Cinco mil años de leyendas en Inglaterra

Esta ruta por el corazón de Inglaterra recorre su historia, sus lugares de leyenda, como el yacimiento de Stonehenge; sus históricas ciudades medievales, con parada especial en Stratford-upon-Avon, la cuna de Shakespeare, y los escenarios de otro de sus héroes más recientes, este de ficción, el joven mago Harry Potter.

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

El suroeste de Inglaterra es el punto de partida de esta ruta por el corazón y las leyendas de Inglaterra para visitar una de las ciudades más artísticas del Reino Unido y su soberbia catedral: Salisbury. Situada entre verdes prados en la confluencia de los ríos Burne y Nadder con el Avon, en el centro de la región de Wessex, su historia arrancó hace casi 800 años, cuando se fundó su sede episcopal en 1220 y su magnífica catedral, obra maestra del gótico primitivo inglés. El edificio muestra numerosas curiosidades, como la de albergar el reloj más antiguo en funcionamiento, fechado en 1386, o la de lucir la aguja más alta de Gran Bretaña, con 123 metros de altura y un peso que ronda las 6.500 toneladas. Pero para los británicos su mayor valor es que custodia en su interior el más espléndido de los cuatro originales de la Carta Magna que se han conservado hasta nuestros días.

El emblemático documento fue escrito en 1215 y sentó las bases de la democracia e inspiró otros textos como la Constitución de Estados Unidos y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Su importancia histórica radica en que introdujo, por primera vez, derechos y libertades fundamentales. Por ejemplo, que ninguna persona podría estar por encima de la ley, ni siquiera el rey, o el derecho a un juicio justo, así como límites a la subida de impuestos. Otorgaba, por tanto, más poderes al pueblo en un tiempo en el que reinaba Juan I de Inglaterra, quien curiosamente, según los historiadores, fue uno de los peores monarcas en la historia del país.

La fama de Salisbury ha sido impulsada por escritores y pintores durante los últimos ocho siglos, pero no solo por el prodigio arquitectónico de esta catedral de Santa María, con una torre de 332 escalones que permite disfrutar de los edificios medievales de la ciudad, sino porque ningún otro lugar del Reino Unido puede competir con estas tierras llanas de Wiltshire en lo que se refiere a riqueza de yacimientos prehistóricos.

El más próximo, a 16 kilómetros, es el más importante de Europa y lleva el nombre de Stonehenge. ¿Fue este lugar enigmático un templo en honor al Sol o un observatorio astronómico de la Luna? ¿Un cementerio de reyes? ¿Un hospital neolítico al que acudía la gente en busca de curaciones milagrosas? Podríamos hacernos muchas más preguntas sobre este monumento de la Edad de Piedra levantado hace 5.000 años, relacionadas, por ejemplo, con el traslado de las pesadas piedras azules de más de 40 toneladas, de origen volcánico, desde Preseli Hills, en Gales, a más de 250 kilómetros de su destino final.

Los enigmas de Stonehenge

Lo cierto es que los británicos del siglo XXI siguen cuestionándose cómo sus antepasados pudieron lograr que desde el centro de este complejo de 104 metros de diámetro se vea cómo la cima de la piedra Heel Stone coincide con la salida del Sol durante el solsticio de verano. Ese es solo uno de los secretos de Stonehenge, probablemente el conjunto más sagrado y venerado de Europa entre el Neolítico y la Edad de Bronce, del que año tras año se siguen aportando nuevas interpretaciones para descubrir su auténtica dimensión.

En este consagrado emplazamiento se respira una atmósfera especial, a pesar de la proximidad de una carretera atestada casi siempre de vehículos. Por eso conviene visitar el lugar con el menor número posible de turistas, aunque cada vez resulta más difícil porque el acceso a Stonehenge se regula por medio de entradas con franja horaria y se requiere reservar con antelación. Este medio proporciona que el visitante tenga garantizado el día y la hora que desea para su visita. Un consejo: merece la pena adentrarse en el centro de visitantes, con 250 objetos originales relativos al monumento. Además, en él puede encontrarse cara a cara con un hombre de 5.500 años de antigüedad y disfrutar del monumento antes de dar el paseo alrededor del mítico círculo de piedra gracias a una magnífico audiovisual de 360 grados sobre Stonehenge en todas las estaciones del año y que cuenta con un sonido realmente embaucador.

Eduardo Grund

A menos de 40 kilómetros en dirección norte, Avebury es otro yacimiento considerado hermano del de Stonehenge. Se dice que se encuentra conectado a este último con otro círculo de piedras, el mayor conocido en Europa, con 450 metros de diámetro. El conjunto megalítico de Stonehenge, Avebury y sitios relacionados fue proclamado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986. Avebury llegó a contar con más de cien monolitos enclavados, aunque hoy solo quedan en pie menos de la mitad. Su visita es curiosa pues es el único lugar en el mundo donde se puede visitar un pub y una capilla dentro de un círculo de piedra prehistórico. Además, se sitúa en el camino de Oxford, el siguiente destino de este recorrido por lugares legendarios de Inglaterra.

