Ciudad Rodrigo, las edades del hombre

La Catedral de Ciudad Rodrigo (Salamanca) acoge hasta el 9 de diciembre la XIII edición de la muestra de arte sacro Las Edades del Hombre. Con el título "Kyrios", reúne obras centradas en Jesucristo y dispersas por todas las diócesis de Castilla y León.

Rafael de Rojas

El agua, que da acceso a la religión católica, recibe también a los visitantes de Las Edades del Hombre en Ciudad Rodrigo (Salamanca). A la entrada de la Catedral, que acoge la XIII edición de la exposición de arte sacro, se ubica la pila bautismal de la iglesia de Bogajo, sobre la que se ha proyectado una fuente virtual con peces filmados y sonidos acuáticos. Escrito sobre el agua, el salmo 23 ("El Señor es mi pastor... me conduce junto a aguas tranquilas y repone mis fuerzas") da la bienvenida e introduce el tema de la muestra: la figura y las enseñanzas de Cristo. Bajo el nombre de Kyrios, (Señor en griego) la exposición recorre "la totalidad del Misterio de Cristo, desde su preexistencia en el seno de la Trinidad hasta su última y definitiva venida en la Parusía".
Es la culminación de un proyecto que comenzó en Valladolid en 1988 y que ha pasado desde entonces por todas las sedes episcopales de la Comunidad Autónoma, además de por Amberes y Nueva York. En la edición mirobrigense las colas también son continuas y la entrada gratuita. Este éxito prolongado se basa en la combinación discreta de tecnología con la reunión del patrimonio religioso de Castilla y León, disperso por villas y museos. Todo ello con el hilo conductor de un re lato no necesariamente cronológico y engarzado en los más majestuosos templos de la región. Otra de sus mejores virtudes es el uso de las obras de arte expuestas con el mismo sentido didáctico con que fueron concebidas. Ahora, siglos después, esa función se había perdido con las obras descontextualizadas en vitrinas y capillas. La aludida fuente inicial, cargada de simbología cristiana y universal (el agua es vida y renovación), reúne en una sola pieza todos esos ingredientes.
Biografía de Cristo
La exposición, puesta en marcha por dos fundaciones (la Fundación Las Edades del Hombre y la Fundación Siglo para las Artes de Castilla y León), hilvana su historia a través de doscientas obras de arte. Todas ellas proceden de catedrales, colegiatas, iglesias, ermitas, monasterios, conventos, museos, bi bliotecas, cofradías y hermandades de las once diócesis de Castilla y León, especialmente de la diócesis civitatense. En esta ocasión también concurren obras de algunas instituciones civiles y eclesiásticas de Portugal.
El primer capítulo, Según las escrituras, está dedicado a la preexistencia de Cristo en el seno de la Trinidad y a los anuncios anticipados de su existencia terrena mediante profecías y prefiguraciones contenidas en personajes y acontecimientos veterotestamentarios. Al acceder a esta primera fase, el público (de todas las edades y mayoritariamente devoto) se detiene por igual ante los tramos de Catedral que asoman tras los paneles de la muestra y en las primeras piezas. Sayales, cuadros, trípticos, Biblias, Libros de Horas, un Cristo crucificado y una escultura de la Virgen embarazada
-Nuestra señora la preñada- cumplen su tarea y cuentan una historia.
-Donde Caín mató a Abel -señala una de las asistentes a la muestra.
-Y desde entonces lo estamos pagando -contesta su compañera.
La segunda parte, Puso su morada entre nosotros, está dedicada a los primeros misterios de la vi da mortal de Cristo, desde su encarnación en el seno virginal de María hasta el fin de su existencia oculta en Nazaret. Aquí, un objeto como la capa pluvial de la parroquia de la Asunción de Montenegro de Cameros (Soria) pasa de ser una simple prenda procesional a convertirse en un instrumento de evangelización. Sus bordados ilustraban en el siglo XVI todos los misterios de la concepción e infancia de Jesús. En todo este capítulo vemos cómo Cristo nace y se convierte en un niño, retratado a veces con corona. Es el caso de una de las piezas más interesantes, una virgen lactante gótica, que, con una corona más grande que la propia talla y decorada con un collar de perlas, amamanta a un niño Jesús también coronado.
La tercera fase, Pasó haciendo el bien, contempla el período de la vida de Cristo comprendido entre su bautismo y su transfiguración, es decir, el tiempo dedicado a su ministerio público.
Espectáculo de luces
Para entonces ya hemos podido ver uno de los más espectaculares efectos de la exposición. Sobre el Pórtico del Perdón de la Catedral se relata cronológicamente la vida de Jesús. Un emocionante y teatralizado audio subraya una historia que se cuenta iluminando las escenas de Cristo presentes en las esculturas talladas en los arcos.
Poco después se reserva una sala para el apostolado. Doce tallas con los discípulos de Jesucristo -atribuidas a un seguidor de Gregorio Fernández- han sido traídas desde la Real Iglesia de San Miguel y San Julián de Valladolid y situadas en fila. Un poco más adelante, las esculturas de la Transfiguración, con la que Cristo revela su divinidad, sitúan a Jesús entre tres discípulos y dos profetas. Para acentuar el efecto dramático, el Mesías flota entre ellos, con una iluminación que resalta estratégicamente luces y sombras.
El cuarto capítulo es el más extenso de la exposición y está dedicado al Misterio Pascual de Cristo, que empezó con la solemne Entrada en Jerusalén y culminó con la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés. Bajo el título Los amó hasta el extremo, comprende los episodios más significativos del Nuevo Testamento. Entre las piezas, las de la última -como una talla barroca traída de Aranda de Duero (Burgos)- suscitan inevitablemente comentarios que tienen por protagonista a El código Da Vinci, la novela especulativa de moda.
El recorrido concluye con ¡Ven Señor Jesús!, dedicado a la última y definitiva venida de Cristo para juzgar a los hombres e implantar definitivamente su Reino. En ella se exhibe un curioso torno giratorio de finales del siglo XV. Las imágenes que contiene rotaban según la época litúrgica del año para adoctrinar a los fieles. Tras pasar esta pieza, un precioso claustro escoltado de cipreses e inundado de paz invita a una reflexión final antes de abandonar la exposición.