La desconocida maravilla de Portugal: su mar interior de agua dulce

El Gran Lago Alqueva, en la frontera hispano-lusa, no solo es el mayor embalse de Europa sino todo un paraíso natura

Noelia Ferreiro
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Foto: LuisPinaPhotogrpahy / ISTOCK

Tiene una belleza enigmática que alterna la serenidad de los campos alentejanos con el serpenteo del agua clara que se pierde en el horizonte. El Gran Lago Alqueva hace honor a su nombre con un tamaño descomunal: nada menos que 250 kilómetros cuadrados -el equivalente aproximado a 25.000 campos de fútbol- que lo convierten en el lago artificial más grande de Europa. Pocos los conocen pero se trata de una suerte de mar de agua dulce encajado entre Portugal y Extremadura.

 Gran Lago Alqueva | Miguel Ángelo Silva / ISTOCK

Descubrir este entorno paradisiaco, este refrescante rincón natural que atrae a numerosas especies animales y que va mutando su color al ritmo de las distintas estaciones, pasa por conocer su historia: una existencia que se remonta a apenas veinte años, cuando el Bajo Alentejo luso no era sino un paisaje de trigales dorados y de vastas y monótonas planicies en las que crecían los alcornoques y los olivos, las viñas y las encinas. Una tierra castigada por el sol y regada tan sólo por el curso delgado de un Guadiana que pasaba de largo camino del océano, sin apenas trastocar la imagen de la sequía.

Agua es vida

Sucedió entonces que llegó el agua, con su promesa de vida, y revistió de color a este lugar. El río se convirtió en pantano, para lo cual se tuvo que aumentar su profundidad, ensanchar sus márgenes y, ya de paso, inundar parte del entorno, incluida alguna pequeña aldea. El resultado fue el Embalse de Alqueva, una obra faraónica próxima a nuestro abrazo con Portugal (aunque de España sólo hay un pueblo en la ribera: la población pacense de Cheles).

Atardecer en el Gran Lago Alqueva | aroxopt / ISTOCK

Claro que para que naciera este oasis tuvieron que pasar 50 años, los mismos en los que la construcción de la presa estuvo paralizada. Tuvieron que aplacarse también las iras ecologistas en favor de aquella otra idea que apostaba, por fin, por el agua, como un sinónimo de esperanza para esta zona deprimida. Porque el embalse, que fue inaugurado en 2002, no sólo permitía el funcionamiento de una central hidroeléctrica, sino que aspiraba también a la transformación en regadío de todas las tierras colindantes.

Deportes de agua y de secano

Hoy, más allá de su utilidad, prima el interés turístico que despierta este refrescante destino. Porque en el Grande Lago de Alqueva uno se puede entregar a todo tipo de placeres náuticos: desde dar un paseo en kayak o atreverse con el esquí acuático hasta simplemente disfrutar de un buen baño antes del aperitivo o después, al despertarse de la siesta con el canto de las aves.

Vista aérea del Gran Lago Alqueva | zulufriend / ISTOCK

Eso para quienes aman el agua, aunque también existen actividades para los que son de secano. La más común: explorar la región a pie o en bicicleta, esos campos infinitos en los que pastan los ganados, salpicados por pintorescas aldeas que esconden miles de secretos. Como el de la gastronomía alentejana, una de las más sabrosas del país vecino.

Barcos-casa

Pero si hay algo que hace posible este embalse es una fórmula de vacaciones inédita y sorprendente: la de convertirse en capitán de barco para apreciar la magia del paisaje desde la perspectiva del agua. El coqueto puerto de Amieira Marina, junto a la población ribereña de Amieira, ofrece alquiler de lo que llaman barcos-casa.

Barco en el Gran Lago Alqueva | inaquim / ISTOCK

Se trata de unas embarcaciones desde dos hasta doce plazas, equipadas con todo lujo de detalles: camarotes con camas dobles o gemelas, salón con sofá convertible en cama supletoria, baños individuales para cada dormitorio, cocina completa con frigorífico, fuegos a gas y horno, televisión, radio... y hasta una barbacoa en la cubierta. Y lo mejor es que pueden ser tripuladas por cualquiera sin necesidad de título ni de experiencia. Bastan unas indicaciones prácticas de menos de una hora... y a navegar.