Oxford, el cerebro del Reino Unido

Recorrer Oxford es como viajar al cerebro del Reino Unido ya que por su famosa Universidad han pasado poetas, políticos y hasta el mismísimo Harry Potter, héroe de niños y mayores. Es una ciudad estudiantil con 22.000 alumnos fijos, 11.000 profesores, 113.000 estudiantes invitados que se concentran cada año en 36 colleges públicos y seis privados, con el Christ Church, el más aristocrático, a la cabeza. Por este clásico college han pasado trece primeros ministros, entre ellos Margaret Thatcher, Tony Blair, James Cameron y la actual inquilina del 10 de Downing Street, Theresa May; Lewis Carroll, creador de Alicia en el país de las Maravillas, Albert Einstein, J.R.R. Tolkien, Stephen Hawking, Hugh Grant y 47 Premios Nobel... Su iglesia, encerrada en el recinto, es la catedral de Oxford, un templo muy venerado en el que está enterrada la patrona de la ciudad, Frideswide, y que cuenta con un gran salón en el que los cineastas se inspiraron para crear el famoso comedor del colegio Hogwarts de magia de la saga Harry Potter.

Los estudiantes constituyen el alma de Oxford, que presume de pubs históricos como The Bear, con su colección de 4.500 corbatas, o The Turf Tavern, famoso por ser el lugar donde se dice que Bill Clinton fue visto fumando sustancias ilegales durante su etapa académica. Casi el 70 por ciento del casco viejo de Oxford sigue perteneciendo a la Universidad. A los jóvenes de Oxford, cuyo curso puede costar 30.000 euros al año con alojamiento, se les conoce por su vestuario especial. Túnicas negras para cenas formales, reuniones con profesores y exámenes. Pantalón negro, camisa blanca, pajarita, corbata y clavel blanco en la solapa cuando es el primer examen; rosa para los controles de mayo, y rojo para la última prueba escrita. Y la obligación de llevar el birrete cuando están ya graduados.

Los jóvenes de Oxford están muy vinculados al deporte. Famosos son sus enfrentamientos en remo con la Universidad de Cambridge (82 a 79 en contra de Oxford). Hoy incluso juegan en los verdes jardines de los históricos colleges al quidditch, el deporte de las escobas de brujo mostrado en las películas de Harry Potter.

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El Bardo del Avon

Quien no pudo ir a la Universidad, bien a su pesar, fue el icono de la literatura británica, William Shakespeare. El Bardo de Avon había estudiado desde los siete hasta los catorce años en Stratford-upon-Avon, su pueblo natal, acudiendo al colegio anexo de Guildhall, la iglesia favorita de su familia, pero los negocios de su padre, John, encabezados por un taller artesanal de guantes empezaron a desvanecerse y el joven William tuvo que dejar los libros para apoyar económicamente a los suyos.

Hoy se puede visitar, en el mismo corazón de Stratford-upon-Avon, el aula donde el escritor recibió lecciones de música, religión y latín y descubrió su pasión por el teatro presenciando algunas obras que representaban las compañías londinenses de gira por el país. Muy cerca de la sala de pupitres, cuya impecable restauración propició el hallazgo de unas valiosas pinturas medievales, luce un cuadro del concejo de la ciudad encabezado por su padre, que llegó a ser alcalde de la corporación antes de su decadencia profesional.

El Stratford shakesperiano

Todo Stratford-upon-Avon es, en realidad, un tributo a la memoria del insigne autor de Hamlet y Romeo y Julieta. El pueblo está enclavado en la orilla derecha del río Avon, donde la mayoría de las casas de piedra roja datan de los siglos XVII y XVIII. La más visitada es, por supuesto, el hogar natal de Shakespeare, adquirido por suscripción pública en 1847 y transformado en Monumento Nacional. Se trata de dos casas de muros de entramado del siglo XVI, utilizadas como residencia y almacén, hoy decoradas y amuebladas como lo estarían en el año 1574, cuando la vivienda estaba llena de niños: William, de diez años; Gilbert, de ocho; Joan, de cinco; Anne, de tres, y el bebé Richard.

Aparte de la casa natal, hay que recorrer otros puntos vinculados a la familia Shakespeare, como Hall’s Croft, la residencia de Susana, hija del escritor, y de su marido, el doctor John Hall; la New Place, residencia del escritor desde 1597 hasta 1616, fecha de su muerte, o el cottage de Anne Hathaway, la villa campestre donde naciera su esposa, Anne, ocho años mayor que él, y, por último, el Holy Trinity, donde se visita la tumba de William Shakespeare. La inscripción de la lápida, de acuerdo con la tradición, la escribió el propio autor: “Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado.

