El moderno Casco Antiguo de Logroño

Un cuadro de miguel Ángel, un café modernista, un bombón de vino, el chiquiteo, una canción de Rafaela Carrá... A pesar de su pequeño tamaño, el Casco Antiguo oculta numerosos secretos que lo convierten en el mejor paradigma de la diversidad de la capital riojana.

Pablo Fernández

Logroño es una ciudad donde lo clásico y lo moderno conviven en armonía. Tener un robusta economía ayuda a limar asperezas. Y su ubicación estratégica en el camino hacia Santiago también ha contribuido a que sus gentes se acostumbren al constante ir y venir de novedades. El corazón de la capital riojana es el Casco Antiguo. Sin embargo, la transición hacia la parte moderna apenase se percibe. Por ello, Logroño es una localidad homogénea, accesible y muy agradable para el paseante. No obstante, si hubiera que elegir una frontera para adentrarse en la parte antigua, esa sería El Espolón, un bonito parque ajardinado presidido por una estatua ecuestre del general Espartero. Aquí se encuentra la pastelería Viena, un paraíso para golosos e infierno para los amigos de la báscula. Bombón de vino, erizo de leche, naranja de chocolate, pétalos de rosa, tronco de chocolate... Estos nombres aportan más calorías que muchos productos desnatados.

A pocos metros está la concatedral de Santa María de la Redonda, templo erigido en el siglo XV y profundamente reformado en los siglos XVII y XVIII. En su interior se encuentra un tesoro: un Calvario, pintado sobre tabla, atribuido a Migue Ángel. Siguiendo el paseo de los soportales, el visitante pasa por alguno de los centros artísticos más notables de la zona: Museo de La Rioja, Sala de Exposiciones de Caja Rioja y la Sala de Exposiciones Amós Salvador. Esta última, que ocupa el antiguo edificio de Tabacalera, mantiene una constante e interesante programación cultural todo el año.

A la hora de comer, los alrededores de la con catedral ofrecen numerosas opciones de restauración tanto para los aficionados a la comida tradicional como para los comensales de paladar inquieto. El restaurante Marinée Mari- 3 es una elección que dejará satisfechos a ambos. Algunos de sus platos más solicitados son: mi cuit de foie gras y queso camembert caramelizado con un toque de Pedro Ximénez, ensalada de bogavante con vinagreta de fresas y brotes de lechugas tiernas y, por último, chuleta de vaca gallega. Después de una opípara comida es recomendable tomarse un café para reactivarse y patear de nuevo con brío. En la Plaza Martínez Zaporta se encuentra el Café Moderno, un bullanguero local con casi cien años de historia que demuestra su solera con una decoración repleta de elementos modernistas, fotografías y carteles publicitarios de principios del siglo XX.

La tarde es el momento ideal para acercarse a la zona peatonal conocida como el Paseo de las 100 Tiendas, en el que se concentran locales de las grandes firmas españolas, boutiques de diseño y establecimientos de decoración. Si su vena consumista está enmascarada tras un halo intelectual, la librería Castro Viejo será su perdición. Además de poseer un cuidado fondo de novedades, el librero es uno de esos profesionales que saben bien de lo que hablan. Además, se encuentra en la calle San Juan, que es el centro principal, junto a la calle Laurel, de la zona de chiquiteo. Es decir, de tapas.

Los jóvenes de espíritu deben aprovechar las últimas horas del día para conocer la noche logroñesa. La calle Mayor, oficialmente denominada Marqués de San Nicolás, reúne un buen número de bares que acompañan las copas con música alternativa de calidad. El animado Maldemores destaca especialmente por su selección musical. Otras opciones nocturnas son el chic Romasanta y Brieva, donde jóvenes y talluditos bailan hits de Camilo Sesto, Rafaela Carrá o Nino Bravo. Sin duda, la noche les confunde.