Trujillo, un paseo por la ciudad del Renacimiento

Una incursión artística, histórica y gastronómica en la irresistible localidad cacereña

Jesús Torbado/Silvia Roba
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Insigne y muy heroica. Este es el título que, desde 1997, ostenta la monumental localidad cacereña, como reconocimiento, quizás tardío, a su legado. Si por algo es famosa Trujillo es por ser cuna de descubridores, aunque fue también la capital de la mayor de las entidades de la Antigua Provincia de Salamanca, que se escindió de la misma para formar, en 1653, la provincia de Extremadura. Lo primero que tenemos que hacer es dirigir nuestros pasos a la Plaza Mayor, de estilo renacentista y centro neurálgico desde el siglo XVI. En ella se concentran restaurantes con solera y tabernas en las que degustar frite de cordero, moraga y migas.

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En este bello salón que es la plaza la protagonista es la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, ataviado con armadura y espada. Es obra del neoyorquino Charles Cary Rumsey, que hizo dos esculturas idénticas más que se pueden ver en Búfalo (Estados Unidos) y en Lima, la capital de Perú que Pizarro fundó el 18 de enero de 1535 con el nombre de Ciudad de los Reyes. En Trujillo es posible visitar la casa natal del explorador y conquistador, hoy reconvertida en un centro de interpretación del descubrimiento de América.

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Para conocer la casa donde nació Francisco de Orellana, capitán de la expedición que navegó por primera vez el río Amazonas, hay que alcanzar la calle de Las Palomas, en pleno casco antiguo. Es un edificio del siglo XV, hoy transformado en hotel, que mantiene una misión: poner en valor la figura del más olvidado de los héroes, que acabó convertido en pirata. La casa está cerca de la iglesia gótica de Santa María la Mayor, con un magnífico retablo que contiene 25 tablas pintadas al óleo por Fernando Gallego y el Maestro Bartolomé en torno al año 1490. Algunos miembros de los principales linajes de Trujillo están enterrados en su interior, como es el caso de Diego García de Paredes, El Sansón Extremeño.

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Casas solariegas y palacios como el de San Carlos, de estilo plateresco, el de los Marqueses de la Conquista, renacentista, o el de los Marqueses de Piedras Albas, con una elegante logia, merecen toda nuestra atención, por mucho que esta se dirija siempre hacia la fortaleza que corona Trujillo desde el cerro conocido como Cabeza del Zorro. Sus vistas son excepcionales.

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Exaltación del queso

Sopa del Obispo con gallina, carne de cerdo a la brasa, prueba ibérica, landrillas de ternera. Son algunas de las especialidades que se pueden degustar en cualquier buena mesa trujillana, donde tampoco faltará vino de la tierra y queso. Es este último el protagonista de una feria que se celebra la primera semana de mayo en la Plaza Mayor y en la que pueden degustarse más de 500 variedades de quesos de España y Portugal.