Culto al silencio: hoteles sin cobertura

Fuera móviles, tablets y televisión: la desconexión existe. Los hoteles y casas rurales sin cobertura son todo un aliciente para aquellos que necesitan detener el tiempo y disfrutar de él. Lejos de la ciudad, la Naturaleza arropa con sus propios sonidos. La calma y el descanso total llegan cuando se pueden contar, en silencio, las estrellas.

Silvia Roba
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Foto: viajar

No resulta fácil encontrar un rincón en el mundo sin cobertura para el móvil, wifi o televisión. Y, sin embargo, cada vez son más los que ansían hallar un lugar así, ese paraíso detox donde lo único que se escuche sea el canto de los pájaros y no el sonido de un mensaje de whatsapp. Olvidarse del estrés habitual, romper con las rutinas de trabajo y, sobre todo, poder poner en tu perfil de redes sociales un no estoy para nadie es lo que mueve a muchos viajeros a buscar ese sitio apartado de todo y de todos, en el que se valore más una buena charla bajo las estrellas que vivir pendiente del reloj.

En Ses Sucreres es posible. Construida en 1844 en el barrio de Ferreries, en el centro mismo de Menorca, esta antigua casa señorial ha sido rehabilitada con materiales y productos ecológicos por Ignasi y Stéphanie, sus propietarios. Para ellos lo más importante es lograr que sus huéspedes se sientan como en casa, propiciar su descanso y su bienestar físico y sensorial. Amantes de la tertulia, y también del arte, son los anfitriones perfectos para los recién llegados a la isla, que descubrirán muy pronto que sin tele se puede sobrevivir.

Ses Sucresres

Cuenta con seis habitaciones luminosas, tranquilas y espaciosas, en las que quizás lo más importante es lo que no se ve, esos detalles intangibles que permiten a los clientes aprender a disfrutar del paso de los días con sencillez. Idéntica premisa comparte el Hotel Petit Maó (hotelpetitmao.com), en el centro histórico de Maó, lo suficientemente cerca de las playas del Norte –Es Grau, cala Tortuga, cala Presili, Sa Mesquida–, pero lo suficientemente lejos. En sus seis habitaciones todo es luz.

Desconectar de las antenas y conectar con el entorno. Esa es la filosofía de Mas del Bot, un hotel natural y moderno en Valderrobres, en la comarca del Matarraña, en Teruel. ¿Hemos dicho natural? Pues sí, porque este establecimiento tiene una peculiaridad: está hecho de balas de paja superpuestas sin utilizar pegamentos ni pinturas químicas. Más ecológico y sostenible, imposible. El tejado del hotel, de solo cuatro habitaciones, ha sido realizado con tierra, lo que reduce la necesidad de usar el aire acondicionado durante el verano. Aquí tampoco hay televisión, por supuesto, y la cobertura es más bien justita, igual que el wifi, que viene y va. Aunque muchos no lo sepan, Teruel existe.

En el valle del Olba abre sus puertas otro reducto para la paz más absoluta: La Casa de los Moyas, levantada hace varios siglos, con sus paredes de piedra, a orillas del río Mijares. De sus aguas se abastecen las huertas de los algo más de 200 vecinos del pueblo, entregados en cuerpo y alma al slow life. Hay más hoteles en los que casi se escucha el silencio sin salir de Aragón. Nos gusta especialmente La Demba, en Abizanda (Huesca), en la comarca del Sobrarbe.

Un lugar respetuoso con el medio ambiente, con una fuerte apuesta gastronómica de Kilómetro Cero. Cuenta con biblioteca, sala de lectura, un rincón para jugar al ajedrez... estancias pensadas todas para regalar a los huéspedes el bien más buscado por la sociedad en la que vivimos: el tiempo. Cada una de sus habitaciones, decoradas por otros tantos artistas, tiene su propia personalidad. ¿Nuestra favorita? La llamada Formas, la habitación cómoda, la del sosiego, un espacio diferente que invita al reposo, que invita a pensar.

David Heras

Aunque para pensar y olvidarse, esta vez sí, del mundo que nos rodea, tal vez haya que subirse a lo alto de un roble y hacerse el desaparecido. Eso es lo que propone Dormir en los árboles, en Villasbuenas de Gata (Cáceres), que ofrece tres cabañas con terraza para disfrutar de noches increíbles de brisaterapia en medio de un bosque que bien pudiera estar encantado. Primar el culto al silencio es lo que lleva haciendo desde hace años la casa rural La Almendra y el Gitano, en Agua Amarga (Almería).

Es, según sus propietarios, “un oasis lleno de magia” en medio justo del desierto, sin carreteras ni edificios a la vista; un oasis que se pierde, a lo lejos, entre las ondulaciones que conforma el paisaje del Parque Natural Cabo de Gata. Tampoco hay ruidos: todas las estancias están aisladas acústicamente. Las más solicitadas son siempre las suites, con jacuzzi propio, aunque pocas cosas hay tan relajantes aquí como contemplar el amanecer o la puesta del Sol junto al aljibe.

Viajar

Sentirse parte integrante de la Naturaleza es lo que, sin duda, más puede ayudar a todos aquellos que quieren cambiar su estilo de vida por unos días, dejando las prisas a un lado. Huir de las aglomeraciones y estar un poco aislado de todo es lo que conseguirán quienes se alojen en Mas Els Terrats, junto al pantano de Susqueda, en Girona. Hasta aquí se viene a leer un buen libro en la era, a caminar por los senderos de los que es guía oficial a cuatro patas la entrañable Lúa y a charlar con el resto de huéspedes en el porche al caer la noche.

También, a contemplar desde las terrazas el paisaje que rodea la casa; a elegir: las montañas o el río Ter. En Grado del Pico, en Ayllón (Segovia), también existe un lugar ideal para dejarse llevar por el relax total. La Senda de los Caracoles pone a disposición de sus clientes paquetes especiales que incluyen alojamiento en habitación con techos de madera, sin televisión y con vistas a un horizonte verde, y una amplia carta de tratamientos en su Spa, perfectos para recuperar energías y liberar la mente.

Dos pilares básicos para estar off que conseguirán también quienes se alojen en Mil Madreñas Rojas, no apto para adictos a Internet. Ni wifi, ni tele, ni móviles. En esta casa de Palacios del Sil, en León, el descanso que se consigue supera cualquier expectativa. Solo hay que elegir uno de los cuatro apartamentos disponibles: Recuélamo, Tambarón, Brañalibrán o Valdiglesia, desde cuyas ventanas se disfruta de un espectacular atardecer. Si alguien tiene dudas, puede estar tranquilo: aquí no hace falta poner en la puerta el cartel de Por favor, no molestar.