Costas y bahías para sentir la belleza y vivir aventuras

Jaime González de Castejón

La provincia de Phang-Nga es otro de los rincones tailandeses de aguas en perpetua tranquilidad y secretos insospechados todavía por descubrir. Fue una de las zonas más castigadas por el trágico tsunami del año 2004, y aunque algunos de sus centros turísticos volvían a funcionar a los pocos meses, otras zonas del litoral -donde las olas se adentraron hasta cuatro kilómetros hacia el interior- siguen necesitando una notable ayuda humanitaria para la reconstrucción de hogares y barcas de pesca.

Aunque pueda parecer que se trata de una variación más sobre el mismo tema, la morfología peculiar de su paisaje marítimo es lo que diferencia y distingue a la impronunciable Phang-Nga. Sus caprichosos escollos calizos diseminados en un armónico desconcierto, hundidos, emergentes o colgados en poses imposibles le confieren una extraña e inquietante belleza propia. Muchos de los archipiélagos esconden en sus pliegues rocosos grutas acuáticas que durante las mareas bajas muestran sus intrincadas entrañas a través de pasadizos y cámaras ocultas; un lugar realmente idílico para todos aquellos con ganas de jugar a intrépidos exploradores deslizándose en canoas por los escenarios de sus películas de aventuras favoritas. También resultan muy populares en esta zona el trekking en elefante y las visitas a ciertas cuevas calizas marcadas con caligrafía y figuras primitivas.

Las costas occidentales de la provincia miran hacia mar abierto, mientras que su litoral norteño queda más resguardado y protegido en un recodo del Mar de Andamán, frente a la provincia de Krabi. Sus principales atractivos turísticos -dos grupos de islas y una bahía espectacular- han sido declarados Parques Nacionales Marinos. Por un lado se hallan las Islas Similan y las Islas Surin, ambas a una distancia de aproximadamente una hora en dirección al poniente desde las apacibles y hoteleras playas de la costa de Khao Lak. Los psicodélicos arrecifes de estos archipiélagos, mundialmente reconocidos, presentan uno de los más potentes reclamos para submarinistas, con algunas de las colonias de coral mejor desarrolladas del país y fondos marinos de entre dos y treinta metros de profundidad.

Por otro lado, en la cara interior de la provincia se encuentra la espectacular bahía de Phang-Nga, donde se han rodado varios largometrajes internacionales, entre ellos El hombre de la pistola de oro , uno de los glamourosos episodios de la ajetreada vida del agente británico 007. Hoy muchos de los itinerarios turísticos de la zona incluyen un viaje en barca hacia la que ha quedado contundentemente bautizada como Isla de James Bond -antes Ko Phing Kan o Isla Recostada Sobre Sí Misma-, que se halla frente a un impresionante y muy fotografiado peñote con forma de aguja gigantesca, llamado Koh Ta Pu, clavado en medio de las aguas verdoláceas y enmarcado por los frondosos riscos de caliza que caen a pico sobre el mar.