Cruceros, ferrys y carreteras de montaña

Las carreteras que serpentean entre los fiordos, aunque estrechas, se encuentran en los meses cálidos en estado impecable, y cuando el agua impide continuar siempre aparece algún ferry en un tiempo prudencial en el que embarcar el coche para continuar por la otra orilla. Esta red de ferrys, razonablemente baratos para los precios que se gasta el país y con más frecuencias en verano que en invierno -cuando cierran muchas de sus carreteritas de montaña-, se convierten en una excelente alternativa a los cruceros ya que algunos de sus recorridos cubren de arriba abajo algunos de los fiordos más espectaculares, como el que une en tres horas Gudvanger con Laerdal surcando lentamente todo el fiordo de Naeroy, o el que liga Hellesylt con Geiranger a lo largo del fiordo del mismo nombre, ambos Patrimonio de la Humanidad y tan estrechos que las abruptas moles pétreas que los encierran hacen empequeñecer a los ferrys y hasta a los enormes barcos de cruceros que con el buen tiempo se adentran por sus aguas. También son numerosos los ferrys que salvan distintos tramos del igualmente imprescindible fiordo de Sogne, el más profundo (1.308 metros) y el más largo (204 kilómetros), con sus ramales más cautivadores de Aurland y el ya mencionado Naeroy, por cuyas aguas lisas como un plato se reflejan como en un espejo las cumbres que los envuelven, nevadas hasta bien entrada la primavera.
Todos estos fiordos figuran como escalas habituales de los cruceros por la costa noruega, que brindan la alternativa quizá más cómoda para recalar por ellos gracias a la impagable ventaja de viajar con la casa a cuestas y evitarse hacer y deshacer maletas o tener que organizarse las visitas por la zona porque éstas ya están previstas en la ruta del crucero, que al tocar tierra ya tienen a punto los autobuses con los que desplazar a sus pasajeros a las famosas iglesias medievales de madera que salpican la zona o acercarles a los pies de otros alicientes de estos pagos, como los hielos azulados del glaciar Jostedal, el más extenso de Europa continental. Y todo ello casi siempre incluido en el precio del crucero, lo cual vuelve doblemente accesible este país de precios tan soberanos como su naturaleza.
Otra alternativa muy noruega para navegar por los fiordos son los barcos Hurtigruten, que desde Bergen fondean a lo largo de la costa hasta Cabo Norte, permitiendo hacer el crucero completo o, mejor todavía, eligiendo sólo algunos de los tramos más espectaculares de su recorrido. Los que, sin embargo, opten por moverse a su aire, sea en su propio vehículo o en un coche de alquiler, tendrán como infinita recompensa el placer de pasmarse ante el vigor de las cascadas que de repente asoman por una carretera cualquiera en la época del deshielo, rebotando entre las rasgaduras de la piedra o lanzando su vaporoso tul de agua en caída libre desde lo más alto; de dar con una terracita a orillas de un lago que irradia una paz infinita y detenerse allí a cenar, o de conducir por carreteritas anónimas que se ajustan a las laderas para desembocar en un escenario sublime de riscos de granito y poder paladear su irrealidad sin testigos, o casi.