El Atlas, la espina dorsal de Marruecos

Cristina Candel

Cobrizo, salvaje y misterioso, el Alto Atlas es una suerte de frontera. Una cicatriz en la naturaleza que estremece el paisaje y el clima para abrir con garras invisibles una grieta entre dos mundos: las costas mediterráneas en el norte y el desierto del Sáhara en el sur. El mar y la arena. Por eso, cuando se aborda esta espina dorsal que a lo largo de mil kilómetros atraviesa Marruecos en diagonal -desde el noreste hasta el suroeste-, cuando se empieza a ascender por sus flancos escarpados persiguiendo infinitas curvas, se tiene la sensación de abandonar la realidad cotidiana para sumergirse de pronto en otra vertiente nostálgica de la vida que aguarda tras las montañas.