El crucero fluvial que navega por el segundo río más grande de Europa y que junta vino, ciudades imperiales y monasterios de película
A orillas del Danubio descubrimos ciudades como Viena, Bratislava o Budapest; abadías como la de Melk, que con su majestuosa biblioteca nos traslada a las páginas del libro ‘El nombre de la rosa’; o zonas de viñedos de una belleza prístina y patrimonio de la Unesco como el valle del Wachau.

El Danubio no es el río más largo de Europa, ese honor se lo lleva el Volga (que le supera en más de 800 kilómetros), pero de lo que sí puede presumir es de ser el más internacional, puesto que cruza un total de 10 países entre los que nos encontramos con Alemania, Austria, Eslovaquia o Hungría. Y hoy nos subimos al crucero fluvial más lujoso que surca sus aguas, el Riverside Mozart, para conocer Bratislava, visitar la abadía de Melk o recorrer en bici el valle del Wachau.

Con 120 metros de eslora y casi 23 de manga, este barco perteneciente al grupo Seaside Collection, es el crucero más grande que navega por este río, quedando en las diferentes esclusas a escasos centímetros de los muros de contención. Sus camarotes, que aquí se llaman suites, miden desde los 19 metros cuadrados hasta los 82, y un mayordomo se encarga de cualquier necesidad que puedan tener los huéspedes las 24 horas del día. Cuenta, además, con una cocina excepcional bajo la batuta del chef Johannes Bär. Y, la excelencia, se constata en su spa, con una coqueta piscina y un jacuzzi que llevan al viajero al clímax tras cualquiera de los masajes o tratamientos de belleza ofrecidos con productos de Natura Bissé.
Este palacio flotante realiza diferentes itinerarios que varían en función del número de noches contratadas. Nosotros, por ejemplo, embarcamos en Budapest y pasamos una noche de navegación hasta llegar a Bratislava, nuestra primera parada.

La capital de Eslovaquia nos da la bienvenida con su espectacular castillo situado en una de las colinas que abrazan a la ciudad y el puente OVNI, que en su parte superior alberga una especie de platillo volante que, además de mirador, cuenta con un restaurante. Eso sí, los locales advierten que, por su precio excesivo, no se lo recomendarían ni a su peor enemigo. Arrancamos nuestra visita a poca distancia del muelle, en la Ópera de Bratislava, conocida oficialmente como el edificio histórico del Teatro Nacional Eslovaco. De estilo neorrenacentista fue inaugurado en 1886 como Teatro Municipal y en su fachada pueden verse los bustos de famosos compositores musicales, así como un grupo escultórico de Talía (musa de la comedia) y otras figuras infantiles (los famosos putti). A la entrada del teatro también puede verse la fuente de Ganimedes, proyectada por el escultor austriaco Viktor Tilgner.
En el centro histórico lo que más llama la atención a los viajeros son las diferentes esculturas que se han convertido en auténticos símbolos de la ciudad. La más famosa es, sin duda, la de Cumil, también conocida como el vigía, que representa a un obrero saliendo de una alcantarilla y descansando mientras echa un vistazo a las calles repletas de gente.

Schöne Náci es el nombre de otra de las esculturas más míticas. Situada al lado de la pastelería Kormuth Confectionery muestra a Ignác Lamár, un personaje real que, según cuenta la leyenda, siempre iba vestido de punta en blanco y se dedicaba a saludar a toda mujer con la que se cruzase.

A pocos pasos se encuentra la catedral de San Martín y el Ayuntamiento Viejo. La primera ha sido testigo de la coronación de 19 reyes y 8 reinas de Hungría entre 1563 y 1830 y cuenta en su parte superior con un bonito chapitel dorado que simboliza la corona de San Esteban; el ayuntamiento, por su parte, es el edificio más viejo de Bratislava y se cuenta que durante la edad media, su campana servía para alertar sobre incendios y ataques.
Otro de los imprescindibles de la ciudad es el palacio Primacial, que fue residencia arzobispal y hoy alberga el ayuntamiento de la ciudad, así como diversas exposiciones. En uno de sus patios, la estatua de San Jorge da la bienvenida a los visitantes y hay quien asegura que, cada 23 de abril, cobra vida para inclinarse ante los ciudadanos.
Llega la hora de volver al Riverside Mozart para poner rumbo al siguiente destino: Austria y la abadía de Melk. En lo alto de un promontorio, este monasterio benedictino refulge incluso en los días más oscuros gracias a su color amarillo brillante.

Melk: una abadía 'de película'
Corría el año 1089 cuando Leopoldo II de Austria entregó uno de sus castillos a los monjes benedictinos de la abadía de Lambach: nacía así la abadía de Melk. Un siglo más tarde se creó la escuela (que sigue abierta en la actualidad y acoge a casi un millar de estudiantes) y la biblioteca, auténtica joya que alberga una extensa colección de manuscritos y que, para cualquier admirador de Umberto Eco, puede recordar a la que aparece en ‘El nombre de la Rosa’. Además, y como homenaje a la abadía, el italiano llamó Adso de Melk a uno de los protagonistas de su famosa novela.

Aquí resulta interesante contratar una visita guiada que va recorriendo algunas de las estancias más impactantes de la abadía y ofrece un recorrido cronológico por su historia. El salón del Mármol, por ejemplo, es un ejemplo sobresaliente del arte barroco, con impresionantes frescos en el techo y pintura ilusoria magistral. También se pueden disfrutar diferentes exposiciones temporales y, con la llegada del buen tiempo, del parque de la abadía y su pabellón barroco.
El Escorial austriaco: Klosterneuburg
Melk no es la única abadía que se visita en este crucero a bordo del Riverside Mozart. A pocos kilómetros al norte de Viena, el barco también hace parada en Klosterneuburg, monasterio declarado Bien de Interés Cultural de Austria y conocido por muchos como ‘El Escorial austriaco’.

Fundado en 1114, este monasterio agustino destacó ya en sus orígenes por combinar la tradición monástica con la producción de vino; de hecho, se dice que ostenta el honor de ser la bodega más antigua del mundo occidental en funcionamiento. Sus vinos, especialmente de la variedad Grüner Veltliner, pueden degustarse y probarse tanto en diferentes visitas guiadas y catas que se llevan a cabo en sus bodegas abovedadas.
Viñedos en el valle del Wachau
Y, hablando de vino, no podemos dejar de mencionar el valle del Wachau, que entre Melk y Klosterneuburg va descubriendo al viajero un paisaje de viñedos en terrazas que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Conocido también como la Toscana austriaca, el paisaje muestra también impresionantes castillos y encantadores pueblos medievales a ambas orillas del Danubio.

El crucero va llegando a su fin y toca volver a la realidad, pero todavía queda tiempo para una última excursión por Viena, antes de volver a España. Cualquiera que haya puesto un pie en esta bella ciudad imperial sabe que se necesitan varios días para poder descubrir todos sus secretos, pero, desgraciadamente, en esta ocasión nos tendremos que conformar con un paseo por el centro histórico en el que veremos la catedral de San Esteban, el palacio de Hofburg, la Biblioteca Nacional Austriaca y la Ópera Estatal.
Dejamos atrás Viena (aquí te dejamos un tip que te permitirá conseguir entradas para su famosa Ópera por 3 euros), el Riverside Mozart, el crucero fluvial que navega por el segundo río más grande de Europa y que junta vino, ciudades imperiales y monasterios de película, y confirmamos que esta experiencia es una verdadera joya para los amantes de la cultura, la historia, el vino y, por supuesto, el lujo más exquisito.
Síguele la pista
Lo último