Cornualles: en busca del rey Arturo

Esta región de la Riviera Inglesa trazada de playas, acantilados y pueblos de pescadores está unida a la mítica figura que ha alimentado la literatura y el cine. 

Noelia Ferreiro
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Remoto y misterioso, el  Land’s End o finisterre británico tiene ese halo de mística que destilan todos los lugares que son el fin del mundo. Aquí, en el extremo suroeste de Inglaterra, en este remoto litoral batido por el viento y las olas, la vida parece desolada e insondable, aunque no por ello exenta de belleza. Porque esta tierra, pensarán muchos, ha sido engendrada sólo para románticos incurables, para los que son capaces de estremecerse con la rudeza del clima y el entorno. 

Sin embargo, nada es lo que parece. Hay un lugar llamado Cornualles donde la temperatura se presenta moderada y donde incluso el sol hace acto de presencia mucho más de lo que se imagina. Este rincón encajado entre el océano y la campiña es uno de los tramos costeros más impactantes de Gran Bretaña.

Un territorio hostil

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Playas de arena (nada de guijarros) golpeadas por olas óptimas para el surf; acantilados vertiginosos con vistas que dejan sin aliento y pueblos pesqueros cobijados en profundas bahías dibujan este lugar aún a salvo de las hordas turísticas. Un lugar ideal para abordarse en bicicleta puesto que está atravesado por la Cornualles Coast Path, fácil y con espléndidos paisajes.

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Cornualles, con su posición remota en un apéndice puntiagudo, era a este país lo que el salvaje oeste a Estados Unidos. Un territorio hostil, frecuentado por bandidos y contrabandistas, tan ajeno a la identidad británica que hasta tenía su propio idioma, el córnico, que sobrevivió hasta finales del siglo XVIII. Era también el último bastión celta y, por si fuera poco, el lugar que, según la leyenda, vio nacer y morir al rey Arturo.

El héroe misterioso

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Muchos son los que llegan hasta aquí atraídos por esta figura legendaria cuyas primeras referencias se encuentran en la literatura galesa. El rey Arturo es el monarca más adorado de Inglaterra, elevado a héroe para muchos.

Con sus símbolos inolvidables (el mago Merlín, siempre enigmático; la poderosa espada Excalibur, con la que administraba paz, igualdad y justicia; su amada Ginebra, su reino Camelot y su emblemática mesa redonda, en la que sólo podían sentarse los caballeros de confianza) ha alimentado novelas y películas, siempre en clave de misterio. Hasta el punto de no saberse si existió alguna vez o si sólo es fruto de la fantasía. 

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Realidad o imaginación, lo cierto es que en Cornualles puede seguirse su pista. Especialmente en un punto: las ruinas de lo que fuera un castillo ubicado en los acantilados de Tintagel, donde cuentan que vino al mundo. Esta fortaleza, oculta en un paraje inhóspito esculpido por la fuerza de olas y la violencia de los vientos, irradia una magia especial. No pilla de paso, ni cerca de nada, pero es el lugar al que deben ir quienes peregrinen en busca de esta historia. 

Marketing por aquí y por allá

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Más abajo, en una pequeña cala, se encuentra la Cueva de Merlín, una oquedad natural desde donde se cree que el mago lanzaba sus encantamientos. Y a los pies del castillo hay un centro de interpretación dedicado a al rey Arturo, donde empaparse de interesante información sobre sus hazañas y su leyenda

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Completar la ruta del rey Arturo pasa por dar un paseo por el pueblo de Tintagel, en el que todo gira en torno a su hijo más ilustre. No falta, claro, la mercadotecnia, que también rentabiliza con creces su recuerdo. Se pueden comprar espadas de plástico, armaduras, escudos, trajes de mago. Se pueden inmortalizar retratos en una suerte photo-call de cartón piedra. Se puede dormir en hoteles y Bed and Breakfast de aires medievales

Se puede comer en restaurantes con menús tematizados. Tanto, que se llega a soñar (y tal vez a confiar) con que de pronto uno va a cruzarse con este personaje que logró sacar del yunque a la espada y hacerse con el trono de Inglaterra.