Descubre los rascacielos de barro de Shibam, la "Manhattan del desierto"

La sorprendente población yemení Patrimonio de la Humanidad

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: javarman3 / ISTOCK

Allá donde se vislumbra el Oriente Próximo desde África, donde se atisban los comienzos de la parte del mundo donde nació la civilización, la escritura o la agricultura, aparece la República de Yemen indicando el final del mítico mar Rojo.

Es en este país, en la región central de un territorio subtropical, donde ubicamos la milenaria ciudad de Shibam, un impresionante ejemplo de la adaptación de la arquitectura al medio y un tesoro declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Un importante enclave de la Ruta del Incienso

La Arabia Felix de los tiempos grecorromanos y una buena parte del célebre Reino de Saba es lo que actualmente conocemos como Yemen, una unidad nacional que hunde sus raíces en lo más profundo de la civilización pero que, no por ello, ha escapado a las dificultades desde su reciente instauración como república a principios de la década de los noventa.

Shibam | vanbeets / ISTOCK

La pobreza y los conflictos políticos y militares que la asolan en los últimos tiempos contrastan poderosamente con la riqueza y las épocas de bonanza que vivió cuando formaba parte, como punto esencial, de la antigua vía comercial llamada «Ruta del Incienso».

Atrás quedan las caravanas repletas de especias, fragancias y bienes de alto valor que eran cotidianas en esta región arábiga que atrajo la atención e interés de reyes como Salomón, pero el rastro de toda aquella grandeza ha dejado su huella a través de poblaciones que guardan aún la esencia de estas tierras habitadas antaño por tribus nómadas.

Shibam | javarman3 / ISTOCK

Una de esas poblaciones es la actual ciudad de Shibam, la capital de la histórica región de Hadramaut – hoy en día el más grande de los estados yemeníes -, cuyo rastro milenario se remonta a la destrucción de la antigua capital de Shabwa.

A partir de ese momento se desarrolló junto al desierto de Rub al-Jali un asentamiento permanente sustentado en la agricultura, que vivió durante muchos siglos una prosperidad perturbada a menudo por los ataques de los nómadas beduinos. Sin embargo, a mediados del siglo XVI, grandes inundaciones devastaron la población obligando a sus habitantes a replantear su ubicación fuera del alcance de las riadas. Fue así como nació la Shibam que podemos contemplar en el presente. Una ciudad amurallada que destaca por sus altos edificios construidos de ladrillos de barro, a la que se le atribuye el honor de ser la más antigua del mundo en erigir rascacielos, valiéndole el sobrenombre de la «Manhattan del desierto». Una maravilla arquitectónica inscrita desde 1982 en el listado del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

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Rascacielos de barro

Con la nueva ubicación de Shibam en el siglo XVI, surge una planificación basada en la construcción vertical para facilitar el aprovechamiento del terreno y ceñirse a los límites de una muralla defensiva que se había vuelto imprescindible para la protección de la ciudad ante los ataques. Una solución pionera en el mundo que, en Yemen, tuvo otras réplicas como las ciudades de Habban y Azzan, también en la región de Hadramaut.

Shibam | helovi / ISTOCK

El resultado no pudo ser más asombroso: dentro un área de 330 metros de largo por 240 de ancho, más de 500 edificaciones adosadas de planta trapezoidal y hasta ocho pisos y cuarenta metros de altura se distribuyen por un caótico laberinto de estrechas callejas entre las que aparece de vez en cuando algún edificio de uso público como las mezquitas.

Shibam | javarman3 / ISTOCK

La particularidad de estar levantadas a base de barro hace de estas torres un ejemplo asombroso de adaptación a un medio extremo en el que el uso de este material presente en el entorno responde perfectamente a los rigores de un clima desértico.

Las viviendas, radicalmente pensadas en el plano vertical, abarcan sobre una pequeña superficie de base un buen número de pisos cuyas funciones varían según la altura. Desde los más bajos, sin ventanas por su carácter defensivo, destinados antiguamente a la estancia de los animales y el almacenamiento del grano, hasta los más altos, ya con aperturas, que hacen las veces de residencia.

Fachada de un edificio en Shibam | BremecR / ISTOCK

Muchas de ellas conectadas por pasarelas, las torres albergan hoy en día a unas siete mil personas que tratan de conservar en buen estado – el adobe requiere de un mantenimiento continuo – una ciudad cuya posición la protege de las crecidas pero que, igualmente, depende del agua que nutre los valles de inundación o wadis para su subsistencia.

Los cultivos, los palmerales y la omnipresente silueta de las montañas que la flanquean acaban por rematar el escenario en el que se localiza esta antigua población de Yemen.