El Danubio: la arteria de la cultura de Austria

En los 350 kilómetros que atraviesan el país, el río ha creado uno de los paisajes culturales más bellos de Europa

Redacción VIAJAR
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Foto: bluejayphoto / ISTOCK

Solo unos pasos más y ya podrás verlo. Más allá de los árboles, hasta la plataforma de observación, y luego: coge aire. Respira. Saca la cámara de tu mochila y disfruta de las vistas. Como si un pintor hubiera inmortalizado toda la belleza del mundo en un lienzo, así es como se ve el Danubio a nuestros pies.

Viene desde el punto más lejano, fluye hacia nosotros, traza una curva perfecta y luego decide seguir su curso hacia el fondo del paisaje para desaparecer de nuestra vista.

La "tierra sobre el río"

El Schlögener Schlinge es el meandro más famoso del Danubio y una obra maestra de la evolución, una coproducción del viento y el agua y unos cuantos millones de años. Pero, ¿qué es exactamente el Danubio? Se trata del segundo río más largo de Europa, con 2.888 km de longitud. Y también es el más internacional del mundo, pues desde su nacimiento en la Selva Negra hasta su desembocadura en el Mar Negro, el Danubio atraviesa un total de diez países.

Schlögener Schlinge | SeppFriedhuber / ISTOCK

También es el único río en Europa que viaja de oeste a este, pero, sobre todo, el Danubio es la arteria de Austria aunque solo fluya con 350 kilómetros a través de la "Land am Strome" (la tierra sobre el río), según entona su himno nacional.

Cuando pensamos en Austria, la mayoría enseguida piensa en sus montañas, sin embargo, es el Danubio quien ha marcado este país con mucha más fuerza. Los romanos ya lo utilizaban como vía fluvial, y los bienes y las visiones del mundo ya llegaban al país a través del Danubio.

El hecho de que el río creara un microclima suave con suelos fértiles atrajo a la gente a sus orillas desde el principio de los tiempos. Construyeron castillos y palacios, fundaron asentamientos y planificaron ciudades. Y así, se creó un paisaje cultural único.

Monasterio de la Abadía de Klosterneuburg | Stefan Rotter / ISTOCK

Al viajar hoy en día por las regiones de Innviertel o Kremstal o por el valle Wachau, siempre tenemos la sensación de que una mano invisible ha creado esta gran maravilla: las colinas y las poblaciones, los huertos de albaricoques y los viñedos, los bosques y los campos, y el Danubio en el medio. Los devotos y los piadosos también sintieron la armonía que emana de este río desde el principio. Vinieron y construyeron monasterios como los de Engelszell, Wilhering y Klosterneuburg. Quizás tenían la sensación de estar un poco más cerca de Dios en el Danubio.

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Un río al compás de tres por cuatro

Cuatro países cantan sobre el Danubio en sus himnos nacionales: Austria, Hungría, Croacia y Bulgaria. No es de extrañar que los artistas también se sintieran inspirados por el Danubio. Ha sido pintado y descrito en la poesía, y ciertamente hay más leyendas sobre el Danubio que curvas.

Pueblo de Dürnstein en Valle de Wachau | bluejayphoto / ISTOCK

Ya a principios del siglo XIX, los pintores trasladaron sus caballetes a los prados del valle Wachau, como Emil Jakob Schindler o Robert Russ. Joseph Haydn e Ignaz Joseph Pleyel quedaron hechizados por él, y Johann Strauss compuso un himno para este río al compás de tres por cuatro, que se ha convertido probablemente en el vals más famoso de todos los tiempos: "El Danubio Azul". Se trata del himno nacional secreto de Austria y la melodía con la que todo el país comienza el Año Nuevo. El vals ha llegado incluso al espacio como la banda sonora de "2001: Una odisea del espacio" de Stanley Kubrick.

Las huellas del pasado

El pasado y el presente confluyen aquí, y por ello esta región austríaca del Danubio es tan atractiva. Bastan un par de minutos para salir del aquí y ahora y sumergirse en épocas pasadas. Las huellas de los romanos todavía son visibles, por ejemplo, en el asentamiento de Favianis en Mautern o en la ciudad romana de Carnuntum.

Ruinas de la ciudad romana de Carnuntum | Stefan Rotter / ISTOCK

Solo queda una ruina del Castillo de Dürnstein, pero no se necesita mucha imaginación para imaginar cómo Ricardo Corazón de León estuvo cautivo detrás de sus desafiantes muros. La Abadía benedictina de Melk abruma a sus visitantes de inmediato, ya que este edificio barroco, considerado quizás el más bonito del país, es desde hace mucho Patrimonio mundial de la UNESCO.

Castillo Kuenringer | Flavio Vallenari / ISTOCK

Y, por supuesto, en algún momento nos viene a la mente Sisí cuando tomó el barco de vapor a Linz para saludar a su Francisco José antes de la boda. En general, ese fue el momento en que el Danubio escribió la historia del mundo: conecta Viena y Budapest, las dos grandes metrópolis de los Habsburgo y le dio su nombre a la Monarquía del Danubio.

Abadía benedictina de Melk | rusm / ISTOCK

Entre el Barroco y el Ars Electronica

A día de hoy, el valle del Danubio y sus paisajes siguen siendo el corazón de Austria. Aunque la región apenas abarca el 15 por ciento del territorio nacional, alberga alrededor de la mitad de sus ocho millones de habitantes. La región del Danubio con la capital, Viena, también se considera el motor económico del país.

Viena | pressdigital / ISTOCK

Y así como el río une los siglos, también vincula muchas otras cosas con facilidad: los cuartetos de cuerda de Haydn con los animados sonidos del festival Ars Electronica de Linz, la pompa de la colegiata barroca con la arquitectura minimalista del Paneum en Asten, una cena exquisita en un restaurante de la guía GaultMillau con un simple almuerzo en una posada, y senderos para bicicletas de montaña eléctricas con un romántico recorrido a borde de un vapor de ruedas bajo el mando de un capitán de una de las compañías navieras del Danubio.

El hecho de que el Danubio siempre haya sido un lugar donde satisfacer nuestros anhelos también tiene que ver con su carácter. Rara vez es salvaje y nunca impredecible, en cambio, generalmente fluye en silencio. Esa es una de las razones por las que la gente siempre se ha sentido atraída por el río.

Valle de Wachau | Stefan Rotter / ISTOCK

A mediados del siglo XIX, los vieneses empezaron a tomar prestados los barcos de pesca del Danubio durante los fines de semana para explorar sus tranquilos afluentes. Pronto llegaron los turistas y los veraneantes, y así sigue siendo a día de hoy. Podemos dar una vuelta en bicicleta eléctrica por el sendero para bicicletas Donauradweg o emprender el sendero Donausteig o el camino de los emperadores y reyes Straße der Kaiser und Könige. O no hacer nada y relajarte en uno de sus numerosos baños o en una playa junto al río.

Luego nos sentamos con una copa de vino del valle de Wachau, un pan de payés y un poco de queso, miramos el agua y vemos pasar las horas. Cada vez que pasa un barco, oímos el murmullo de las olas que llegan, la primera más fuerte, las dos siguientes más silenciosas, mientras golpean suavemente la orilla. Si cerramos los ojos y escuchamos con atención, casi podríamos pensar que lo están haciendo al compás de tres por cuatro.