Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El destino a un paso de España perfecto para primavera: es una de las ciudades más coloridas de Europa, está hecha de azulejos y tiene una torre Patrimonio de la Humanidad

A orillas del océano Atlántico y con la desembocadura del Tajo como telón de fondo, esta ciudad está llena de historia y encanto.

La ciudad a orillas del Tajo perfecta para una escapada de primavera

La ciudad a orillas del Tajo perfecta para una escapada de primavera / Istock / Yasonya

En la costa sur de Portugal, asentada sobre un antiguo campo volcánico a orillas de la desembocadura del río Tajo, la ciudad de Lisboa es una de esas maravillas infravaloradas que todo el mundo debería visitar al menos una vez en la vida. No solo porque se trata de una de las ciudades más bonitas que hay en Europa, sino porque pasear por sus calles, llenas de colores y poco masificadas, es una experiencia que queda grabada para siempre tanto en la memoria como en el corazón.

Vista de Lisboa, con el Panteón Nacional, desde las aguas del Tajo

Vista de Lisboa, con el Panteón Nacional, desde las aguas del Tajo / Istock / alanphillips

Si bien se puede llegar a Lisboa en coche (siempre que uno se atreva, ya que tan solo desde Badajoz ya son más de dos horas y media de trayecto), lo más habitual es ir en avión; desde la mayoría de aeropuertos de España despegan cada día vuelos hacia el aeropuerto de la capital lusa, haciendo que la decisión para escoger qué y cuantos días dedicarle sea pan comido.

La ciudad más bonita de Europa es también la favorita de los mayores de 50 años: dicen que "sus calles son como un museo al aire libre"

Adriana Fernández

Una ciudad con mucho que contar

Con unos orígenes que se remontan a la época de los griegos y los fenicios, aunque los vestigios encontrados más importantes son de las épocas romana e islámica, Lisboa cuenta con una población de poco más de medio millón de habitantes, por lo que pasear por sus calles y descubrir sus secretos se convierte en una experiencia de lo más placentera.

A pesar de que Lisboa dispone de una red ferroviaria urbana y suburbana con un total de ocho líneas, la mejor alternativa para recorrer la ciudad es, a parte de hacerlo a pie, a bordo de alguna de las cinco líneas de tranvía que todavía conserva. Con su icónico look de color amarillo, los tranvías atraviesan algunos de los barrios más históricos de la ciudad, destacando la línea 28, que recorre el casco antiguo de la ciudad.

La Torre de Belém es uno de los principales símbolos de Lisboa

La Torre de Belém es uno de los principales símbolos de Lisboa / Istock / Eloi_Omella

A ritmo de fado

Asentado sobre siete colinas, el centro histórico de la ciudad cuenta también con tres funiculares y el elevador de Santa Justa, un ascensor de estilo neogótico diseñado por Raoul Mesnier du Ponsard, aprendiz de Gustave Eiffel, que desde 1902 comunica el sector de Baixa con el barrio Alto. Además de ayudar a sortear las extremadas pendientes, el elevador de Santa Justa ofrece también uno de los mejores miradores de la ciudad, desde el cual uno puede hacerse una idea de todo aquello que quiere visitar.

  1. Torre de Belém

Erigiéndose en la misma desembocadura del Tajo, esta antigua construcción militar construida a principios del siglo XVI en estilo gótico manuelino. Símbolo de Lisboa, con un curioso perfil recuerda a un barco, en 1983 fue declarada Patrimonio de la Humanidad junto al Monasterio de los Jerónimos, construido por encargo de rey Manuel I para conmemorar el regreso de la India del explorador Vasco de Gama, cuya tumba se encuentra en el monasterio. Una vez visitados estos dos grandes monumentos, no dudes en degustar el emblema de la gastronomía portuguesa: los pasteles de Belém, unas deliciosas tartaletas de hojaldre y crema de huevo bautizadas en honor a la torre y el monasterio.

El castillo de San Jorge en lo alto de la colina

El castillo de San Jorge en lo alto de la colina / Istock / SeanPavonePhoto

  1. Castillo de San Jorge

En el corazón del barrio de Alfama, esta impresionante fortaleza árabe corona la colina más alta de la ciudad. A partir del siglo XIII, después de que Lisboa se convirtiera en la capital del reino, el castillo se convirtió en la residencia real. Hoy en día todavía se pueden apreciar los daños provocados en la estructura por los terremotos que asolaron la ciudad en 1290, 1344 y 1356. Además de ser un excelente museo al aire libre, el Castillo de San Jorge ofrece también unas panorámicas únicas de la ciudad.

  1. Plaza del Comercio

Atravesando el Arco Triunfal da Rua Augusta, esta increíble plaza, que se extiende a orillas del río, es una de las más emblemáticas de la ciudad. Icono del Renacimiento, porticada en tres de sus lados y presidida por la estatua ecuestre de José I, la Plaza del Comercio es el centro neurálgico de la actividad social de Lisboa desde hace siglos.

La magnífica Plaza del Comercio con el Arco Triunfal da Rua Augusta al fondo

La magnífica Plaza del Comercio con el Arco Triunfal da Rua Augusta al fondo / Istock / atosan

  1. Iglesia de Santo Domingo

Si bien el monumento religioso más importante de Lisboa es, sin duda alguna, la Catedral de Santa María la Mayor, la Iglesia de Santo Domingo ofrece una experiencia muy especial. De belleza sin igual, esta iglesia posee un pasado trágico. Construida a mediados del siglo XIII, fue el escenario de la masacre de Lisboa de 1506; siglos más tarde, la iglesia fue víctima de un terremoto que solo dejó en pie la capilla. Más recientemente, a mediados del siglo XX, la iglesia sufrió un violento incendio que destruyó gran parte de su interior, dejándola en su estado actual.

Los tranvías y funiculares ayudan a sortear las pendientes que hay por la ciudad

Los tranvías y funiculares ayudan a sortear las pendientes que hay por la ciudad / Istock / Armando Oliveira

  1. Museo Nacional del Azulejo

Aunque actualmente se encuentra cerrado por reformas, se trata de uno de los museos más importantes de Lisboa. Ubicado en el interior del antiguo convento da Madre de Deus, el museo permite descubrir la historia del azulejo, expresión artística diferenciadora de la cultura portuguesa, a través de un viaje que recorre la historia de este curioso arte desde el siglo XV hasta la actualidad.