El Camino Real de Gdansk está de moda

La antigua ciudad libre de Danzig, cuna del sindicato polaco Solidaridad, ofrece un recorrido sorprendente por su Camino Real, con edificios históricos que recuerdan su pasado como miembro destacado de la Liga Hanseática.

Luis Uribarri

Un recorrido por la báltica Gdansk debe comenzar a los pies del Ayuntamiento, en la céntrica estatua de Neptuno, símbolo de esta ciudad y el monumento civil más antiguo de Polonia. Dice la leyenda que por su tridente llegó a manar goldwasser, el licor típico de Gdansk, de ahí que el monumento se rodeara en 1634 con una verja para disuadir a los borrachos. A partir de este monumento hay que recorrer el centro histórico de Gdansk saboreando la belleza hanseática de sus edificios, iglesias y plazas. Gdansk fue uno de los principales centros de esta asociación de comerciantes capaz de sufragar un ejército para derrotar a las tropas de Dinamarca (ocurrió en 1368). Las visitas obligadas son la Corte del Rey Arturo, con una impresionante estufa de cerámica renacentista en su interior con un tiro de más de diez metros, remodelada, como casi todo Gdansk, tras la Segunda Guerra Mundial, y la Iglesia de Santa María, el templo de ladrillo más grande del mundo (ojo al reloj astronómico del siglo XV que hay en su interior).

Estos y otros edificios forman parte del Camino Real, utilizado por los monarcas polacos en sus visitas a la ciudad. Se extiende perpendicularmente al río Motlawa, entre la Puerta de Oro y la Puerta Verde. Al final de este camino, otra parada obligada es el Museo del Ámbar. El edificio que lo alberga fue una antigua prisión. Hay numerosos puestos de ámbar por el centro de Gdansk, pero conviene asesorarse bien antes de adquirir alguna pieza confeccionada con el llamado oro del báltico y hacerlo en lugares de calidad contrastada (para saber si es bueno, el ámbar debe flotar en agua salada).

La siguiente parada es otro de los iconos de la Gdansk hanseática: hay que llegar al paseo marítimo por alguna de las puertas conectadas con el centro, y admirar la gran Grúa. Esta construcción de madera, de mediados del XV, utilizaba dos ruedas gigantes de cinco metros de diámetro movidas por operarios al estilo hamster, desde dentro, y era capaz de izar y estibar mercancías de hasta dos mil kilos, siendo la mayor grúa de la Europa medieval.

Si ya apetece tomar algo, no muy lejos se encuentra el restaurante Kubicki , de cuidada gastronomía y carta de vinos españoles. Los amantes de la cerveza deben ir a Brovarnia, no demasiado lejos del centro, frente a la marina. Aquí se elabora la cerveza de forma artesanal, y el encargado muestra con amabilidad la destilería donde reposan y fermentan los tres tipos de cerveza que elaboran. Un lugar agradable, considerada como la mejor microcervecería de Polonia. Los más animados pueden terminar el día en la discoteca Bunkier, en un edificio fortificado con réplicas de celdas comunistas donde tomarse una copa tras los barrotes y brindar por la ciudad libre de Gdansk (www.gdansk.pl).

Los astilleros y el taller de Lech Walesa

Gdansk es conocida por ser el germen del sindicato Solidaridad que alumbró al electricista Lech Walesa como uno de los líderes políticos del siglo XX. Un recorrido en un autobús de la época comunista muestra los lugares clave de los astilleros donde se fraguó el inicio de la caída del comunismo, incluido un gran monumento a los obreros caídos durante la represión. El taller donde trabajaba Walesa se mantiene tal como lo dejó.