Costa Daurada: patrimonio para todos los públicos

Plantarse en el circo donde luchaban los gladiadores de Tarraco o alcanzar en 4x4 las pinturas rupestres de las Montañas de Prades; empaparse del día a día de los monjes de Poblet o de los orígenes de Gaudí, disfrutar del vértigo de los “castells” y de la dieta mediterránea, bendecida por la Unesco, al igual que los anteriores, como Patrimonio de la Humanidad. A tiro de piedra de sus playas esencialmente familiares o de “pesos pesados” para niños y no tan niños como PortAventura, los tesoros más valiosos de la Costa Daurada invitan a las familias a descubrir jugando los muchos vaivenes de la historia que ha visto desfilar esta soleada esquina del litoral catalán.

Julia S. Ballesteros
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Foto: LUIS DAVILLA

Romano por un día

No hará falta mucha fantasía para, agachándose al extremo izquierdo de la descomunal maqueta del edificio de la Audiencia, imaginar la impresión que la Tarraco imperial debía causarle a los barcos que se aproximaban a puerto. En primera línea, donde vivían las cerca de 30.000 almas que llegó a sumar en el siglo II la actual Tarragona, el anfiteatro y el circo, perfectamente en pie y abiertos a las visitas. Por encima, en una escenografía del poder que dejaba claro quién mandaba sobre quién, el foro donde se cocía la vida política, ocupado ahora por las encantadoras callejas del casco viejo. Y en lo más alto, justo donde hoy se alza la catedral, el templo de Augusto. La historia, tan soporífera cuando se van enhebrando emperadores y fechas desde el pupitre de clase, cobra vida propia al pasear directamente sobre sus piedras.

LUIS DAVILLA

Al poco de franquear la muralla por el Portal del Roser, esta maqueta encargada tras el reconocimiento de la Unesco será el mejor punto de partida desde el que salir a descubrir la capital de la mayor provincia a lo largo y ancho del Imperio Romano. Podrá, claro, hacerse por libre, dejándoles a los niños el mapa para que vayan ellos localizando la que fuera la plaza del Foro y el anfiteatro, o la Torre del Pretorio que, a través de galerías, descolla en el circo. Y podría si no emprenderse de la mano de los guías de Argos, quienes en función de la edad de los exploradores incidirán con más o menos truculencia en las torturas que sufrían los reos o en las luchas con fieras que, no, a diferencia de cómo lo cuentan en Hollywood, aquí no se hacían con tigres y leones sino con toros, jabalís y animales entonces habituales de la Península como los osos.

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Las actividades para familias que el Museo Arqueológico de Tarragona organiza en su sede temporal del puerto o en yacimientos romanos de la zona: desde recorridos temáticos en los que, pertrechados de un desplegable, colocar las pegatinas de las piezas que se van localizando por sus salas hasta visitas teatralizadas, juegos de pistas y talleres.

La adrenalina del “castell”

jarcosa / ISTOCK

La expresión más vistosa del folclore catalán es un símbolo de cómo la unión hace la fuerza y que tan importante para lograr el éxito es quien anónimamente apoya por la base como el que se luce trepando hasta la cima como si la gravedad no fuera con él. De hasta diez pisos de altura, coronadas por un niño o una niña, estas increíbles torres humanas fueron declaradas hace ocho años Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Cuando se contempla un castell en la tele se diría que la abigarrada multitud de la piña que lo soporta desde abajo casi empuja sin orden ni concierto. Admirándolos de cerca, se aprecia sin embargo que cada posición está medida al milímetro. Tras meses de ensayos, la temporada castellera arranca con el buen tiempo, con demostraciones cada fin de semana por los municipios de la Costa Daurada y en casi cada fiesta, aunque solo los mejores llegarán al Concurso de Castells. Esta exhibición, que tiene lugar cada dos años, se celebrará el 30 de septiembre en la playera Torredembarra y el 6 y 7 de octubre en la antigua plaza de toros de Tarragona, Tarraco Arena Plaça. Las entradas vuelan, hay que estar atento a su venta.

