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Descubre los 10 pueblos costeros más bonitos del mundo

Un recorrido por joyas costeras como Carmel o Camogli, que conservan su autenticidad y ofrecen paisajes únicos, lejos de las aglomeraciones.

Una selección de los mejores destinos para disfrutar de la playa este verano.

Una selección de los mejores destinos para disfrutar de la playa este verano. / Istock

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Hay lugares donde el mundo parece detenerse al borde del agua. Pueblos de pescadores convertidos en leyenda, fachadas que se reflejan en el mar y calles que huelen a sal y a historia. Viajamos a 10 rincones costeros donde la belleza no se busca: simplemente, ocurre.

La fortaleza corsaria, Saint-Malo, Francia

La fortaleza corsaria, Saint-Malo, Francia / Istock / aluxum

  1. La fortaleza corsaria

Saint-Malo, Francia

Fortificada frente al Atlántico, Saint-Malo conserva el espíritu corsario del siglo XVIII, ya que fue refugio y fortaleza pirata. Sus murallas, callejones empedrados y unas mareas espectaculares —de las mayores de Europa— la distinguen de cualquier otro puerto francés, y su casco histórico intramuros, reconstruido con esmero tras la Segunda Guerra Mundial, es una fusión de historia y naturaleza desatada.

Ningún otro destino de estas propuestas ofrece mareas tan dramáticas, que pueden subir más de 12 metros y rodear por completo los islotes que rematan las murallas. De junio a septiembre el clima es templado y las terrazas sirven ostras recién abiertas; a la mesa llegan las ostras de Cancale, las galettes de trigo sarraceno y los mariscos del Atlántico, con Le Chalut, con estrella verde Michelin, como mesa de referencia para el producto del mar. Para dormir, el elegante Hôtel des Abers o el Castelbrac en la cercana Dinard, con spa y vistas a la bahía.

La dolce vita vertical, Positano, Italia

La dolce vita vertical, Positano, Italia / Istock / serts

  1. La dolce vita vertical

Positano, Italia

El emblema de la costa amalfitana. Positano trepa en terrazas de color pastel sobre el Tirreno, con sus casas apiladas como en un anfiteatro, y desde los años 50 es refugio de artistas y viajeros elegantes —el Premio Nobel de Literatura John Steinbeck la inmortalizó en un célebre ensayo publicado en la revista Harper’s Bazaar en 1953. Lo que la corona en lo más alto es su teatralidad: cada escalera es una postal, y ningún pueblo conjuga con tanta gracia glamour, color y mar en pendiente, la definición misma de la dolce vita vertical y la portada perfecta de cualquier sueño mediterráneo. En la mesa brillan los spaghetti alle vongole, el pescado del Tirreno y los limones gigantes de la costa convertidos en delizia al limone, y La Sponda, en Le Sirenuse, ofrece alta cocina a la luz de cientos de velas. Para dormir, el propio Le Sirenuse, hotel-icono de la dolce vita, o el romántico Il San Pietro di Positano, colgado del acantilado. La experiencia se completa recorriendo el Sendero de los Dioses, balcón natural sobre toda la costa amalfitana.

El pueblo pintado por artistas, Carmel-by-the-Sea, California

El pueblo pintado por artistas, Carmel-by-the-Sea, California / Istock / S. Greg Panosian

  1. El pueblo pintado por artistas

Carmel-by-the-Sea, California

Carmel-by-the-Sea, en Monterrey, combina espíritu bohemio y belleza natural. Fundada por artistas a principios del siglo XX, mantiene aún normas tan peculiares como la ausencia de numeración en las casas, de semáforos o de cadenas comerciales en su centro. Su historia es bien curiosa… un pueblo de casas de cuento de hadas. En 1924, Hugh Comstock, maestro de obras y diseñador, construyó la casita Hansel para que su mujer pudiera exponer su colección de muñecas hechas a mano. Más tarde le siguió Gretel y, finalmente, los residentes le pidieron que diseñara más, lo que dio lugar a una colección de adorables casitas repartidas por toda la ciudad. En la mesa reinan el vino californiano, el marisco del Pacífico y la cocina de autor: La Bicyclette sirve cocina rústica europea, mientras que la cercana Carmel Valley es territorio de bodegas premiadas. Para el descanso, L’Auberge Carmel, miembro de Relais & Châteaux con restaurante gastronómico.

