y pesar 18 toneladas (deinos, "terrible" en griego, fue la palabra que escogió Richard Owen en 1841 para designar a estos saurios o lagartos terriblemente grandes). Pero el mundo de los dinosaurios es todo un mundo: también los había muy pequeños, de unos centímetros. Unos eran carnívoros, también los había omnívoros, pero la mayoría eran herbívoros. Los había cubiertos con escamas, o placas, pero también con plumas, o con la piel desnuda. Y se movieron por tierra, mar y aire.

Casi todo cuanto sabemos de estos seres se lo debemos a sus pisadas. Iknos en griego quiere decir "huella ", de ahí la palabra "icnita ", la huella o pisada del dinosaurio. Al pisar éste un barro semiblando, su marca quedaba impresa; gracias a una serie de condiciones favorables, esa marca en el barro secaría y se fosilizaría convirtiéndose en roca, permitiéndonos conocer un montón de cosas: si el animal era herbívoro o carnívoro, si iba andando o corriendo, y cómo se comportaba socialmente. Los pastores y la gente de campo conocían, por supuesto, estas huellas de piedra, pero la fantasía popular las atribuía a leones, monstruos o incluso ¡al caballo de Santiago!

Una de esas personas de pueblo que sabía un montón sobre los dinosaurios y sus huellas era el maestro de Igea, Ángel Gracia. Le gustaba llevar a sus alumnos al monte, a recoger fósiles y buscar icnitas o rastrilladas (una secuencia de huellas). Empezó a aficionar a los chavales hace treinta años y recogieron muchas muestras. Luego él se fue y los hallazgos quedaron hacinados ocho años, pero no olvidados. Sus antiguos alumnos -uno de ellos, el alcalde- movieron hilos para abrir en Igea, hace apenas cuatro meses, un magnífico Centro de Interpretación Paleontológico de La Rioja. Creo que es por aquí por donde habría que comenzar esta ruta de los dinosaurios , y ello por una razón: este centro da una visión global de todos los yacimientos de La Rioja (mientras que otros, como el de Enciso, son más particularistas). Después de un excelente audiovisual y la visita guiada está uno en condiciones para disfrutar la ruta.

A un paso de Igea hay un buen yacimiento, la Era del Peladillo (en el término municipal se cuentan hasta 4.000 icnitas, la mitad de toda la cuenca riojana) y un tronco fósil que fue identificado en 1991. Más adelante, cerca de Cornago (que tiene un castillo vistoso), está el yacimiento de Los Cayos, donde se pueden ver varias rastrilladas sobre rippleys (ondulaciones de fondo pantanoso y somero). Tanto aquí como en los siguientes yacimientos -Navalsaz, Poyales- hay paneles explicativos. La carretera no es atroz, pero exige parsimonia; el paisaje es de una austeridad frailuna. Y los pueblos, en las raspas.

Enciso es otro jalón importante. Tiene su propio Centro Paleontológico, pero referido de manera concreta a los yacimientos más cercanos. Algunos son bastante espectaculares gracias a las reproducciones de dinosaurios a tamaño real. En Valdevecillo pueden verse hasta seis: una familia de ornitópodos, un enorme braquiosaurio, un iguanodón y, a la entrada, una reproducción antigua algo errada, pues se pensaba entonces que los dinosaurios iban con el cuerpo erguido y la cola arrastrando. En el yacimiento de la Virgen del Campo se puede ver, sobre un mar de pisadas, una escena de caza, dos dinosaurios pe leándose. A pocos kilómetros de Enciso, en La Munilla, se pueden admirar otros dos yacimientos, uno de ellos con una impresionante rastrillada de 36 pisadas.

Hace unos pocos años, todo el capital turístico de Enciso (aparte del paisaje) era el humilladero gótico, a la salida del pueblo. Ahora, cada verano se retoman los trabajos de campo, se dictan cursos y conferencias de diverso nivel en el Centro, se organizan congresos y reuniones científicas y se está preparando la solicitud para que se declare Patrimonio de la Humanidad al conjunto de icnitas de la Península. Unos vecinos avispados han abierto una gran tienda para dinómanos y otros alojan a los foráneos y organizan rutas desde La Casa del Dinosaurio. Y eso que la fiebre no ha hecho más que empezar.