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Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos”. Desde su muerte parece que esa maldición surtió efecto y nadie usurpó la tumba, por lo que durante siglos no pudo comprobarse el contenido de tan sencilla sepultura para uno de los escritores más valorados de todos los tiempos. Muchos británicos siguen pensando hoy que debería encontrarse en la Abadía de Westminster juntos a las de Charles Dickens y Rudyard Kipling.

El recinto amurallado de Chester

La ruta por las entrañas de esta Inglaterra medieval lleva finalmente a Chester. La ciudad, capital del condado de Cheshire y situada en la orilla del río Dee, es uno de los más hermosos conjuntos medievales del Reino Unido. Entre otras cosas por su ramillete de edificios con entramado de madera y las pasarelas bajo techo, ideales para los días de lluvia, que se conocen como rows. El mejor punto para disfrutar de esta apuesta arquitectónica lleva ese nombre, The Rows, donde las cuatro calles centrales siguen el trazado de las dos grandes vías romanas. En el centro, junto a la iglesia de San Pedro y una sencilla columna de piedra exterior, músicos y peatones se entremezclan en un imponente escenario ininterrumpido de galerías porticadas, al nivel del primer piso, repletas de tiendas y boutiques.

En Bridge Street, Watergate Street y Grosvenor Street se levantan las casas más significativas de la ciudad, aunque lo mejor es pasear hasta el río en The Groves, donde se toman los barcos que navegan por el Dee durante media hora o durante dos horas, según prefiera el visitante. También es recomendable subir a las murallas para dar una vuelta completa al recinto medieval de casi dos millas de longitud. Al final se alcanza el East Gate, la puerta de la antigua fortaleza romana reconstruida en el año 1769 que corona un reloj de la época victoriana, hoy el segundo más fotografiado del país después del Big Ben londinense.

Tras el paseo a pie, la visita al templo que Enrique VIII convirtió en catedral tras su ruptura con la Iglesia de Roma en 1541 es una excelente oportunidad para conocer las bellezas de este templo de origen normando reconstruido en estilo gótico con una sorpresa final: la posibilidad de comer o tomar un café en su asombroso refectorio junto a al hermoso púlpito sustentado por delgadas columnas del siglo XIII.

La biblioteca Bodleian

Es la más importante biblioteca de investigación en Oxford. Sirvió de escenario en las dos primeras películas de Harry Potter para rodar las escenas entre libros de la gran biblioteca de Hogwarts. En su planta baja se encuentra la Divinity School, que se transformó en la enfermería de Hogwarts en Harry Potter y la Piedra Filosofal (2001) y en ella se rodó la última secuencia del filme tras el enfrentamiento de Harry con Lord Voldemort.

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La sala fue construida en 1488 como escuela de Teología y en ella destacan su techo abovedado, obra maestra de la arquitectura gótica inglesa, y sus 455 escudos de armas de personajes y familias relacionadas con el edificio. En la planta superior se halla la Duke Humfrey’s Library, la sala más antigua de la biblioteca, pues fue abierta a los estudiantes en 1602. Esta localización se puede ver en la película Harry Potter y la Piedra Filosofal como la propia biblioteca de Hogwarts en la escena en la que Harry, Ron y Hermione investigan sobre quién es Nicholas Flamel.

El Christ Church

Se le considera uno de los colegios con más solera de los que componen la Universidad de Oxford. Su comedor, el Great Hall, sirvió de inspiración para los grandes banquetes del colegio mágico. Su escalera principal fue utilizada por el profesor McGonagall para recibir a Harry, Ron, Hermione y el resto de alumnos de primer curso de Hogwarts en Harry Potter y la Piedra Filosofal, y esta misma escalera se empleó para recrear los recuerdos de Tom Riddle en Harry Potter y la Cámara Secreta (2002). También el claustro del college aparece cuando Harry no está convencido de ser un buen buscador de quidditch y Hermione le demuestra que lo lleva en la sangre. Harry y Ron pasan por este claustro junto a su amiga en busca de la estantería de trofeos de quidditch, donde se exhibe el premio que ganó su padre como buscador del equipo de Gryffindor (Harry Potter y la Piedra Filosofal).

Solsticio de verano en Stonehenge

Stonehenge, también llamado El templo del Sol, es uno de los lugares más emblemáticos para celebrar el solsticio de verano. En junio de 2018 celebrará su décima edición y los organizadores montarán, como siempre, un macrocamping con música en vivo a 2,2 millas del famoso monumento prehistórico, por la carretera A-303, que cada vez atrae a más adeptos de toda Europa. El coste es de 25 libras diarias por cabeza, a las que hay que añadir 5 más si se introduce un coche o caravana. Los visitantes con tiendas pequeñas de acampada no pagan por su habitáculo para dormir.

Se exige la estancia mínima de dos noches en este camping, que cuenta con cinco pubs históricos en sus alrededores (The Bell Inn, The Boot Inn, The Rainbow on the Lake, The Swan y The Pelican Inn), posibilidad de dar clases de yoga todas las mañanas a las 11 horas y un servicio de transfer hasta el Centro de Visitantes de Stonehenge.