Costa Rica, puro edén

Las gentes de Tortuguero muestran orgullosas la naturaleza desbocada que este parque despliega entre canales de agua dulce y el mar Caribe.

Elena Ortega
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Foto: Gonzalo Azumendi

En la provincia de Limón, al este de Costa Rica, una larga lengua de bosque tropical flota sobre el mar. A su alrededor, innumerables canales se pierden en la densa selva. Estamos a punto de adentrarnos en una de las áreas más ricas en flora y fauna del país. Y eso es decir mucho, ya que el hogar de “los ticos” cuenta nada menos que con el 6 % de la biodiversidad mundial y con más de 20 zonas protegidas o, lo que es lo mismo, una cuarta parte de su territorio.

Este parque costero de 312 kilómetros cuadrados custodia la anidación de la Chelonia Mydas, comúnmente conocida como tortuga verde, que mide hasta un metro de largo y llega a pesar 200 kilogramos. Además, preserva las más de 2.000 especies de plantas, 400 árboles, 400 aves y el resto de especies marinas y terrestres que en él habitan: caimanes, monos aulladores, tucanes, perezosos, iguanas, nutrias, jaguares, tolomucos o la emblemática rana arbórea de ojos rojos.

Tortugas negras, Costa Rica  | Gonzalo Azumendi

Después de haber atravesado el Parque Nacional Braulio Carrillo y las extensas plantaciones de plátanos levantadas alrededor de las antiguas vías del ferrocarril que unía San José con Puerto Limón, el sencillo embarcadero de La Pavona es la única vía, junto a la aérea, para llegar hasta el Parque Nacional de Tortuguero, manteniendo así la autenticidad de su pasado.

A bordo de una lancha recorremos el estrecho río La Suerte para continuar, entre cocoteros y cacaos, por el caudaloso caño Harold y acabar en los canales de Tortuguero. Un trayecto de una hora ante un paisaje que muta a medida que avanzamos por la jungla de camino al Caribe norte costarricense. El barco zigzaguea sobre las aguas teñidas de color chocolate por las lluvias tropicales abriéndose paso entre la vegetación más pura. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que el lema de Costa Rica no es solo un modo de vida. ¡Pura Vida! Y la vida local también fluye custodiada por estos manglares, en botes que transportan personas, mercancías y alimentos hasta las comunidades más aisladas de la región.

Paseo en Kayak, Costa Rica  | Gonzalo Azumendi

Los canales de Tortuguero arrancan en la confluencia de dos ríos, configurando un ecosistema único. “Hemos entrado en el parque nacional”, anuncia el guía de la lancha, “aquí hay muchas normas de conservación”. Nos encontramos en una de las áreas más húmedas del país, con lluvias anuales que superan los 6.000 mm. “Aunque suele llover menos entre enero y marzo, no hay época seca”. Los espesos boscajes son el resultado del agua que los riega constantemente.

Un recorrido en kayak a través del sistema de los caños, que conectan ríos y lagunas, permite ensimismarse con la vegetación y fauna autóctonas más detenidamente, aportando una perspectiva muy diferente del lugar. Cruzándonos con los barquitos de aquellos que optan por paseos tranquilos para observar a todas las criaturas que habitan en el entorno, penetramos por los canales laberínticos donde las embarcaciones más grandes no llegan.

Dos ejemplares de jacana, Costa Rica  | Gonzalo Azumendi

“Algunos canales son artificiales”, comenta Mauricio Vargas, guía de turismo de aventura. “Se abrieron para la extracción y transporte de árboles cuando la industria maderera se instaló aquí en los años 40”. Mauricio lleva más de 20 años realizando recorridos por los canales de Tortuguero. “Disfruto cuando los turistas se asombran con las maravillas del parque”. Su alegría se hace evidente cada vez que avista un animal.

“Están en su hábitat, por lo que no siempre es fácil verlos a todos”. Es el caso del Martín pescador, que salta de rama en rama chapoteando en el agua por unas milésimas de segundos para luego desaparecer. En la orilla serpentea una anhinga, “se la conoce como pájaro serpiente por la forma fina y curvada de su cuello”. Mauricio, además, guía excursiones al atardecer: “El ambiente es muy diferente, por lo que también conviene navegar por la noche”. Los caños Chiquero, Mora, Laguna o Palma ofrecen algunos de los rinconcitos en los que disfrutar de la naturaleza íntimamente.

