Viena no está en Francia... ¿o sí?

Una gran sorpresa al oeste de los Alpes

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Leonid Andronov / ISTOCK

La gran Viena austriaca extiende su mirada más allá de los Alpes hacia el oeste, donde las altas cumbres suizas e italianas dejan paso a la región gala y la reina de esta cordillera, el Mont Blanc, bajo cuya estela descienden de altura paulatinamente los macizos hasta dar con una extensa zona de viñedos al sur de Lyon, donde espera, literalmente, la Viena francesa.

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Viena o Vienne – según su traducción al francés – es una ciudad poco conocida en los circuitos turísticos que, sin embargo, conserva uno de los patrimonios arqueológicos de la época romana más importantes de toda Francia.

Un valioso pasado romano

Nos encontramos en el departamento de Isère, ante el mismo límite administrativo del departamento de Ródano, separados ambos por el río del mismo nombre, uno de los más importantes de Francia.

Aquí, a lo largo de su orilla y de las riberas de su afluente, el río Gère, se extiende la ciudad de Vienne, una localidad de entidad media célebre por el «buen vivir» de sus habitantes y por su rico patrimonio que, sin embargo, permanece como una gran desconocida de esta parte del país, eclipsada tal vez por la cercana presencia de la gran urbe de Lyon. Un hecho que no deja de ser anecdótico teniendo en cuenta que, en la Antigüedad, Vienne fue el germen del que nació la que es actualmente la tercera ciudad más populosa de Francia.

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Vienne llegó a ser un importante núcleo dentro del Imperio Romano, en tiempos de Julio César, bajo el nombre de «Colonia Julia Vienna», viviendo su periodo de esplendor hasta el siglo III de nuestra era y atesorando un patrimonio arqueológico excepcional del que podemos aún disfrutar hoy en día gracias a algunos ejemplos muy notables.

El más representativo de todos ellos e icono de la ciudad es, sin lugar a dudas, el Teatro Antiguo, un colosal ejemplo de este tipo de construcciones romanas con capacidad en sus inicios para albergar hasta 11000 o 12000 espectadores. Se trata del segundo mayor teatro de toda la Galia y uno de los de mayor envergadura del mundo romano; es por ello que sorprende que el descubrimiento de esta joya no se diera hasta finales del siglo XVIII.

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Restaurado en el siglo XX, en la actualidad acoge anualmente, entre los meses de junio y julio, el gran festival de música «Jazz à Vienne», uno de los más importantes de toda Europa con más de mil artistas participantes en las últimas ediciones.

La impresionante cávea del teatro se extiende tumbada sobre la colina de Pipet, formando un escenario espectacular y brindándonos además la oportunidad de dominar toda la ciudad desde lo alto con una amplia vista.

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Otra gran muestra del patrimonio romano de Vienne lo constituye el precioso templo de Augusto y Livia, un monumento con más de dos mil años de antigüedad emplazado en pleno centro histórico, frente al lugar donde se abría el foro en la época romana. Una valiosa construcción cuya conservación ha resultado una auténtica rareza en territorio francés – solo se mantiene en pie otro edificio de iguales características en Nîmes -.

Cerca de él se encuentra el Jardín arqueológico de Cibeles, que reúne un buen registro de vestigios romanos, como fragmentos del antiguo foro.

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Imprescindible también es la visita a otro complejo, esta vez situado al otro lado del río Ródano, en la comuna de Saint-Romain-en-Gal – perteneciente a la mancomunidad de Vienne -. Aquí se halla un enorme yacimiento arqueológico de siete hectáreas en lo que fue en su momento un barrio de la antigua ciudad en época romana. Un recinto que es posible visitar junto con el moderno museo arqueológico de la villa, ubicado igualmente en este sitio.

Mundo romano y medieval

La riqueza del patrimonio romano de Vienne es sorprendente pero muy destacable también es su herencia medieval, que se circunscribe especialmente al casco histórico o «ciudad vieja». Con la plaza François Mitterrand como centro neurálgico, donde su localiza el Ayuntamiento, se extiende un barrio antiguo formado por callejuelas que nos retrotraen siglos atrás en el tiempo.

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El emblema de esta parte de la ciudad es la Catedral de San Mauricio, que custodia las reliquias de este santo desde el siglo VIII. Epicentro del sentir religioso cristiano desde los primeros siglos después de Cristo y erigida sobre los antiguos templos, lo que vemos hoy en día corresponde esencialmente a la construcción románica y, sobre todo, gótica, a cuyo estilo pertenece la esbelta fachada.

A unas escasas centenas de metros de allí, junto al río Ródano, se levanta otro de los templos fundamentales de Vienne, la iglesia de Saint Pierre, antigua basílica del siglo V y en cuyo interior podemos encontrar un interesante museo. Una joya cuya visita es muy recomendable.

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Al margen del centro propiamente dicho y volviendo al monte Pipet, sobre el admirado teatro romano no podemos dejar de ascender hasta la capilla de Nuestra Señora, desde cuyo mirador obtendremos las mejores vistas de la ciudad, permitiéndonos poner un broche de oro a nuestra visita.