Las diez ciudades más literarias del mundo

Porque así han sido declaradas por la Unesco, porque en su nombre se han vertido ríos de tinta o porque en ellas palpitan poemas, relatos y grandes novelas. Estas son metrópolis para vivir en la propia piel las historias que duermen en los libros.

Noelia Ferreiro
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Foto: georgeclerk / GETTY

Edimburgo, Escocia

Fue la primera Ciudad de la Literatura encumbrada por la Unesco en el año 2004 y la que acoge el mayor Festival Internacional del Libro, por el que desfilan cerca de mil autores cada temporada. Además, cuenta con un Museo de los Escritores y está jalonada de paseos que remiten a escenas de famosos relatos. Por todo ello, la capital escocesa es una auténtica potencia literaria con una inmensa nómina de figuras ilustres: desde los piratas de Robert Louis Stevenson a los héroes de Walter Scott, pasando por las intrigas de Conan Doyle y los brujos de Harry Potter. Esto sólo por citar unos cuantos.

Buenos Aires, Argentina

Buenos Aires, Argentina. | ISTOCK

Cosmopolita, reivindicativa, intelectual y nostálgica, Buenos Aires ha alimentado- e inspirado- el talento literario como ninguna. Será porque en sí misma es un caudal de imaginación o porque en ella pervive la huella lánguida de Latinoamérica, pero inyectada de modernidad europea. El caso es que pasear por sus calles es empaparse  de la angustia de Ernesto Sábato, contagiarse del lirismo de Roberto Alt o revivir una y otras vez las andanzas porteñas de Cortázar, por libre y sin un orden estricto como en su novela Rayuela. Como dijo Borges: "A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y como el aire".

Lisboa, Portugal

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Por su aura melancólica, por el fado que ambienta sus cafés, por los versos que se quedan suspendidos del traqueteo del tranvía. Pero sobre todo, por la huella de Fernando Pessoa, omnipresente en cada vuelta de la esquina. Pocos autores sintetizan el alma de una ciudad como lo hace este autor eterno con la capital portuguesa, a la que cantó y retrató en su magnífica obra. Como si no se hubiera ido, el poeta aún aguarda al visitante sentado en la terraza de A Brasileira o en su casa natal reconvertida en museo o en las callejuelas estrechas que fueron testigo de sus pasos. 

Estambul, Turquía

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¿Hay quien pueda resistirse a las agujas de las mezquitas recortadas sobre el horizonte rojizo, a ese mundo exótico de alfombras, pistachos y narguiles, a la magia del Bósforo cuando amanece, a la magnética sensación de tener un pie en Europa y otro en Asia? Numerosos escritores no han podida esquivar la tentación y se han dejado cautivar por su belleza. Entre ellos, el Nobel turco Orhan Pamuk y el menos conocido Emine Sevgi Özdamar. Además la ciudad ha sido un buen caldo de cultivo para las novelas de suspense, alentando clásicos tan imprescindibles El tren de Estambul, de Graham Greene, o el Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie.

Dublín, Irlanda

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Oscar Wilde, Bram Stoker, WB Yeats, Samuel Beckett, Jonathan Swift…Y, claro, James Joyce con su obra maestra Ulises, cuyo protagonista Leopold Bloom traspasó las páginas del libro para salir a las calles de esta ciudad cada 16 de junio. Es cuando se celebra el Bloomsday, una fiesta cargada de actos que transcurren en paralelo a la trama de la novela. En Dublín se respira literatura hasta en sus míticos pubs donde muchos escritores (algunos, incluso, premios Nobel) han hallado su inspiración.

Granada, España

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Con su perfil moruno con el marco blanco de Sierra Nevada, a la ciudad nazarí le sienta de perlas la poesía, que brota como en los manantiales sin apenas dedicarle esfuerzo. Para corroborarlo, no hay más que pasear por la maraña de callejuelas del Albaicín o contemplar la magnificencia de la Alhambra bajo el ocaso. Así lo hizo Lorca, dejando para la posteridad la más bella declaración de amor a su ciudad natal. Y así siguen haciéndolo los poetas que transitan estos parajes irremediablemente literarios.

Bagdad, Irak

Palacio Al Faw, Bagdad . | LeeCraker / ISTOCK

A muchos sorprenderá su inclusión en esta lista pero la capital iraquí llegó a albergar la mayor colección de libros del mundo en la que fuera una de las bibliotecas más importantes de la antigüedad: Bayt al-Hikma, fundada en el siglo VIII d. C. Además es la cuna del poeta árabe Abu Al Tayeb Al Mutanabbi y, aunque desconocida, presume de una gran rendición a la literatura a través de numerosos eventos, conferencias, convenciones y simposios. La faceta cultural de esta ciudad a orillas del Tigris se extiende también a teatros, museos y librerías.

Montevideo, Uruguay

Plaza de la Independencia de Montevideo. | GETTY

Recostada sobre el Río de la Plata, esta ciudad que destila nostalgia como la letra de un tango tiene el alma transitada de lecturas. Sus cafés, sus boliches, sus melodías de arrabal remiten a una sabia literatura trenzada por las manos de Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti, Eduardo Galeano… y una interminable lista presidida por el genio de Mario Benedetti. El autor de La Tregua, discreto y taciturno como su propia ciudad, convirtió como nadie en poesía a la capital uruguaya.

Praga, República Checa

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Con una de las escenas culturales más vibrantes del Viejo Continente, la capital checa ocupa en la literatura un destacado puesto de honor. Por algo atesora un gran número de escritores que han vertido en sus páginas la belleza inagotable de esta ciudad centroeuropea. Entre ellos,  Franz Kafka, Max Bod, Rainer Maria Rilke, Milan Kundera… Nada extraña cuando uno recorre sus calles, visita su castillo de cuento o se confunde con la multitud sobre uno de los puentes más cautivadores del mundo.

Macondo, Colombia

Mompós es otro de los pequeños pueblos colombianos que bien podría ser Macondo.  | James Wagstaff / ISTOCK

Vale que no existe, que es pura ficción. Pero no hay ciudad más asociada a la literatura que la que ideó Gabriel García Márquez en su novela más célebre. Una población tranquila y somnolienta donde la realidad y la fantasía caminan de la mano y que, como dijo el escritor, es "más que un lugar, un estado de ánimo". Por eso hay que buscarla en los territorios reales que dispararon su imaginación, en el sopor tropical de Aracataca, en las pintorescas escenas de Riohacha o en la esencia cálida y entrañable de la realidad colombiana.