Diciembre en Andorra

Andorra se viste de blanco por estas fechas y acelera su actividad como en ninguna otra época del año. El manto de nieve empieza a engrosar en diciembre y las pistas de esquí abren sus instalaciones cada año a miles de aficionados. Pero el pequeño Principado es mucho más que una suma de estaciones de esquí, es un país con todos los atractivos para el turista de invierno.

M. Teresa Blanco

Andorra es, sin duda, el país del esquí por excelencia. Pese a sus pocos habitantes, alrededor de los 77.000, y a su limitado territorio, 468 kilómetros cuadrados, dispone de cerca de 300 kilómetros de pistas, o lo que es lo mismo, casi 3.000 hectáreas esquiables, además de una enorme infraestructura hotelera para acoger a los más de once millones y medio de visitantes que el Principado recibe cada año.

Las estaciones de esquí se han ido agrupando durante los últimos años y uniendo a través de una moderna red de transporte por cable que divide en dos marcas y dos valles el terreno esquiable: Grandvalira, que integra Pas de la Casa-Grau Roig y Soldeu El Tarter, y por otro lado, Vallnord, con acceso a Ordino-Arcalís y a Pal-Arinsal. Además de esquí alpino, los amantes del esquí de fondo cuentan con la boscosa estación de La Rabassa, en Sant Julià de Lòria, la población más cercana a la frontera hispano-andorrana.

La última temporada, entre los meses de di ciembre y abril, se vendieron más de 2,5 millones de días de esquí. La amplia oferta de las estaciones alpinas y de fondo, así como la gran variedad y calidad de las actividades complementarias del esquí y de ocio, convierten el Principado de Andorra en el destino blanco de referencia todos los inviernos.

Sin duda, la condición de Andorra como país más alto de Europa es un arma esencial para situarse en la cabecera del mercado del esquí a escala internacional. Sus estaciones son escogidas cada año por miles de españoles que quieren iniciarse en este deporte. El perfil de esquiador dominante en el Principado es el de debutante. Sus esfuerzos para dotarse de un gran regimiento de monitores y vigilantes de pistas, así como las campañas para evitar accidentes, son factores decisivos para formar cada año nuevos esquiadores que confían en la seguridad que proporcionan las estaciones andorranas.

Cerca de 2.000 personas preparan los dominios esquiables para el disfrute de la nieve, en todas sus dimensiones. Los dominios están dotados de numerosos restaurantes de todas las categorías, desde comida rápida, muy útil en plena esquiada, hasta la más representativa cocina de montaña, elaborada y servida en salones acogedores y de acceso incluso para el no esquiador a través de los eficaces telecabinas que se despliegan por todo el territorio. Disfrutar de la gastronomía rodeado de nieve es posible en Andorra, no sólo en los restaurantes de las estaciones sino también en todos los que existen en el país, que son muchos y variados.

Cocina de montaña
Andorra cuenta con 350 restaurantes, algunos de alto reconocimiento profesional, como el Aquarius de Caldea, merecedor de una de las tan anheladas estrellas Michelin. Acogedoras y con servicio de alto nivel figuran también las tradicionales bordas, construcciones rústicas y tradicionales convertidas hoy en espléndidos restaurantes de montaña. Hay unas 25 y es especialmente recomendable hacer una ruta gastronómica por ellas. La oferta es muy variada y los estilos también, desde la más refinada alta cocina hasta las cartas con platos tradicionales, pasando por restaurantes temáticos, cocina de mercado, locales de comida rápida...

El turismo preocupado por la calidad encontrará buenos hoteles donde hospedarse: lujosos y sofisticados, pero también una amplia red de nivel tres estrellas, de precios asequibles e instalaciones muy correctas. Andorra dispone de 335 alojamientos de todas las categorías, de 13 campings y 27 refugios de alta montaña, estos últimos abiertos sólo en temporada de verano.

El turismo de invierno y el turismo de montaña son los factores clave de la actividad económica y social en Andorra, por eso sus autoridades, tanto las locales como el Gobierno, impulsan políticas respetuosas con el medio ambiente, de calidad en los servicios y de mejora de la movilidad interna, todo un reto con tanta densidad de visitantes. A la vez, realizan un importante esfuerzo para desestacionalizar la demanda e incrementar las pernoctaciones.

Y es que, una vez que se llega al Principado de Andorra, la oferta de destinos es tan grande y variada, que es recomendable alargar la estancia, que actualmente no llega a las tres noches por persona, como media. Se puede pasar el día disfrutando de la nieve, adentrándose en sus emblemáticas avenidas comerciales o escogiendo una de sus instalaciones balnearias o de tratamientos de salud para cuidarse a fondo y relajarse y disfrutar en el corazón del Pirineo.

