Collonges-la-Rouge, el pueblo rojo que desata la pasión en Francia

Súmete en un sueño lleno de colorido desde alguno de sus 25 torreones

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Xantana / ISTOCK

Son muchos los pueblos llenos de encanto que nos podemos encontrar a lo largo y ancho de Francia. Nuestro país vecino está normalmente asociado al amor y el romanticismo, no solo gracias a la fama de París, sino también por sus muchos rincones cargados de belleza y paisajes evocadores. En la parte central del territorio francés nos espera uno de esos rincones, Collonges-la-Rouge, una comuna teñida de rojo – como indica el nombre de «rouge» - que despierta pasiones en toda aquella persona que la conoce por primera vez. Una villa de ensueño que se ha convertido en uno de los pueblos galos más apreciados.

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El primero de entre los más bellos

Collonges-la-Rouge es un pequeño pueblo de menos de quinientos habitantes enclavado junto al Macizo Central, en la nueva región de Aquitania. Forma parte del apacible y frondoso departamento de Corrèze, situado en una zona donde se concentran una serie de pueblos medievales incluidos en la Asociación de los Pueblos más Bellos de Francia. Precisamente Collonges-la-Rouge fue la primera población de todo el país en ser reconocida con esta prestigiosa mención, gracias al impulso de su alcalde, Charles Ceyrac, que fue asimismo el creador de esta organización que pone de relieve y otorga visibilidad a las muchas joyas rurales que esconde Francia por todo su territorio.

Charles Ceyrac, en un intento de dar visibilidad a la comuna de Collonges, fue quien propuso la modificación de su nombre oficial al de «Collonges-la-Rouge», con el fin de ensalzar turísticamente esta gran peculiaridad que tanto sorprende a los visitantes cuando la descubren. Un apelativo que ostenta desde 1969.

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Esta localidad de esencia medieval, antigua etapa de uno de los principales ramales del Camino de Santiago en Francia, debe su nombre al peculiar color de las edificaciones que conforman la villa, construidas a base de piedras de rodeno, un tipo de arenisca roja. El pequeño porcentaje de óxido de hierro de este tipo de rocas es capaz de conferir una tonalidad roja intensa que crea un ambiente mágico en la comuna de Collonges.

Uno de los estandartes del patrimonio rural francés

Collonges-la-Rouge no es solo una peculiar y sorprendente villa roja que nos enamora con sus tonalidades. Es también un atractivo pueblo medieval de aspecto ancestral en el que se suceden por doquier construcciones espectaculares que conforman un patrimonio excepcional. Con toda la esencia de la antigua región de Lemosin, esta localidad fue antiguamente un importantísimo centro comercial nacido sobre la base del poderío del condado de Turenne, durante el que se dio su mayor florecimiento, especialmente en el Renacimiento. Es de esta época de la que procede gran parte del nutrido ejército de torreones que despuntan en el horizonte de la comuna, pertenecientes muchas de ellas a residencias levantadas en los siglos XV y XVI. Un total de veinticinco atalayas que son el otro aspecto sobresaliente y destacado de Collonges, siendo otra de sus grandes atracciones turísticas.

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Parte de ese horizonte en las alturas está ocupado por la silueta de la bella iglesia de San Pierre, erigida hace casi mil años, así como la del castillo de Vassinhac, una anciana fortaleza que ha sido restaurada y amueblada según el estilo del siglo XVI. Junto a ellos, otros dos castillos, los de Benge y el de Maussac, así como la fortificación de la casa Ramade de Friac, que nos dan una idea del impresionante paisaje rural que nos vamos a encontrar andando por las calles de este bello pueblo. No podemos olvidarnos tampoco de la curiosa e icónica Casa de la Sirena, hoy convertida en museo, que recibe este nombre por el ornamento de piedra que luce en uno de sus muros, consistente en una sirena sosteniendo un peine con una mano y un espejo con la otra.

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            Gracias a la puesta en valor durante el siglo XX de todo su patrimonio, el pueblo ha vuelto a vivir una etapa de esplendor que le ha valido para ser uno de los lugares más visitados de todo el centro de Francia. Un punto lleno de encanto que enamora tanto por sus piedras como por su formidable entorno de castaños y nogales.