Diez secretos increíbles de las Merindades de Burgos

Valles fértiles, ríos caudalosos y bosques tupidos. Y también estrechos desfiladeros, descomunales cañones y cuevas misteriosas. Todo esto, además de unos pueblos deliciosos, aguarda en el territorio más verde de la provincia.

Noelia Ferreiro
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Foto: vector99 / ISTOCK

Urdida de vegetación y agua, en esta comarca burgalesa encajada entre Cantabria, Álava y Vizcaya el río Ebro se codea con la cordillera cantábrica y la meseta castellana. Por ello y porque es un espacio de transición entre el mundo atlántico y el mediterráneo Las Merindades gozan del paisaje más diverso y colorido de la provincia, del territorio que mejor expone, en definitiva, el peculiar carácter del norte. Te contamos unos cuantos secretos que no deberías perderte:

Las diminutas Ermitas de Tobera
Al sur de la comarca, se trata de uno de los rincones más bucólicos de Burgos: el que conforman las diminutas Ermitas de Tobera (Santa María de la Hoz y El Cristo de los Remedios), erigidas junto a un puente de origen romano. Un conjunto monumental discreto, pero de gran valor sentimental: cada julio, desde tiempo inmemorial, se celebra la romería de La Toberilla, en la que se abren las puertas del primer templo.

Ermita San Bernabe, Ojo Guareña. | Jeronimo Alba / ALAMY

Las entrañas de Ojo Guareña
Se trata del mayor complejo kárstico de España (y uno de los diez del planeta), una impresionante cavidad formada por 18 cuevas y más de cien kilómetros de galerías distribuidas en seis pisos superpuestos. Por arriba encontrarás un monumento natural cubierto de montes de encinas, enebros y quejigos sobrevolados por rapaces. Por debajo te sumergirás en un apasionante laberinto de alocadas formaciones, que en su día sirvió de refugio a neardentales y cromañones, y que hoy permite interesantes visitas guiadas. No hay que perderse la Cueva Palomera, que se conserva tal cual la dejó el río; ni la bella ermita de San Bernabé, que sirve de zaguán a las cuevas.

Frías, la ciudad más pequeña de España
Este encantador entramado con título de ciudad es uno de los más bellos y, sin duda, el más llamativo de Las Merindades. Una fortaleza encaramada de forma imposible sobre un cerro preside su impecable estampa medieval. Desde ella, concretamente sobre la equilibrista Torre del Homenaje, se controlan las calles zigzagueantes que salvan el desnivel y las pintorescas casas colgadas (nada que envidiar a las de Cuenca) que son un prodigio técnico y un desafío al vértigo. Y todo construido con el mismo material: la toba caliza típica del lugar.  

El escenario natural de los Montes Obarenes
Joyas naturales hay para dar y tomar en esta comarca, tal y como confirma el parque natural de los Montes Obarenes, con sus majestuosas sierras y su magnífica serie de profundos desfiladeros. Un parque que ofrece bellas caminatas entre bosques que crecen junto a ríos, arroyos y cascadas, y donde habita una discreta fauna en la que destaca el gato montés, la nutria y el águila real.

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La mágica estampa de Puentedey
Un auténtico icono de Las Merindades es este pueblo que está edificado sobre el enorme arco natural horadado por la corriente del río Nela. Por encima de la roca, completamente integrada en el conjunto urbano, se elevan varias casas antiguas y un palacio fortificado. Y por debajo, sobre el lecho del río, se aprecian las dimensiones del puente (unos 15 metros de altura) que los antiguos pobladores, en un alarde de espiritualidad, atribuyeron a una mano divina (por eso el nombre: puente de Dios).

Otros pueblos medievales
La piedra domina este territorio, y no sólo en las calzadas y puentes, sino también en los pueblos, exponentes de una arquitectura popular que tiene en el entramado de madera su rasgo más distintivo. No hay que perderse Medina de Pomar, con su espectacular Alcázar y el Monasterio de Santa Clara; ni Espinosa de los Monteros, donde se asienta uno de los conjuntos artísticos más sobresalientes de Burgos.   

Las Hoces del Ebro
Es la ruta más visitada, aquella que atraviesa las Hoces del Alto Ebro y Rudrón. Un parque natural donde el río Ebro ha labrado profundas gargantas y desfiladeros con paredes verticales de hasta 200 metros de profundidad. Su relieve, la diversidad de la flora y la riqueza de la fauna convierten esta marcha de unas seis horas y media en una experiencia única.

Olla podrida | Zoonar GmbH / ALAMY

La olla podrida, una delicia
Puede que este nombre nada poético no resulte muy apetecible. Sin embargo, la olla podrida, cuyo nombre proviene en realidad de la olla poderida (es decir, la olla de los poderosos), es uno plato típico burgalés delicioso y contundente: alubias, oreja y patas de cerdo, costillas adobadas, chorizo, morcilla, morcillo de buey, bacon… y eso sí, también su dosis de verdura para desengrasar tanta carne.

El misterio del Pozo Azul
El Pozo Azul, emplazado cerca de Covanera, es en realidad una surgencia del Rudrón, afluente del Ebro, que exhibe un intenso color turquesa y una curiosa característica: no tiene fin. El ser humano ha llegado a contabilizar 13 kilómetros de longitud, pero la cueva aún continúa. Más allá de su misterio, esta suerte de laguna resulta de lo más atractiva en contraste con la vegetación.

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Orbaneja del Castillo, fotogenia pura
Aunque estrictamente no pertenece a Las Merindades, sino a la comarca de Páramos, no podemos dejar de dirigirnos a Orbaneja del Castillo, la fotogénica localidad burgalesa declarada Conjunto Histórico. Encajada entre cañones en medio de un paisaje kárstico, una poderosa cascada que brota de la Cueva del Agua se precipita sobre el pueblo para caer directamente en el cauce del Ebro. El torrente, de 25 metros de altura, nace, corre, salta y muere en unos pocos segundos y conforma una de las imágenes más llamativas de la Península Ibérica.