La perla soleada del Adriático, Hvar, Croacia

La perla soleada del Adriático, Hvar, Croacia / Istock / xbrchx

  1. La perla soleada del Adriático

Hvar, Croacia

Hvar es una joya de piedra dorada de herencia véneta, recostada sobre un puerto repleto de veleros y presidida por una de las plazas más bellas del Mediterráneo, con su catedral renacentista de San Esteban y, velando sobre ella, una fortaleza del siglo XVI. Es la isla más soleada de Croacia —más de 2.700 horas de sol al año— y su interior es un mar de campos de lavanda, viñedos y pinares. Los más marchosos encontrarán recompensa en este pueblo, conocido como la Ibiza croata. La gastronomía gira en torno al pescado fresco del Adriático, la gregada —un guiso dálmata—, el cordero y los vinos autóctonos como el Plavac Mali, y el restaurante San Marco del Palace Elisabeth ofrece alta cocina mediterránea con vistas al puerto. Para dormir, ese mismo Palace Elisabeth, primer cinco estrellas de la isla y miembro de The Leading Hotels of the World, o el Adriana Spa Hotel.

La Liguria auténtica, Camogli, Italia

La Liguria auténtica, Camogli, Italia / Istock / LucaLorenzelli

  1. La Liguria auténtica

Camogli, Italia

En la Liguria italiana, Camogli es una joya discreta del golfo Paradiso. Sus altas fachadas multicolor —pintadas así para que los pescadores reconocieran su casa desde el mar— y su paseo marítimo conservan la esencia del Mediterráneo auténtico, lejos del bullicio de Portofino, y todavía mantiene flota pesquera activa. Lo mejor es visitarla de mayo a septiembre, cuando la luz dora sus tonos pastel. La estrella en la mesa es la trofie al pesto, la pasta genovesa por excelencia, junto al pescado azul frito, y La Cucina di Nonna Nina, en el cercano San Rocco, es una institución de la cocina ligur. Para el descanso de altura, el Cenobio dei Dogi, antigua residencia de los dogos genoveses, ofrece piscina sobre el mar y playa privada. Los planes no faltan: una travesía en barca a la abadía de San Fruttuoso, accesible solo por mar o a pie, un buceo hasta el Cristo degli Abissi, la célebre estatua sumergida de la bahía, o el senderismo por el Parque de Portofino entre calas y pinares mediterráneos. Conviene llegar en tren desde Génova, ya que la estación está a pocos metros del paseo marítimo y evitarás el imposible aparcamiento.

Al compás del viento, Essaouira, Marruecos

Al compás del viento, Essaouira, Marruecos / Istock / serts

  1. Al compás del viento

Essaouira, Marruecos

Ciudad costera con alma bohemia, Essaouira, a tres horas de Marrakesh, combina historia, arte y océano Atlántico. Fundada por portugueses y rediseñada por un arquitecto francés en el siglo XVIII, es hoy refugio de músicos y viajeros, con sus murallas ocre en contraste con el azul intenso del mar y de las barcas del puerto. Su rasgo más singular es que aquí el viento es protagonista: de marzo a junio, los célebres alisios atlánticos la convierten en capital del kitesurf y el windsurf, y hacen de ella un pueblo de pescadores que late al ritmo del gnawa y del océano, mezcla irrepetible de África, Europa y mar abierto. La cocina se saborea en los puestos del puerto, con sardinas a la brasa recién pescadas, tajine de pescado y erizos de mar, mientras que para una cena con vistas, La Table by Madada es la referencia gastronómica de la medina. Se duerme con encanto en el icónico riad Villa Maroc, pionero del turismo boutique, o en el exclusivo Heure Bleue Palais, un Relais & Châteaux con azotea y piscina.

