El Camino Secreto de Santiago

El Camino, este camino, es una gran bola de nieve. Nadie puede asegurar que haya algo sólido en el núcleo originario de ese ovillo enmarañado de mitos y leyendas que en la pendiente de los siglos ha ido rodando y engordando.

Carlos Pascual

El Camino, este camino, es una gran bola de nieve. Nadie puede asegurar que haya algo sólido en el núcleo originario de ese ovillo enmarañado de mitos y leyendas que en la pendiente de los siglos ha ido rodando y engordando. Exista o no algo en su big bang particular, lo cierto es que el ovillo ha originado madejas muy rentables. Peregrinos a pie, a caballo, en bici, a tramos y a plazos, tenderos, hoteleros, cepillos parroquiales... todos ganan. Ya sólo quedaba rizar el rizo: el Camino Oculto, que no se ve, el Camino Secreto, que es tanto como decir iniciático, esotérico. Puede que algo de eso estuviera infiltrado en el camino de siempre, pero ahora se trata de un movimiento en toda regla, impulsado por grupos concretos, libros, páginas web y prometedores mercados.

La cosa, como digo, no es nueva, viene de lejos. Entre los padres de esa nebulosa podría señalarse a Álvaro Cunqueiro, tan dado a lo fabuloso (El Camino de Santiago, 1965), pero sobre todo a Louis Charpentier: en El misterio de Compostela (Plaza Janés, 1971), secuela de un best seller previo (El enigma de la catedral de Chartres), sugiere la existencia de un camino milenario, previo al de Santiago. En 1976, Jaime Cobreros y Juan Pedro Morín publican El camino iniciático de Santiago (Ediciones 29), incidiendo en los aspectos esotéricos y recordando que Camino de Santiago era el nombre en clave que daban los alquimistas medievales a la Gran Obra, el proceso químico-espiritual para alcanzar la perfección, o sea, el oro.

(El Camino Secreto de Santiago. La ruta pagana de los muertos, Edaf, 2007) muestra un movimiento que adquiere por días grosor y consistencia, se organiza y adopta técnicas actuales (asociaciones, páginas web como www. caminosecretodesantiago.com, www.caminoprimitivo.es), Facebook, etcétera. ¿Qué es lo que propugnan? Muy en resumen: que el Camino de Santiago es sólo la versión cristiana y medieval de un fenómeno previo, que el Camino estaba ahí desde hace miles de años. Era el camino del Sol hacia su ocaso en occidente, donde la tierra se acaba. El camino de las estrellas marcado por la Vía Láctea, como ha evocado poéticamente el propio Manuel Rivas, tan de fiar. Un sendero jalonado por los hombres prehistóricos con dólmenes y megalitos, el Sendero de Anu, la Cadena celta de Lugh, el Callis Ianus (sendero de Jano) de los romanos, que conducía al sagrado bosque Lucus Augusti y al Ara Solis, allí donde se acaba el mundo, en el Finis Terrae.

Según esto, el camino jacobeo de los cristianos sería una especie de refundación sagrada, una suplantación; el propio Apóstol habría sido un peregrino del Camino Antiguo, entronizando una nueva era. Los monjes y clérigos se habrían apropiado de algo preexistente con la misma intención con que han acristianado a dioses, fechas o simples manantiales. Pero no. Yo creo que es justo al revés: toda esta artificiosa fabulación sobre el Camino Oculto, ruta de piedras y de estrellas, sendero de los muertos, etcétera, es algo completamente nuevo y oportunista (E se non è vero, é ben trovato. Y si no es cierto, está bien contado), algo reciente que aprovecha y parasita el éxito imparable del Camino de Santiago.

Lo cual tampoco significa nada a favor del Camino jacobeo tradicional. También ése es una bola de nieve, pura cáscara de incierta almendra. Hoy día, por más invocaciones y ofrendas solemnísimas que hagan reyes, arzobispos o papas, nadie sensato puede creer en serio que el apóstol Jacobo viniera a predicar a España, que su cuerpo decapitado en Jerusalén fuera traído en una barca de piedra y enterrado en Galicia, que nadie supiera de esto nada de nada hasta el encuentro (inventio en latín: qué justa palabra) de su presunta tumba por parte de unos cristianos agobiados por huestes sarracenas y ansiosos de encontrar un talismán, un santo y seña, un mito aglutinante y energético, un Matamoros invencible al quite en las batallas.

