Distrito de Vinohrady de Praga

Es el distrito más elegante de Praga, el 2, y uno de los más mimados por la vanguardia. Ubicado en una antigua zona de viñedos y cerca del centro histórico, este barrio de palacios es perfecto para exprimir toda la suntuosidad de Praga.

María Bayón

Calles arboladas, placitas de postal, apetecibles restaurantes y un buen número de metros cuadrados de espacios verdes. Un lujo si le gusta pasear y una buena idea si quiere conocer el ocio más exquisito de la capital checa. La Torre de la Televisión (Mahlerovy sady, 1), en la frontera entre Zizkov y Vinohrady, es el observatorio ideal para hacerse con las dimensiones del barrio y un excelente punto de partida para entender al último gurú del diseño checo, David Cerny. Sus bebés gigantes trepando por los 216 metros de torre multiplican la originalidad de una construcción ya de por sí impactante. Además, desde lo alto se puede disfrutar en 360 grados de las mejores vistas de la ciudad. Sin salir de ella, se presentan dos opciones apetecibles: reservar una noche en su última planta, un hotel de habitación única que promete una experiencia inolvidable, o bien probar las especialidades del restaurante Oblaca para, entre plato y plato, asimilar la belleza de Praga.

De nuevo en tierra, lo mejor es comenzar el recorrido por un edificio emblemático de Vinohrady: el Teatro Divadlo na Vinohradech (Námestí Míru), una construcción de color merengue limón que resume la tendencia artística del barrio. Otra plaza imprescindible es la de Podebrady, con su sorprendente iglesia del Sagrado Corazón. En esta misma plaza se encuentra la última moda gastronómica de la ciudad, el restaurante Poh, un modesto vietnamita con comida para llevar, convertido en lugar de peregrinación para los amantes de las recetas exóticas. No es el único. Vinohrady es un distrito famoso por su cuidada y extensa oferta gastronómica, donde abundan los toques internacionales. Chudoba (Vinohradska, 67) resulta perfecto para probar las especialidades del país y Mozaika (Nitranská, 13), por su parte, es una apuesta segura para paladares más cosmopolitas.

Además, siempre está la coqueta alternativa de los cafés. El Sahara (Námestí Míru, 6) es uno de los más apetecibles. Un placer visual que mezcla con sabiduría el lujo de Oriente y Occidente. Los enamorados del dulce no pueden dejar de visitar el Café Millième (Podebrad, 4), una pastelería de inspiración francesa, luminosa y alegre, con una fantástica terraza, perfecta para desayunar al sol.

Y para terminar nada como un paseo por el parque de los Huertos de Rieger, uno de los favoritos de los checos. Las vistas del Castillo de Praga desde este enclave son memorables y, si el tiempo lo permite, lo suyo es hacer un picnic para inmortalizarlas o dejarse tentar por la cerveza checa en su biergarten.

Un centro comercial de los más bellos del mundo

Se llama Pavillion, es la última adquisición del barrio -inaugurado en octubre de 2013- y una de las más espectaculares. Un antiguo mercado de frutas y verduras de comienzos del siglo XX convertido en un centro comercial dedicado al diseño checo de interior. Todo lo que entra en una casa aquí se convierte en arte. Imprescindible su tienda dedicada al diseño modernista, y los vinilos, textiles y papeles pintados de Lavmi, pura creatividad checa (Letenske sady, 173).