Descubre Lausana, la boyante ciudad suiza que destaca como una de las más bonitas de Europa y es la sede de los Juegos Olímpicos
Esta pequeña ciudad suiza destaca por su insuperable calidad de vida, el ambiente universitario y cosmopolita que enamora a todo aquel que la visita por primera vez.

No se trata, por el momento, de la ciudad más conocida de Suiza. Lausana es un destino oculto tras las vacaciones de esquí a las faldas de los Alpes y archiconocidas ciudades como Ginebra o Basilea. Situada al este del país, en la frontera con Francia, sus edificios monumentales de estilo gótico se reflejan en las aguas del lago Lemán, desde donde nacen los atardeceres más impresionantes que se pueden llegar a ver en Centroeuropa. Las empinadas callejuelas del centro histórico encuentran un contraste en barrios donde prolifera la música y las artes, que de un tiempo a esta parte han estado conquistando buena parte de la ciudad, eso sí, con respeto a lo que ya estaba antes que ellas.
Se habla francés en casi todas partes excepto en las universidades, donde el inglés sirve para que estudiantes de todas partes del mundo hagan vida en común. Lausana es de hecho una reconocida ciudad universitaria, contando con instituciones como el Instituto Federal Suizo de Tecnología, la Universidad de Lausana o la IMD, todas ellas bien clasificadas entre los ránkings internacionales. Esta gran comunidad estudiantil ha hecho que la ciudad se haya ido transformando poco a poco, evolucionando desde una tranquila ciudad suiza a un vergel de juventud, energía y creatividad que ya queda plasmada en las calles de la ciudad.
Así es la ciudad más bonita de Suiza
Para el turismo internacional, lo más normal es comprar un vuelo a Ginebra, desde donde el trayecto a Lausana en 45 minutos y se puede reservar por un precio medio de 20 €. Esto es una suerte, pues la estación de tren se encuentra junto a Plataforma 10, el barrio cultural por excelencia de la ciudad que cuenta con 25 kilómetros en donde poder disfrutar del arte, en museos como el Musée cantonal des Beux-Arts, de pintura y bellas artes; el Musée de l’Elysee, especializado en fotografía y el MUDAC (Museo de Artes Plásticas Contemporáneas).

A su lado, encontramos el distrito de Flon-Viertel -aunque se le suele llamar más distrito de Flom-, un antiguo agujero industrial, donde la actividad principal era almacenar y mover mercancías, que con los años se ha transformado radicalmente hasta llegar a ser el punto caliente de la ciudad. Oficinas, viviendas, locales nocturnos… es uno de los lugares con más vida de la ciudad. Como no podría ser de otra forma, por la noche las calles se transforman en un amalgama de locales que van desde pequeñas salas de jazz hasta clubes de tecno. Entre estos últimos, el D! Club es famoso por acoger de vez en cuando a artistas de renombre internacional.
Por el día, la vida vuelve a su cauce y el desfase nocturno cambia por el trajín de los amantes de las compras, con una selección de tiendas de grandes marcas, boutiques de diseño y tiendas locales únicas. Pero sin duda lo más recomendable es pasar la mañana en el casco histórico de la ciudad. Lausana es un lugar con muchos planes de día y es imposible llegar a todo en una estancia corta, pero un paseo por las calles principales será suficiente para ver la basílica de Notre-Dame de Lausanne. Aunque no tenga nada que ver con la catedral francesa, su estilo gótico en el que predominan las formas apuntadas y con altas torres pueden causar un efecto parecido. Es un lugar increíble por muchas razones, entre ellas su órgano: un instrumento único en el mundo tanto por su diseño como por sus características técnicas.

Al encontrarse en lo alto de la colina, hay lugares desde donde se puede ver el resto de la ciudad y el impresionante lago Lemán. Sus edificios, algunos de ellos construidos en el siglo XII, se alternan entre tiendas, hoteles y cafeterías, ofreciendo un espacio que transita sin esfuerzo entre lo antiguo y lo contemporáneo.
Un centro del arte y el deporte
Tampoco es un dato muy conocido, por lo que sorprende enterarse de que esta pequeña ciudad alberga una institución como es el Comité Olímpico Internacional, la organización encargada de supervisar todo lo concerniente a los Juegos Olímpicos y eventos relacionados con estos. La influencia de esta organización es palpable en la ciudad hasta tal punto que cuenta con el Museo Olímpico, donde además de aprender sobre la historia de los juegos y acceder a una exposición de más de 10.000 objetos relacionados con los deportes que compiten en los juegos. Como es habitual en esta ciudad, cuenta con unos jardines verdes por donde se puede pasear, en el que van surgiendo obras de arte relacionadas con los JJ. OO. y sus competidores.

En materia de cultura, Lausana tiene para todos. Desde museos dedicados a las vanguardias y al arte contemporáneo, como el ya mencionado MUDAC a otros espacios dedicados a las ciencias y a la historia. Entre ellos destacan el Musée Cantonal de Géologie y el Musée Historique Lausanne, pero no son los únicos. Arquitectura, arqueología, informática, un museo de la historia de los zapatos… Existe hasta un Museo del Absurdo, en donde se recogen obras nacionales e internacionales que representan esta tradición artística.
Con todo, definir Lausanne es una misión imposible, al menos sobre el papel. Podría uno pasar horas leyendo sobre su rica historia, su ambiente y aprendiendo sobre todos y cada uno de los museos que alberga su área metropolitana. Nada serviría para hacerle justicia. Es uno de esos lugares que solo puede vivirse en primera persona, que son más que la suma de sus partes. Un lugar que no deja de ser Suiza, pero que tiene ese toque de espontaneidad que tanto bien hace a los viajes. Pequeña y enorme, fría y cálida, visitarla es la única forma de entender por qué esta es una de las ciudades más bonitas de Europa.
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