Navidades blancas
El país del comercio por excelencia aparece aún más atractivo por estas fechas. Las Navidades decoran sus calles de arriba abajo y de lado a lado. Las luces suspendidas a lo largo de las avenidas y los escaparates navideños suponen un entorno ideal para vivir el espíritu de las fiestas. Avenidas repletas de grandes almacenes y tiendas especializadas en cualquier ámbito hacen las delicias del consumidor más ávido de novedades. Es el paraíso de la electrónica, donde los seguidores de las nuevas tecnologías en sonido e imagen encontrarán productos de última generación a precios más que competitivos. La perfumería es otro sector líder en el co mercio andorrano, con locales extremadamente atractivos y sugerentes, que invitan a adentrarse en el mundo de los sentidos, los aromas y la alta cosmética.

Además de perfumes y electrónica, la moda de invierno se muestra con gran variedad de marcas y tendencias, pero es especialmente interesante la moda deportiva. Todos los complementos y vestuario tanto para el esquí y sus variantes como para otras aficiones, como el motociclismo, se encuentran en Andorra en un sinfín de tiendas especializadas. Y es que como centro de compras es un referente internacional, por sus precios y por su situación privilegiada, que le hace gozar de muchas primicias antes que sus países vecinos.

Asimismo, Andorra tiene un sistema impositivo privilegiado respecto a otros países, de forma que se pueden hacer compras rentables durante todo el año. Pero la oferta es especialmente sugerente en este periodo navideño, en el que se puede entrar al país cargado de ideas y salir cargado de bolsas para obsequiar a nuestros seres queridos y para proveernos para el nuevo año. En alimentación, algunos productos son tradicionalmente buscados en Andorra, como, por ejemplo, los quesos, de gran variedad y procedencia, o los chocolates. La joyería y relojería es otro de los capítulos interesantes del comercio andorrano, con multitud de escaparates dedicados a ella.

Retorno al pasado
De las modernidades del centro urbano podemos remitirnos en cuestión de minutos al pasado románico más puro a través de sus iglesias, impresionantemente bien conservadas. Son maravillas arquitectónicas como Sant Joan de Casellas, en Canillo, o Sant Romà de Les Bons, en Encamp. Además, una amplia red de museos sorprenderá al visitante en temas tan curiosos como las maquetas. Existe un Museo de Maquetas de Arte Románico único en Europa, situado en Escaldes-Engordany.

Otras especialidades culturales bien curiosas son el Museo del Tabaco, donde se explica a través de una sofisticada presentación y lujo de detalles la historia de esta planta tan arraigada en Andorra y los secretos de la fabricación de los cigarrillos. Su tradición tabacalera le hace disponer de un edificio, en la antigua fábrica Reig, dedicado a este tema. Igualmente se puede visitar un Museo del Perfume, un Museo Postal, un Museo de Miniaturas y otro del automóvil con auténticas reliquias que harán las delicias de los amantes de la automoción. Visita obligada es la de la Farga Rossell, en la Massana, donde el visitante verá reconstruida una antigua fragua que nos remonta a un pasado en el que Andorra exportaba hierro en cantidades sorprendentes y tenía montada una auténtica industria siderúrgica.

Todo ello sin olvidar, en nuestro itinerario cultural, la visita a las casas tradicionales an dorranas, como las casas museo de Areny- Plandolit, Rull y Cristo, buenas formas de conocer el estilo de vida de sus antepasados en un hábitat rural muy distinto al que conocemos hoy día, pero que confieren señas de identidad a la Andorra actual.

Noches de fiesta
Mientras que en otras destinaciones turísticas el verano es sinónimo de fiesta y alegría, en Andorra es en invierno cuando la diversión se dispara. Locales con diferentes ambientes, desde los más céntricos y urbanitas, con música chill-out y los últimos éxitos del mercado internacional, hasta los más ambientados en el mundo de la nieve, en los pueblos geográficamente más altos, donde se entremezcla el espíritu deportivo de las altas cumbres con el desenfreno y la animación de la noche. Buen ejemplo de ello son los tradicionales locales nocturnos de poblaciones tan frías como recurridas en esta época del añ Arinsal, Soldeu, El Pas de la Casa... En este caso la noche andorrana promete ambiente cosmopolita, dado el nivel de frecuentación de turistas procedentes de todas partes.

Más allá de la diversión nocturna, Andorra tiene una apretada agenda de espectáculos todo el año, con reconocidos ciclos musicales como el Festival de Jazz y el Festival Narciso Yepes, o como la Temporada de Música y Danza, que se desarrolla entre los meses de noviembre y mayo. El teatro también está bien representado en Andorra gracias a una programación estable en Andorra la Vella y Sant Julià de Lòria, llena de novedades en el panorama teatral. Sólo es necesario dirigirse a una Oficina de Información y Turismo para ponerse al día sobre la oferta que el pequeño país ofrece.