El atardecer del Egeo, Oía, Santorini, Grecia

El atardecer del Egeo, Oía, Santorini, Grecia / Istock / serts

  1. El atardecer del Egeo

Oía, Santorini, Grecia

Encajada en el borde del cráter volcánico, Oía, también conocida como , es una sinfonía de blanco y azul en Santorini. Lo que la diferencia es su luz, esa claridad cicládica (de las Cícladas) que parece nacer del propio mar Egeo, y con apenas 1.500 habitantes sigue siendo la joya de la isla. Al fondo, las bodegas volcánicas y la bahía de Ammoudi completan el encanto. Tengamos en cuenta que Oía está construida en lo alto del borde de la caldera, mantiene pequeñas callejuelas, una vista impresionante y no está del todo masificada… La gastronomía se disfruta con pulpo asado, fava de Santorini, tomatitos cherry de la isla y vino Assyrtiko, y en las tabernas de la bahía de Ammoudi el pescado se sirve a pie de agua. Para dormir, las suites excavadas en la roca de Canaves Oia, con piscina infinita asomada a la caldera, son la quintaesencia del lujo isleño. Resulta imprescindible contemplar la puesta de sol más célebre del Egeo desde el castillo de Oía, bajar los 300 escalones hasta Ammoudi para nadar junto a la roca de Agios Nikolaos y catar vinos volcánicos en una bodega histórica de la isla.

Cabañas bajo el sol de medianoche, Reine, Islas Lofoten, Noruega

Cabañas bajo el sol de medianoche, Reine, Islas Lofoten, Noruega / Istock / fokkebok

  1. Cabañas bajo el sol de medianoche

Reine, Islas Lofoten, Noruega

Situado en un fiordo ártico, Reine parece una postal nórdica hecha realidad: cabañas rojas sobre pilotes —las rorbu de los antiguos pescadores de bacalao—, montañas escarpadas que caen a pico sobre el agua y un mar que nunca duerme. Su gran singularidad, y la razón de su alto puesto, es que demuestra que incluso en el frío extremo puede florecer la calma, siendo el único lugar de este listado donde conviven el sol de medianoche en verano y las auroras boreales en invierno. En primavera-verano los senderos y las travesías en kayak son ideales. En la mesa manda el bacalao skrei, el oro del Ártico, y una cremosa sopa de pescado, que se degustan en el restaurante Gammelbua de Reine Rorbuer —una antigua tienda del siglo XVIII—. Para alojarse, nada como una rorbu renovada de Reine Rorbuer o las icónicas cabañas de Eliassen Rorbuer en Hamnøy, literalmente sobre el fiordo.

El puerto de cuento, Vernazza, Cinque Terre, Italia

El puerto de cuento, Vernazza, Cinque Terre, Italia / Istock / Michael Krinke

  1. El puerto de cuento

Vernazza, Cinque Terre, Italia

Posiblemente el pueblo costero más fotogénico del Mediterráneo, Vernazza encarna, con su minúsculo puerto natural y sus casas torre en tonos cálidos, el equilibrio perfecto entre vida local y belleza. Fundada por pescadores en el siglo XI, es hoy Patrimonio de la Humanidad e integra el Parque Nacional de Cinque Terre, sin tráfico de coches, y por eso es la postal que todos imaginan cuando sueñan con Italia: en un espacio diminuto reúne color, mar, historia y un puerto de cuento perfecto. Además del baño de rigor, no os podéis perder los senderos entre Monterosso y Corniglia, que ofrecen vistas inigualables. En la mesa triunfan la trofie al pesto, las anchoas de Monterosso y el vino blanco de las terrazas de viñedo, y Belforte, encajado en una torre sobre el mar, sirve marisco con la vista más espectacular del pueblo. Para alojarse, La Malà ofrece terraza panorámica sobre el agua.

Flotar entre el cielo y el agua, Cua Van, Vietnam

Flotar entre el cielo y el agua, Cua Van, Vietnam / Istock / zstockphotos

  1. Flotar entre el cielo y el agua

Cua Van, Vietnam

Flotando sobre la bahía de Ha Long, Cua Van parece suspendida entre el cielo y el agua. Sus casas de madera, sostenidas por bidones, forman un mosaico que cambia con la marea, y al ser la mayor aldea flotante de Vietnam, constituye un retrato vivo de una comunidad pesquera, de unos 700 habitantes hoy, que ha mantenido su forma de vida durante siglos. Su origen se remonta al siglo XIX, cuando los pescadores vietnamitas encontraron en esta ubicación un refugio seguro de las tormentas y un lugar óptimo para sus caladeros. Aquí se come lo que sale del agua esa misma mañana: pescado a la parrilla con jengibre fresco, calamar salteado y chả mực —un sabroso pastel de calamar—, ya sea a bordo de un crucero junk o en los pontones de la propia aldea. Para dormir con todas las comodidades, lo ideal es el camarote de un junk tradicional, como los del Indochina Junk o el Paradise Elegance.