YinCana en el monasterio

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De la tríada de monasterios reales que por Cataluña presiden la Ruta del Císter, solo el de Poblet ha sido bendecido como Patrimonio de la Humanidad. Por libre o de la mano de sus guías se aprenderá de las diferencias antaño entre monjes y legos, o de los saqueos que siguieron a la Desamortización de Mendizábal que se estudia en el cole. Podrá curiosearse desde por las viejas cocinas hasta por el refectorio, la biblioteca o el claustro que siguen utilizando los 28 monjes que residen en esta joya medieval. Tampoco sería mal plan asistir a sus oficios cantados. Aunque, con niños, se hará bien en hacer coincidir la escapada con las visitas familiares en las que padres, hijos, abuelos o tíos hacen equipo a la hora de buscar pistas ocultas por los escondrijos de la abadía.

  • Con niños tampoco te pierdas…

Las espléndidas sierras para caminar o montar en bici de las cercanías de Poblet, con un alto en la encantadora villa roja de Prades o la totalmente amurallada Montblanc, dueña y señora del conjunto medieval mejor conservado de Cataluña.

Caminando a la prehistoria

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Alojado en la antigua prisión del pueblo medieval de Montblanc, el Centro de Interpretación del Arte Rupestre Montañas de Prades reproduce a escala natural las pinturas más representativas que se han conservado por los barrancos de estas sierras. Así, familiarizándose antes con ellas, se disfrutará más la visita a los originales. A pie, siempre con reserva y acompañados de un guía, en algo más de tres kilómetros de caminata desde Rojals se alcanzan algunas de las oquedades y abrigos rocosos que la Unesco, junto a decenas de yacimientos esparcidos desde Cataluña hasta Andalucía, tuvo a bien declarar Patrimonio de la Humanidad en 1998. La suma de todos ellos constituye el mayor conjunto de pinturas rupestres de Europa, amén de un valiosísimo testimonio del paso de cazadores-recolectores a ganaderos y agricultores.

Para entender su significado y aprender desde cómo se conseguían los colores hasta las diferencias entre el estilo levantino y el más esquemático o abstracto, el CIAR propone didácticos talleres familiares. Incluso si se quiere animar a los niños a preparar la visita desde casa, el Museo de Arqueología de Cataluña ha diseñado un juego online con el que asomarlos al mundo de nuestros antepasados.

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La Cueva-Museo de la Font Major no será Patrimonio de la Humanidad, pero su visita resulta de lo más ilustrativa para que los niños, a través de sus audiovisuales y las figuras que recrean escenas de la prehistoria, se pongan en la piel de quienes se cobijaron por esta larguísima cavidad bajo L’Espluga de Francolí. Siempre con un guía, los más intrépidos –a partir de 8 años y pertrechados de un traje de neopreno, casco y frontal– podrán ampliar la visita con la ruta de aventura que se adentra por el río subterráneo.

Gaudí desvelado

Una escultura de bronce en el carrer de Sant Vicenç recuerda al hijo y nieto de caldereros que creció por estas calles y acabó convertido en el más universal de los arquitectos modernistas. Obras a Reus, que sin embargo está sembrada de tesoros del modernismo de la talla de la Casa Navàs o el Instituto Pere Mata, no le dejó ninguna. Sin embargo, en pleno casco viejo abre sus puertas un museo interactivo con el que comprender por la vía lúdica la complejidad de sus creaciones, tantas de ellas en la lista de la Unesco.

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Tras pertrecharse de unas audio-guías, la visita al Gaudí Centre arranca con una proyección en varias pantallas con la que irse familiarizando con las formas de la naturaleza que inspiraron al artista. Si en un museo convencional no dejan tocar nada, aquí habrá que hacerlo a voluntad: hay ingenios y maquetas para jugar con la luz y las texturas, reproducciones que permiten pasearse entre las torres de la Sagrada Familia o las chimeneas de La Pedrera, y hasta del taller donde Gaudí perfeccionó prodigios como sus columnas de doble giro o sus estructuras helicoidales. Pensado como está para niños, el acceso es gratis hasta los 8 años, aunque los mayores podrán adquirir una pulsera entre 8 y 12 € con la que acceder también a espacios tan emblemáticos como el Pere Mata, el campanario de la Prioral o el Museo de Reus, donde los más pequeños disfrutarán como enanos de los gigantes, los nanos o la Mulassa que presiden las fiestas mayores de junio. También, cada segundo sábado de mes, el Gaudí Centre organiza visitas familiares –en castellano en julio y agosto–, donde los críos toman el rol de algún personaje de la vida del arquitecto y, junto a padres y un monitor, van adentrándose en su universo.

