Descubriendo Castro Urdiales: la irresistible villa cántabra de playas y acantilados que sabe a sal

Mar, arena, naturaleza y un casco antiguo que pide a gritos que lo pasees

Lucía Martín García
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Foto: MarioGuti / ISTOCK

Conocida también como Flavióbriga por localizarse aquí un asentamiento romano, Castro Urdiales formó parte de la poderosa hermandad de las Cuatro Villas de la Costa del Mar. Se caracteriza por poseer ese encanto que tienen los pueblos marineros y pesqueros, tradicionales ilustres y señoriales, pero con un gran ambiente turístico donde las playas de Ostende y Brazomar se llevan parte del protagonismo. Un auténtico tesoro en el corazón de Cantabria y al margen de las masificadas rutas turísticas veraniegas.  

La otra parte del protagonismo de este lugar se la lleva el casco viejo de Castro Urdiales, muy bien conservado y con callejuelas de que invitan al paseo y a disfrutar de uno de los grandes atractivos de esta zona: la gastronomía.  La cocina castreña conquista a todo el que prueba sus besugos y caracoles, acompañados la industria conservera del municipio. Entre ellos, son sin duda las anchoas en aceite de oliva las que gozan de mayor reconocimiento.

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La villa posee una edificación popular muy característica, con balconadas de madera orientadas a los jardines del paseo de Amestoy. El conjunto urbano de la puebla castreña tiene origen medieval y logró en 1978 el reconocimiento como Conjunto Histórico. Su patrimonio monumental está formado por la iglesia de Santa María, -la mejor obra gótica de Cantabria (construida entre los siglos XIII y XV)-, el castillo faro que se ubica junto a ella y el bello puente medieval y la ermita de Santa Ana. Este conjunto constituye la imagen más representativa de la localidad.

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Castro Urdiales cuenta con testimonios de arte rupestre de incalculable valor, caso de la cueva de la Peña del Cuco. El yacimiento se encuentra en la costa, al oeste del núcleo de la villa, cercano la plaza de toros. La cueva prehistórica esconde grabados rupestres muy finos del Paleolítico superior (hace 12.000 años), que reproducen ciervos, caballos y cabras.

Este destino costero posee dos bonitas playas, que debido a las grandes subidas de la marea a veces desaparecen. Oriñón, un pueblo que se encuentra a unos 15 kilómetros de nuestro punto de partida. Su playa, situada en la costa oriental de Cantabria, es un paraje de gran belleza, entre los agrestes macizos de Candina y Cerredo, junto a la desembocadura de la ría de Oriñón. Se ubica junto a la localidad que le da nombre y es un lugar apropiado para iniciarse en el surf y otros deportes acuáticos. 

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Desde el mismo pueblo de Oriñón se puede realizar una ruta de senderismo de unos 8 kilómetros, se trata de la Subida a los Ojos del Diablo que nos deja en lo alto del Monte Candina, desde aquí podemos contemplar unas hermosas vistas de todo el panorama y sin duda es algo que merece la pena. 

Para los que buscan playas inmensas donde es imposible saber cual es el final, la playa de Trengandín, en Noja, es una buena alternativa, además es fácil mantener la distancia de seguridad ya que su longitud alcanza los 3.500 metros. Es una de las más tranquilas de Cantabria y se sitúa junto a las Marismas de Santoña. Su arena es dorada y su agua cristalina. El conjunto de marismas en las que se encuentran en esta playa,  constituye la zona húmeda peninsular más importante del norte peninsular, siendo una de las vias migratorias de aves más frecuentadas de Europa.

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