Mostrando uno de los árboles de las 400 especies que hay en el Parque Nacional Tortuguero durante una excursión. | Gonzalo Azumendi

En soledad, el silencio tan solo es irrumpido por los ecos de la selva. Los basiliscos corren fugaces por los manglares. De los árboles cuelgan sorprendentes nidos de oropéndolas como grandes cestas trenzadas por estas elegantes aves tejedoras. Nuestro guía tiene una poderosa vista para encontrar cualquier ejemplar de la fauna mimetizada con los infinitos verdes y así poder mostrarla a los turistas.

Cuando el cielo explosiona en mil tonos anaranjados, aparecen las criaturas nocturnas. Los murciélagos reemplazan a las aves, las mariposas nocturnas a las diurnas, los sapos se camuflan entre grandes hojas y los ocelotes y jaguares aguardan cautelosos en la espesura. Otra opción para celebrar la caída del día es subir a bordo del Kanawa, un barco donde cenar a la luz de una luna caribeña navegando al compás de los sonidos selváticos.

La esencia de Tortuguero

El Parque Nacional de Tortuguero está formado por 80.000 hectáreas, 30.000 son terrestres y 50.000, marinas. De ellas tan solo se puede visitar un 7 %, el resto es bosque virgen.

En kayak por los canales del Parque Nacional de Tortuguero. | Gonzalo Azumendi

Cuentan que cuando Cristóbal Colón llegó al Caribe, en 1503, mencionó que había tantas tortugas que estas se amontonaban en el mar. Tres siglos más tarde, el deseo de comerciar con ellas, para el consumo de su carne y huevos y para la fabricación de joyas y otros objetos con sus caparazones, fue el origen de las poblaciones de la zona, que casi acaban con la especie.

Asimismo, la industria maderera provocó daños en el terreno con la apertura de los canales, los cuales se han regenerado por completo. En 1975 se creó el parque nacional para proteger el territorio así como a sus moradores, y todo cambió. Actualmente las tortugas siguen siendo el principal recurso económico gracias al turismo, y el topónimo de Tortuguero ha podido reinventarse.

 Hotel Mawamba Lodge, Costa Rica | Gonzalo Azumendi

Hasta la playa de arenas negras de Tortuguero llegan cuatro especies de tortugas para depositar sus huevos: verde, carey, baula y cabezona. Para ello excavan agujeros en los que depositan más de 80 huevos por cavidad y después los cubren con arena ayudadas por sus aletas. La incubación durará entre 50 y 75 días. Durante las noches de los meses de julio a octubre, y siempre acompañado de un guía autorizado, puede presenciarse el espectáculo del nacimiento de cientos de tortugas verdes. Solo una de cada mil llegará a adulta.

Junto a la playa, el sendero de El Jaguar recorre 2,5 kilómetros acariciado por la selva y las impetuosas olas. Es el utilizado para la contemplación del desove de las tortugas. En él se encuentra el Centro de Conservación de Tortugas, que da a conocer los proyectos para el cuidado de estos reptiles marinos.

Hazel Rankin Trabajadora en el Centro de Conservación de Tortugas, Costa Rica  | Gonzalo Azumendi

Desde el Cerro de Tortuguero, situado en un volcán extinto a 119 metros de altura, se obtienen estupendas panorámicas de la playa y de los canales del parque. A ambos lados del canal principal se reparten hotelitos compuestos por cabañas de madera junto a una hilera de hamacas que se balancean al ritmo de los gemidos de la jungla.

San Francisco y Tortuguero son dos de los pequeños poblados en los que vive parte de la comunidad local. En este último, el más grande, coloridas casitas de madera se distribuyen a lo largo de una calle de tierra donde ebulle la vida de sus 700 habitantes. Grupos jugando al dominó, niños de camino a la escuela, familias paseando… A un lado, el mar irrumpe con su bravura en la playa, y al otro, la laguna mansa del canal induce a una hipnótica calma.

Pueblo de Tortuguero, jugando al dominó en sus calles | Gonzalo Azumendi

En este litoral caribeño aún hay huellas del pasado maderero. Restos de las maquinarias utilizadas a mediados del siglo XX se exhiben a modo de esculturas de otros tiempos ya muy alejados de los actuales en los que lo que prima es la protección. Para seguir contribuyendo con ella, el 98 % de las energías que utilizan en el poblado son renovables e incluso hay un centro de reciclaje por el que pasa toda la basura de la zona. Resulta interesante visitarlo para comprender el nivel de compromiso del país con el medioambiente. De hecho, en Costa Rica el 99 % de su energía eléctrica proviene de fuentes renovables, de las cuales la mayor parte es hidroeléctrica.

De regreso a la única calle del poblado de Tortuguero, compartida tanto por peatones como por bicicletas, la vorágine silvestre de este parque nacional nos atrapa de nuevo. ¡Qué fortuna vivir en ese edén desmedido