A la salida, ya empapados de este estilo que en otros países se llamó Art Nouveau o Sezession, con el mapa que proporcionan en la Oficina de Turismo podrá seguirse la Ruta Modernista de Reus. Y si se quiere también buscar el rastro de los otros primeros espadas que dejaron su huella por el sur de Cataluña, la Ruta del Paisaje de los Genios, además del Gaudí Centre, va hilvanando el Centre Miró de Mont-roig del Camp, el Centre Picasso de Horta de Sant Joan y la Casa Nadiua y Vil·la Museu Pau Casals de El Vendrell.

  • Con niños tampoco te pierdas…

Las visitas teatralizadas que, en fechas regulares o a medida, los actores de Còdol realizan por varios puntos de la Costa Daurada: desde Siurana, con sus historias de traidores y reinas moras saliendo al paso en el recorrido por la aldea, hasta en la joya modernista del Pere Mata o, igualmente en Reus, en la fábrica de Vermut Rofes, donde un atolondrado operario de principios del siglo XX estará a punto de desvelar la receta secreta de esta bebida emblemática de la ciudad que, en los últimos años, ha pasado de ser cosa de abuelos a convertirse en un aperitivo hipster. Más recorridos para familias por la Costa Daurada, con La teva ruta.

S de saludable ¡y sabrosa!

También la dieta mediterránea fue reconocida hace unos años como Patrimonio, en este caso Inmaterial, de la Unesco. En pocos sitios se disfruta de sus sabores como en Cambrils, la capital gastronómica de la Costa Daurada, donde, además de sus restaurantes –infinidad de ellos con facilidades para ir en familia y dos galardonados con estrella Michelin–, grandes y pequeños podrán aprender de la mucha cultura que hay detrás del buen comer.

Si la visita al Molí de les Tres Eres permite ver en marcha los engranajes de un molino harinero de origen medieval, el Museo Agrícola se pasea por la evolución del campesinado y la elaboración del vino y el aceite dentro de una bodega modernista. También su puerto es al atardecer una cita obligada para ir con los niños a ver descargar la cantidad de calamares, lenguados, cigalas o las poco agraciadas aunque sabrosísimas galeras que los barcos acaban de sacar del mar.

El puerto es a su vez uno de los escenarios protagonistas de la Ruta de los Sentidos que la Oficina de Turismo organiza para escuelas, pequeños grupos, personas con necesidades especiales y, por supuesto, familias. En ellas los niños habrán de estar muy atentos a las explicaciones sobre este pueblo de tradición marinera para responder a las pruebas sensoriales que les irán poniendo durante el recorrido. Acierten o no, qué menos que premiarlos con un helado de Antonio Sirvent, asesor del equipo español que, hace unos meses, revalidaba su segundo puesto en el Campeonato Mundial de Helados que cada dos años se celebra en Italia. No son Patrimonio de la Humanidad, ¡pero deberían!

  • Con niños tampoco te pierdas…

Un picnic por el recién acondicionado Parc Samà de las afueras de Cambrils, el jardín botánico que, con plantas exóticas, pavos reales y hasta gamos, el marqués de Marianao, tras hacer fortuna en Cuba, le encargó a un arquitecto que tomó como ayudante a un jovencísimo Gaudí. Incluso proporcionan una cesta para improvisar el aperitivo por sus 14 hectáreas, o también podrá tomarse el vermut en las bodegas de la finca. Mejor, eso sí, hacerlo después de enfrentarse al Laberinto de los Indianos –¡y a las pistas para salirl!– que acaban de plantar entre los maizales.