Diario de un viajero alucinado: Sicilia

La visita a la isla de la Cosa Nostra cumplió más que de sobra nuestras expectativas en lo referente a las cuestiones mafiosas: creíamos que era una exageración, pero no, la Mafia aún existe. Eso sí, nos defraudó bastante la visita a Corleone, el pueblo de "El Padrino". Pero en Sicilia no es la Mafia lo que da más miedo sino las Catacumbas de los Capuchinos, en Palermo. Si alguien os cae mal, recomendarle que las visite en soledad...

Jorge Salvador

PRIMER DÍA:
Contacto con la Mafia
A todo el mundo, cuando oye Sicilia, lo primero que se le viene a la cabeza es la palabra Mafia. Yo pensaba que eso era una exageración pasada de moda, fruto del cine americano y, sobre todo, fruto de "El Padrino", la gran trilogía de Coppola. ¡Pues no! La Mafia sigue siendo protagonista en la isla. El primer contacto fue al preparar el rodaje en el centro de Palermo. Nuestro productor local nos advirtió: "No podéis empezar a grabar sin hablar antes con el carnicero". ¿Cómo? Así es, nada se puede hacer en el casco antiguo de Palermo sin la autorización del carnicero, que es el máximo representante de la Mafia. De nada sirvieron los permisos oficiales del Ayuntamiento. Antes de empezar la grabación tuvimos que pasar por la carnicería, preguntar por el señor X (mejor no lo nombro por si las moscas) y explicarle que éramos un grupo de españoles que hacíamos un documental. El carnicero, que por cierto nos recibió con la bata manchada de sangre (¡glups!), nos miró de arriba abajo y, con cara de pocos amigos, dijo: "Va benne". Días después vimos a una española que nos contó cómo al entrar como profesora del Instituto Cervantes también tuvo que pasar primero por el carnicero antes de empezar su primera clase. En fi n, así empezó nuestra primera jornada.
SEGUNDO DÍA:
Uno que no paga
Entrevistamos a uno de los pocos sicilianos que se ha atrevido a plantar cara a la Cosa Nostra, negándose a pagar "el pizzo". El "pizzo" es como llaman allí al "impuesto revolucionario" que la Mafia obliga a pagar a los dueños de cualquier comercio de Palermo. De hecho, nos confiesan que en la capital siciliana casi todo el mundo paga "el pizzo". Otra manera de cobrarlo es obligando al dueño del establecimiento a contratar a un recomendado de la Mafia. Pues bien, este hombre nos contó cómo un día se le presentó un señor con aspecto siniestro y le pidió dinero de una forma amable. Nuestro invitado se negó tajantemente. A la semana siguiente los coches de los clientes de su pizzería sufrían pinchazos, rayadas y robos. Tras una segunda visita del representante de la Mafia, decidió denunciarlo y después de varios años de proceso el siniestro personaje y sus compinches han sido detenidos y condenados a diez años de cárcel. Nuestro personaje se ha hecho famoso en Italia por ser uno de los primeros sicilianos en denunciar el pago del "pizzo", aunque eso le ha obligado a vivir fuera de Italia y con escolta.
TERCER DÍA:
En el pueblo de "Don Vito"
Queremos visitar Corleone, el pueblo de "Don Vito Corleone", el personaje de la película "El Padrino". Ya me diréis qué tontería querer visitar un pueblo sólo porque sale en una película de ficción... El primer consejo que os tengo que dar es que no vayáis. Corleone es horroroso, si veis alguna foto chula es un engaño del fotógrafo. El segundo consejo para que no vayáis es que Corleone da mal rollo. Nada más llegar nos esperaba un coche de la Policía para escoltarnos por el pueblo (pues empezamos mal). Nos acompañan a ver la casa donde en abril de 2006 (o sea, hace nada) detuvieron a Bernardo Pro venzano, el máximo capo de la Mafia siciliana, un hombre buscado desde 1963 que estaba escondido en una casita perdida en el campo desde donde dirigía sus operaciones enviando mensajes escritos en pequeños trozos de papel. Más datos para el mal rollo es que la plaza principal del pueblo se llama Plaza de las Víctimas de la Mafia, y la otra plaza es la de Falcone y Borsellino, jueces italianos que la Cosa Nostra asesinó brutalmente en 1992. Lo intranquilizador es la señal que muestra la dirección de la plaza, en el mismo camino que el cementerio. ¡Glups!, casualidad o mal rollito.
