La ciudad-palacio más espectacular del mundo está en la joya de Oriente Medio: custodiaba reliquias sagradas, es del siglo XV y fue centro político del imperio otomano

Esta construcción en Estambul es una parada obligatoria para entender el poder, la religión y la belleza de la región.

Un precioso palacio que no deberías perderte en Estambul.
Un precioso palacio que no deberías perderte en Estambul. / Istock

Durante la friolera cifra de casi cuatro siglos, el centro político del Imperio otomano no fue una capital al uso, sino un recinto amurallado compuesto por patios, pabellones y dependencias interconectadas. Desde allí se gobernaron territorios que se extendían por Europa, Asia y África, se custodiaron reliquias religiosas de primer orden y se tomó cada decisión relevante del Estado. Os estoy hablando del Palacio de Topkapi, construido a partir de 1459 en Estambul y concebido como una ciudad-palacio diseñada para ejercer el poder.

Redacción Viajar

Un palacio que funcionaba como capital

Topkapi es, sin duda, un lugar especial, el cual fue residencia imperial, sede administrativa y centro ceremonial del Imperio otomano desde el siglo XV hasta mediados del XIX. Por lo que, si eres amante de la historia, este palacio te viene como anillo al dedo, te lo aseguro. Allí se tomaban decisiones que afectaban a, ni más ni menos, tres continentes. Por su parte, allí vivía el sultán, pero también los visires, escribas, guardias, artesanos y funcionarios que sostenían la maquinaria del Estado. Un lugar que, sin duda, recoge más de una historia digna de ser contada. La clave del palacio se encuentra en su estructura; cuatro grandes patios sucesivos, cada uno más restringido que el anterior. A medida que avanzas, el acceso se reduce y el poder se concentra.

Imagen del Palacio de Topkapi.

Imagen del Palacio de Topkapi.

/ Istock / Ruslan Kalnitsky

Uno de los espacios más delicados de Topkapi es la Cámara de las Reliquias Sagradas, donde se custodian objetos asociados al islam. Os hablo de reliquias atribuidas al profeta Mahoma, a sus compañeros y a otros profetas bíblicos muy reconocidos en la tradición islámica. Su presencia convertía al sultán en califa, líder político y religioso.

Política doméstica en estado puro

Pocas palabras han sido tan malinterpretadas como “harén” (la zona en la que vivían las mujeres). En Topkapi no fue un espacio hedonista, sino una institución política. Aquí vivían la madre del sultán, sus esposas, concubinas, hijos y una compleja jerarquía femenina con enorme influencia (como no). La Valide Sultan (madre del sultán) fue, en muchos periodos, una de las figuras más poderosas del imperio. Las decisiones que se tomaban entre estos muros tenían consecuencias reales en la corte y en el gobierno. El harén era política interior, en el sentido más literal. ¿Lo sabías?

La puerta principal al Palacio Topkapi.

La puerta principal al Palacio Topkapi.

/ Istock / MRT

El Tesoro Imperial de Topkapi conserva dagas ceremoniales, tronos, joyas diplomáticas y regalos de estados vasallos; reliquias que van mucho más allá del brillo. La famosa daga de Topkapi, decorada con esmeraldas gigantes, es solo la punta del iceberg. Estos objetos eran parte de un lenguaje diplomático, símbolos de jerarquía y poder.

Del centro del mundo al museo

En el siglo XIX, los sultanes se trasladaron a palacios más europeos, como Dolmabahçe. Topkapi perdió su función política y quedó como depósito, archivo y memoria. Por su parte en 1924, tras la fundación de la República de Turquía, se convirtió en museo. Hoy es Patrimonio Mundial de la UNESCO como parte del Área Histórica de Estambul, y uno de los lugares más visitados del país.

El Palacio de Topkapi es una de las grandes joyas de los otomanos.

El Palacio de Topkapi es una de las grandes joyas de los otomanos.

/ Istock

Visitar Estambul y no ir a Topkapi es, en esencia, un sacrilegio. No solo porque es un lugar único, precioso y espectacular. También porque es un complejo donde religión, política, vida privada y ceremonial convivieron como si fueran uno. La clave, en mi opinión, es visitarlo como lo que fue, una ciudad.

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