El Circo Ringling Bros llega por primera vez a España

"El mayor espectáculo del mundo" ya está aquí. Sevilla, Málaga, Valencia, Madrid y Zaragoza disfrutarán en noviembre y diciembre de un clásico que apuesta por la emoción y anima a los niños a jugar con los artistas antes de cada actuación.

R. ROJAS

Se abre el telón y aparecen dos payasos, tres equilibristas, seis acróbatas, dos funambulistas y dos trapecistas. Entonces todos los niños de las gradas se levantan de sus asientos, invaden la pista y comienzan a jugar con los aparatos de los artistas. Así de original es el comienzo del espectáculo del Circo Ringling, que llegará a España en noviembre.

Su nombre completo es Circo Ringling Bros, Barnum Bailey, la marca circense más antigua del mundo. Nacida de la reunión de los espectáculos nómadas más prestigiosos de Estados Unidos, cuenta con 139 años del más difícil todavía a sus espaldas. En este tiempo, y a pesar de nutrirse de artistas del Viejo Continente como la española Pinito del Oro, Europa nunca había sido el destino de la unidad principal del circo (tiene otras dos recorriendo EE UU a bordo de sendos trenes). Ahora se trasladan para conmemorar la compra del circo por la familia Feld hace 40 años.

Del 5 de noviembre al 13 de diciembre, más de 200.000 espectadores españoles podrán acudir a los distintos pases de Ringling, que termina su gira en la península tras recorrer durante tres meses Alemania, Bélgica, Francia e Italia. Las actuaciones empezarán en el Pabellón de San Pablo de Sevilla (el 5 de noviembre), seguirán en el Martín Carpena de Málaga (del 12 al 15), llegarán al Velódromo Luis Puig de Valencia (el 19), estarán en el Telefónica Arena de Madrid (del 26 de noviembre al 6 de diciembre) y concluirán en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza (el 13 de diciembre), tras haber estado cuatro días en la ciudad.

Lo que se van a encontrar los espectadores es el circo tradicional llevado a su máxima expresión. El resultado es un show a la americana, que cuenta con los mejores en su campo y donde una música compuesta para la ocasión marca un frenético ritmo que no da tregua. Todo comienza con la citada pre party, donde los niños se disfrazan, hacen malabares o se suben a las anillas de los trapecistas. Armados de perritos calientes y palomitas, los pequeños se sientan media hora después para asistir a la presentación de los artistas. Han estado con ellos, los conocen y se ha creado un vínculo especial. Con esa cercanía, se multiplica la emoción que suponen unos números llevados tan al extremo, que nadie puede estar seguro de que algo no vaya a fallar.

Hasta que llegan los elefantes, lo más celebrado por los niños, por la pista pasan malabaristas, equilibristas, domadores, payasos y trapecistas. Los elefantes son asiáticos y los guía Ramón Esqueda, que lleva 36 años adiestrando paquidermos. "Es fácil, les das de comer y los limpias y te toman por el jefe de la manada", dice. Es el momento -a riesgo de perderse alguna de sus coreografías sincronizadas- de volverse a mirar la cara de asombro de los niños, que nunca falla en esta parte. Un gesto que se renueva con los hermosos tigres blancos, convertidos casi en tiernos gatitos durante unos minutos.

Tras el descanso, llegan los funambulistas y Justin Case, un acróbata sobre bicicleta que firma algunos de los mejores números, con bicicletas en miniatura, aros de fuego y ejercicios con ruedas y manillares. La familia Urias y sus motocicletas, y los acróbatas Negrey Troupe dan un final lleno de velocidad al espectáculo. El público abandona sus asientos y se encamina hacia la zona donde residen los animales, experimentando la sensación combinada del final de un viaje en una montaña rusa y el momento en que se encienden las luces tras una película de aventuras. P.T. Barnum, el animador de pista cuyo circo se asociaría a los de Ringling y Bailey, lo llamaba "el mayor espectáculo del mundo".