Para rematar el día, al volver a Palermo pudimos visitar el edificio donde se celebró el macrojuicio contra la Mafia a finales de los 80. Un edificio búnker construido para la ocasión, con una sala rodeada por celdas con barrotes desde donde más de 474 mafiosos fueron acusados. Impresiona ver las celdas que todavía tienen las marcas y pintadas que dejaron ahí los mafi osos mientras escucharon las declaraciones del mafioso arrepentido Tommaso Busceta. Sólo un dato más que nos contaron de la Cosa Nostra, y es que desde que se estrenó la película "El Padrino" son los mafiosos los que se inspiran en la película y no al revés. Se han encontrado cabezas de caballos en las camas de amenazados o han asesinado a alguien dentro de un hospital disfrazados de enfermeros. En fin, Sicilia, buen rollito.
CUARTO DÍA:
A solas con los muertos
"No podéis dejar Palermo sin visitar las Catacumbas de los Capuchinos", nos dijo un español que vivía allí. Tras visitarlas le llamé para decirle: "Eres un cabrito, gracias a tu consejo no volveré a dormir tranquilo por lo menos en una semana". Y así fue, durante varias noches soñé con las dichosas catacumbas, el lugar más lúgubre del mundo. Ningún director de cine de películas de terror habría diseñado un lugar más tétrico. Las catacumbas no son como las habituales de Roma. Estas son unos túneles del siglo XVII donde los monjes capuchinos empezaron a enterrar a la gente poderosa de Palermo. Hasta ahí todo más o menos normal. El problema es cómo los enterraban: primero los sometían a un proceso de desecación extrayéndoles todos los órganos y la sangre del cuerpo y luego los colgaban literalmente de pie de la pared, ¡ah! y vestidos con sus mejores galas. Todo eso hace un conjunto esperpéntico, miles de esqueletos colgados de la pared, medio momifi cados, y vestidos con ropas aún más terroríficas. Al pasar por los pasillos de las catacumbas te encuentras como en medio de una película de terror de serie B, de esas en que los cadáveres resucitan de muy mala manera.
El problema es que estos muertos son reales. Encima, al estar los cadáveres de pie, da la sensación de que todos te están mirando sólo a ti. Por si fuera poco, los muertos conservan bigotes, dentaduras, pelos y, algunos, muecas desgarradoras; todo eso aderezado con túnicas de monje o ropas del siglo XVIII que lo empeoran aún más. He de reconocer que en un principio el lugar me pareció tan bestia que me apasionó y me volví loco tirando fotos; creo que tiré más de 300 fotos en 15 minutos. El problema llegó cuando me di cuenta de que, con la pasión de las fotos, me había metido por los laberintos de las catacumbas y me había quedado solo, el equipo había terminado la grabación y se estaban marchando. ¡Noooooo! La película de terror se había hecho realidad. Volví marcha atrás rápidamente, sólo me faltó caerme y pegar unos cuantos chillidos como las chicas de las películas de terror. Por suerte aún estaba el equipo técnico del programa recogiendo sus bártulos, disimulé mi pánico y me uní a ellos como si tal cosa; me da vergüenza reconocer que esa noche me desperté varias veces.
QUINTO DÍA:
Pasta fresca para siempre
Al preparar la visita a Palermo nos preguntamos por personajes italianos conocidos en España y, quitando de la lista a algún político, algún cantante y, por supuesto, a Rafaela Carrá, se nos ocurrió intentar contactar con el actor que hace el anuncio de Giovanni Rana, pero resulta que el personaje no es un actor sino que el que aparece en el "spot" es el auténtico Giovanni Rana, el mismísimo dueño de la empresa. El hombre es una figura entrañable que domina el 60 por ciento del mercado de pasta fresca de Italia (que ya es decir). Tras grabar una entrevista "gag", el señor Rana acabó tan encantado con nosotros que, mirándonos a los ojos, nos dijo: "Nunca os faltará pasta en vuestra nevera". Y así fue, al volver a España me encontré a mi mujer encantada porque la nevera estaba rebosante de pasta fresca.