(Antiguo, Iniciático, de las Estrellas, etcétera) no es ni más ni menos falso que el camino devotamente recorrido por los peregrinos jacobeos, alentado por bulas e indulgencias eclesiásticas, y sabiamente tutelado por políticos y tenderos. No se puede hablar de falsedad o impostura, por cuanto es real: como reales son los Reyes Magos o Papá Noel: ¿quién osaría decir que no existen esos personajes planetarios de nevadas barbas?

En principio, el Camino Secreto iría solapado a todo el camino jacobeo (a todos los caminos). Según las webs citadas, constituye "una Red de lugares (...) relacionados a modo de Nuevo Itinerario Cultural" que abarcaría a toda la mitad norte peninsular. Pero está claro que el tramo menos contaminado es aquel que empieza donde el otro camino acaba, el que va de Santiago de Compostela hasta el límite de la tierra, a Finisterre, o Fisterra. Supone cierto desvío pasar antes por Padrón, la romana Iria Flavia. Padrón debe su nombre actual al mojón o pedrón al que fue amarrada la barca de piedra que trajo el cuerpo del Apóstol; está el pedrusco en un cajón de madera, bajo el altar de la parroquia de Santiago el Mayor. En el Monte Santiaguiño tuvo lugar el milagro torero y cañí con que el Apóstol convenció y convirtió a la reina Lupa, cuya fama, ay, no pudo competir con los pimientos locales.

Noia sí está a orillas del mar, aunque no es todavía el extremo de la tierra. Los iniciados aventuran que el nombre le viene de Noé (cuyo Arca habría encallado aquí tras el Diluvio) y esgrimen las marcas de cantería y emblemas gremiales en las laudas de Santa María, o los borrosos ancianos del tímpano de San Martiño, como claves esotéricas, por no hablar de los dólmenes de Argalo, Páramo o Cova da Moura...

y nacarada, con gándaras plagadas de dólmenes y piedras sacras. Normal, si se tiene en cuenta que bordea los pies del Monte Pindo, el Olimpo celta y local. Si hasta aquí no han faltado arenales y playas, a partir de ahora es el reino absoluto de la piedra, de las aras y fantasmas druídicos, de la ciudad asolagada (sumergida, ¿o soñada?) de Duio. Hasta llegar a Fisterra. El cabo, con el faro, está un poco más allá del pueblo, pero ya todo el mundo sabe que no es el último lobanillo, que el cabo Touriñán está un pelín más a occidente.

Conviene alcanzar este último para alargar el periplo hasta Muxía, aunque sea pasándonos siete pueblos (aproximadamente) desde el finisterrae. Porque en Muxía el latido oscuro de la piedra se deja sentir con especial urgencia. Allí tienen otra Barca de Piedra en la cual vino la Virgen a dar ánimos al Apóstol predicador. Una enorme pedra abaladoira (oscilante, como otras del país) que "un niño podría mover con un dedo" y cura de muchos males (sobre todo de infertilidad, usándola como cama: hubo que prohibir las dosis de medicación ya en tiempos del padre Sarmiento). El cercano monasterio de Moraime fue el foco de evangelización de las comarcas de Fisterra y Soneira, antiguo territorio de Nemancos (que significa "bosques sagrados"); también allí se ocultan claves esotéricas, en frisos, capiteles y lápidas.

En Santiago de Cereixo, en el tímpano románico, puede verse la más antigua imagen de la Translatioo transporte del cuerpo de Santiago en una nave hasta Galicia ¿O es otra cosa lo que cuenta la piedra friable? La erosión de los siglos permite lecturas diferentes de los mismos alfabetos y signos; no son distintas las piedras del Camino sino las mentes que las hollan. Los lugares han sido siempre y son lo que son; otra cosa es cómo nosotros los veamos...