El destino más barato y seguro para hacer un primer viaje sola: es Patrimonio de la Humanidad, tiene uno de los castillos más grandes del mundo y es precioso en Navidad
Organizar un viaje en solitario puede ser un quebradero de cabeza, pero se convertirá en una de las mejores experiencias de tu vida.

Viajar sola es la fantasía de muchas mujeres, una manera de demostrar independencia y empoderamiento. Aunque no todas se ven capaces de hacerlo, con una buena preparación y mentalización, es posible. Ya lo hacía en su momento Agatha Christie y se veía como una auténtica revolucionaria. Gracias a ella y a otras muchas que han ido abriendo camino, hoy podemos decir que explorar el mundo con una misma es normal y muy divertido.
Eso sí, hay que tener en cuenta algunos factores como el destino, el más importante. Pese a que el mundo y las sociedades han avanzado mucho, todavía hay países a los que se desaconseja ir siendo mujer y sobre todo yendo sola. Sentirse segura caminando por la calle tanto de día como de noche es fundamental para disfrutar. Otro de esos factores es el presupuesto ya que, aunque sola se suele gastar menos, el objetivo sigue siendo no arruinarnos.
Uno de los destinos más "female friendly" o lo que es lo mismo, amable para las mujeres, es Praga, la capital de la República Checa. Es una ciudad magnífica para perderse en solitario, descubrir su apasionante historia y, aprovechando estas fechas, adentrarse en su ambiente navideño cargado de mercadillos, árboles, luces y recitales de villancicos. Su encanto crece en estas fechas -desde finales de noviembre hasta diciembre-, pero nunca decepciona.
La ciudad de la cerveza y el reloj astronómico
Es una urbe que combina cultura, historia y una vida nocturna inigualable que puede disfrutarse en solitario gracias a la calidez de sus gentes. Es un lugar con mucha cultura cervecera (República Checa es el país del mundo donde más cerveza se consume por persona), por lo que una muy buena manera de empezar el viaje sería relajándose en uno de sus balnearios que se conocen como 'baños de cerveza' y consiste literalmente en lo que indica el nombre.

Después de pasear por la Golden Lane, una calle adoquinada y salpicada de casas multicolores, es el turno de los monumentos que hablan de su historia. Uno de los más reconocidos es el Castillo de Praga, que se considera el más grande del mundo, con arquitectura gótica, enormes patios y un arte impresionante. Dentro del complejo se pueden visitar otros monumentos históricos como la Catedral de San Vito y el Antiguo Palacio Real.

Más o menos de la misma época, del siglo XV, es el Reloj Astronómico de la plaza de la Ciudad Vieja. A cada hora desde las 9:00 hasta las 23:00, salen los doce apóstoles de Jesucristo en procesión por el propio reloj. Es un auténtico espectáculo que merece la pena presenciar en algún momento. Desde lo alto de la torre se pueden contemplar unas vistas espectaculares sobre el casco antiguo que, por cierto, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Un pasado más reciente y un presente muy actual
El pasado de la capital checa es muy antiguo y merece la pena conocerlo, pero tampoco hay que olvidar el más reciente. El Museo del Comunismo ofrece un recorrido por esta época a través de exposiciones con carteles de propaganda, testimonios reales e incluso una sala de interrogatorios reconstruida tal y como sería en aquel momento. Otra forma de adentrarse en la historia más "cercana" es yendo a algún concierto de música clásica en el Palacio Lobkowicz.

Navegar por el río Moldava y pasar bajo el Puente de Carlos del siglo XIV es una actividad casi obligada para todas aquellas personas que visiten Praga. Puede hacerse durante el día o cuando cae la noche, para ver la ciudad iluminada desde el agua. Y cuando ya sea de noche, después del paseo en barco y de degustar algo de la comida típica callejera como el klobása, no hay mejor manera de terminar la jornada que sumergiéndose en su vida nocturna.
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