Copenhague, lo que no puedes perderte en la ciudad feliz

La felicidad se contagia. Y en Copenhague, más. Discreta. Reposada. Tranquila. Descubrimos 5 rincones de cuento en esta ciudad que late a ritmo de pedales.

Yolanda Guirado
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Foto: cinoby / ISTOCK

NYHAVN

Redacción Viajar

Las bicicletas son para Copenhague. Pedaleando llegamos a la foto más reconocida de la ciudad. Su nombre impronunciable significa Puerto Nuevo. Por este canal de 1673 pasan miles de turistas cada día. La primera vez que vemos esas casitas de colores y los barcos atracados lo pensamos. “Yo he estado aquí antes”. Podría ser un dejà vu. O que la hemos visto en televisión cientos de veces.

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Decenas de restaurantes nos esperan en el mismo sitio que vivió el autor de El Patito Feo. Los que tienen alma viajera los encontrarán demasiado turísticos. En los puentes, candados de diferentes formas y tamaños. Los enamorados se declaran así su amor. El mejor momento del día; al amanecer. O en una de esas noches claras que nos dejan los veranos nórdicos.

LA SIRENITA

Porque los mejores perfumes se venden en frascos pequeños. Tras un paseo a pie, llegamos a ella. Lo que a la Torre Eiffel es París, La Sirenita es a Copenhague. The Little Mermaid nos espera sobre una roca. Vale. Sí. Lo reconocemos. No es muy grande. ¿Y? Tallada en bronce, es el símbolo de la ciudad.

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La familia propietaria de la cerveza Carlsberg la mandó a hacer. Para el rostro, el escultor quiso inspirarse en una bailarina del Ballet Real. Pero ella lo rechazó. No hay icono igual. La historia la conocemos todos. La escultura está inspirada en el cuento de H.C. Andersen con el mismo nombre. Muy cerca está la fuente de Gefion. Aunque no es tan conocida como ella, bien vale una visita a dos ruedas.

TIVOLI 

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Ahora que lo vintage se lleva, el Tívoli de Copenhague es un must al cuadrado. Lleva siéndolo desde el siglo XIX. Situado en medio de la ciudad, no hay discusión alguna. Junto a la estación central Københavns, atracciones para niños y los que disfrutamos como niños. La noria, un concierto y los coches de choque. En El Águila empieza la rumba. La adrenalina recorre nuestro cuerpo bocabajo. Y ya no podremos parar.

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Atracciones desde las que tendremos las mejores vistas de la ciudad. Un nudo en el estómago. Un descanso en el Tiovivo y vuelta a The Demonium. Repetir tres veces en la montaña rusa más alta del parque es de valientes. Y nos animamos hasta una cuarta porque la risa tonifica. Risoterapia pura. Al llegar medianoche, los fuegos artificiales hacen del cielo una fiesta.

CHRISTIANIA 

A la salida de Christiania, un cartel: “Estás entrando en la Unión Europea”.  Más que una frase singular, es una declaración de intenciones en toda regla. Desde los años 70, Christiania tiene sus propias normas. En esta comunidad independiente están prohibidas las fotos. Así que el único objetivo serán nuestros ojos.

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Todo lo que pasa en Christiania se queda en la retina. Aparcamos las bicicletas junto a uno de esos enormes murales y nos adentramos en este espacio. No hay prisa por salir de uno de los lugares más pintorescos de Dinamarca con cafeterías al aire libre. Para terminar, un paseo por Pusher Street. En esta calle, decenas de puestos donde pesan y venden marihuana. Y mires donde mires, una señal de prohibido dibujada con una cámara de fotos dentro. Una imagen vale más que mil palabras.

PERDERSE POR SUS CALLES Y CANALES

Disfrutar de una larga caminata por la calle peatonal más larga de Europa: Strøget. Hacer un break en el Café Norden, un hito en la ciudad. Subir a la torre redonda y contemplar el mar desde este mirador del siglo XVII. Disfrutar de una peculiar sobremesa en Reffen. Comida callejera. Canalla. Saludable. Japonesa. Mexicana. Griega.

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Los sabores nos llegan desde todas las partes del mundo en más de 50 foodtrucks. El postre, escuchando música en directo. Y si el tiempo lo permite, nos sentamos en una de las tumbonas mirando al mar. Cuando la bicicleta nos sepa a poco. Cuando estemos cansados de darle a los pedales, un barco para recorrer los canales de la ciudad. Una nueva panorámica de la capital danesa. Desde el agua, contemplaremos la Royal Danish Library  o el Christianborg Palace – sede del parlamento danés-. Esta ciudad es plena felicidad. Qué bueno que estas cosas se contagien.