El desconocido templo en forma de pavo real en la India: un imprescindible que debes visitar
A 60 kilómetros de Bangalore, la tercera ciudad más grande de la India, nos encontramos con un inesperado templo en forma de pavo real. Pero que no te nublen esos vistosos colores: su significado es aún más inspirador.

Si decides sumergirte en el fascinante sur de la India, posiblemente visites el estado de Karnataka, famoso por los más de 300 templos que conforman el icónico complejo de Hampi, o quizás durante un viaje de negocios a Bangalore, ciudad famosa por su industria tecnológica y una de las capitales más infravaloradas de la India. Especialmente, cuando cuenta con fastuosos mercados, un centro vibrante y secretos como cierto templo en forma de pavo real. O mejor dicho, de picchī.
Templo del pavo real de Basadi Betta: un abanico monumental en Bangalore
Desde tiempos inmemoriales, los sacerdotes de la religión jaina, una de las más estrictas de la India, solían entrar en los templos con un plumero fabricado a base de plumas de pavo real conocido como picchī, el cual utilizaban para apartar a los insectos a fin de no pisarlos. Un gesto de no-violencia que encarna los principales valores de esta creencia, ya que son instrumentos limpios, suaves, no perjudiciales y ligeros.

En 2011, la comisión jaina del distrito de Tumkur construyó un mandir (templo) en forma de picchī dentro de Basadi-Betta, un complejo religioso en la colina Mandaragiri al que miles de creyentes jainas han peregrinado desde su construcción entre los siglos XII y XIV.
Alcanzar este colorido oasis no siempre es fácil, ya que debes tomar un autobús desde la estación de Bangalore hasta la localidad de Tumkur y, una vez allí, pedir un tuk-tuk hasta Basadi-Betta. Una vez llegues, descubrirás un entorno puramente rural, donde los niños caminan de la mano junto a un búfalo de agua y una vaca errante se pierde entre los pastos mientras un plumero gigante emerge a lo lejos.
El mandir del pavo real de Basadi Betta mide 81 metros de altura y no defrauda, especialmente al desplegar esa estructura colorida que simula un conjunto de plumas de pavo real. En su interior, encontrarás a una vecina que custodia el templo y diversos frescos y artefactos que representan la fe jaina en torno al picchī.

Una vez abandones el templo, puedes ascender los 435 escalones que conducen a lo alto de la colina Mandaragiri para descubrir las diversas instalaciones de Basadi Betta: desde esculturas de fieles atendiendo al gurú, hasta una enorme estatua de Chandrakantha Tirthankara, maestro de la religión jaina, quien aparece junto a una columna de motivos florales y un mural con relieve de tigres totalmente desnudo salvo, sí, unas partes cubiertas por un plumero picchī.
Solo entonces, cuando el atardecer ya ilumina el horizonte y vuelves a descender los escalones, llamas a un taxi a pie de una carretera polvorienta y descubres que, sobre la guantera, el chófer lleva un manojo de plumas de pavo real.
Porque en ocasiones, más allá de la foto de Instagram que imaginamos en la cabeza, hasta el lugar más bizarro de la India tiene un sentido íntimamente ligado a una cultura cuyo fondo nunca llegaremos a tocar del todo.
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