A Coruña, la esquina atlántica

A Coruña, según el dicho local es la “Ciudad donde nadie es forastero”. Marinera, atlántica y señorial es uno de los sitios imprescindibles de Galicia.

Sibila Freijo
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 Con poco menos de medio millón de habitantes, A Coruña. instalada en una península puede presumir de dos cosas: de tener el Faro Romano en funcionamiento más antiguo del mundo –-La Torre de Hércules-  y uno de los paseos marítimos más largos del mundo (si no el más) donde uno puede caminar tranquilamente tres o cuatro horas al borde del mar, recorriendo paisajes muchas veces salvajes que no parecen estar en el centro de una ciudad.

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Otro de sus múltiples encantos son sus casas, a menudo con fachadas modernistas, o bien con las preciosas galerías blancas que dan fama a la ciudad.

Para disfrutarla, hay que estar al menos un par de días que permitan recorrerla bien y hacer las paradas imprescindibles en restaurantes y marisquerías, pero en un día ya es posible visitar todo el centro sin mayores prisas.

Empezamos nuestra ruta visitando las Playas de Riazor y El Orzán, siempre llenas en verano cuando el tiempo acompaña. Desde allí es posible ir caminado hasta la Torre de Hércules en un paseo que llevará aproximadamente media hora. De camino pasaremos por La Casa de los Peces, es decir el Acuario, imprescindible si se viaja con niños.

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 A la Torre se puede subir, lo malo son los cientos de escaleras pero el panorama es bastante asombroso y se puede disfrutar del mar salvaje batiendo contra las rocas.  Pero no sólo la Torre es la atracción si no que el recinto tiene –además de muchos senderos por los que pasear al borde del mar- numerosas esculturas y construcciones que fueron encargadas a los principales artistas de la ciudad cuando todo el área de Hércules fue rehabilitada. Una de las más espectaculares por su emplazamiento y su significado es " A Rosa dos Ventos” una plaza dando al mar ideada por el artista coruñés Xabier Correa,  en la que están representados todos los países celtas.

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Una vez vistas La Torre y la playa, el viajero debe perderse por el centro de la ciudad, cuya arteria principal son Los Cantones y la calle Real pero sobre todo, La Marina y la Dársena, donde las inmaculadas fachadas con galerías blancas saludan al pequeño puerto deportivo que hay  frente a ellas. 

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Cuando una vez le preguntaron al alcalde Tierno Galván qué cosa se llevaría a Madrid de una ciudad del mundo, escogió La Marina coruñesa.  De la Marina, nos iríamos a la Plaza de María Pita (célebre heroína coruñesa) sede del Ayuntamiento de la Ciudad.

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  A continuación es obligatorio perderse por la Ciudad Vieja, la parte más antigua y marinera (que, como  no, está dando la espalda al mar) llena de casas bajas con galerías y calles estrechas y empedradas por donde es una delicia pasear dado que apenas hay gente.  Allí, en la Ciudad Vieja encontramos dos pequeñas joyas románicas, la Iglesia de Santa María y la iglesia de Santiago y un encantador rincón, la Plaza de las Bárbaras, que es la placita de un convento y probablemente uno de los lugares más bonitos de la Ciudad Vieja.

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Pero el centro de la Ciudad Vieja es sin duda la Plaza de Azcárraga, rodeada de terrazas y bares y muy animada pese a que la zona está siempre tranquila. También hay que buscar otro precioso rincón: El romántico Jardín de San Carlos, con preciosas vistas al puerto y donde reposan los restos de Sir John Moore, que murió luchando mientras defendía el embarco del ejército inglés frente a las tropas francesas de Napoleón.

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Una vez vista la parte noble y antigua de la ciudad, llega la parte de comer y beber. En A Coruña sobran las opciones pero hay que tener cuidado, ya que, como en todas, partes proliferan los lugares turísiticos.

La calle de la Estrella es la principal arteria de tapas de la ciudad. En A Coruña, a diferencia de otros sitios, las tapas se pagan, pero por un euro o dos se soluciona el problema. Y con tres o cuatro uno “ya va comido”. Así que lo típico es ir de bar en bar tomando tapas y vinos. Otra calle muy animada de tapas es la calle de los Olmos, la calle de la Franja pero sobre todo la calle de la Barrera, repleta de  bares por la que los fines de semana es difícil moverse.

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En cuanto a restaurantes en casi todos se come bien, pero hay varios que no fallan. “El Diez” en la Plaza de España es un básico de los coruñeses;  es una casa de comidas sin pretensiones, ofrecen pescados y mariscos del día a precios más que razonables y siempre está lleno. Más elegante y con increíbles vistas al mar es el restaurante de La Domus o La Casa del Hombre que tiene fama de ser uno de los mejores. También el “Alborada”, con una estrella Michelín y el “Arbore de Veira” con vistas también espectaculares. Para mariscos, “El Yéboles” en la zona de María Pita es otro de los de toda la vida y más ecónomico “Casa Suso”.  El mejor pulpo está en la “Pulpeira de Arzúa” al lado de la estación de tren (y vale la pena ir hasta allí sólo por comerlo) Y si se quiere tomar una carne asada de escándalo y probar la tortilla de patata al estilo de Betanzos, “La Penela” en la plaza de María Pita es la mejor opción.

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Tras la comilona, se impone un paseo así que una buena opción es subir al Monte de San Pedro, desde donde se divisan unas increíbles vistas de la ciudad y el mar, un lugar que tiene pocos años pero que ya se ha convertido en sitio de recreo de los coruñeses. Si se quiere evitar la caminata y buenas cuestas que hay que subir para llegar, hay un ascensor que es en sí una atracción.

Y no nos podemos olvidar tampoco del mayor espectáculo del mundo: el mercado de la Plaza de Lugo. Dado que es de los mercados de pescado más grandes de Europa vale la pena pasarse antes de la hora de comer (y no en lunes) y ver todos los pescados de las costas gallegas y los mariscos vivos…Para llevárselo todo.

redacción Viajar