Tú a la ciudad... y yo a La Moraña (la comarca abulense de los paisajes infinitos)

Un territorio cargado de historia, ejemplo del arte mudéjar en España

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Photitos2016 / ISTOCK

El norte de la provincia de Ávila es una tierra fronteriza encajada hoy en día entre las provincias de Segovia, Valladolid y Salamanca. Una zona que descansa holgadamente entre las amplias llanuras de la meseta norte, marcada por la influencia de diferentes culturas que se asentaron en estos parajes a lo largo de los siglos. Son justo estos paisajes los que abarca la inconfundible comarca de La Moraña, un extenso territorio donde los campos ondulantes de cereales se han vuelto un emblema casi tan poderoso como la estela de personajes históricos tan relevantes como Isabel la Católica o San Juan de la Cruz, nacidos en estos confines de la actual provincia de Ávila.

David Pérez

Una tierra hecha poesía a través de sus campos

Cuando uno se adentra en tierras castellanas y llega hasta la comarca de La Moraña, las primeras sensaciones evocan el estar navegando por un mar de cereal, en el que las lomas y las hondonadas simulan las olas del más vasto de los océanos. En efecto, nos encontramos en el típico paisaje de la cuenca sedimentaria del río Duero, en el que los tradicionales usos de la tierra han dado como resultado amplios horizontes plagados de campos cultivados de diferentes granos. Paisajes infinitos que han sabido inspirar las más bellas poesías.

D.R

Comarca cerealista por excelencia en España, su antigua fama atraía a todo tipo de trabajadores agrícolas hasta que, ya entrado el siglo XX, estas tareas fueron poco a poco mecanizándose. Las grandes extensiones de secano que cubrían como mantos estas latitudes fueron dejando algo de paso a otros cultivos en las últimas décadas, en especial algunos propios del regadío, motivados por el aprovechamiento de los recursos hídricos.

Es en este contexto en el que se asientan en la actualidad 63 municipios, nada más y nada menos, que forman una maraña de pueblos que a buen seguro nos aluden al mismo nombre de la comarca. Pequeños pueblos, en la mayoría de los casos, que aparecen como diminutas manchas en la amplitud de la meseta. Un conjunto para recitar con la mirada que nos regala postales auténticas, plenas de significado que viene cargado de la esencia de lo rural, y que es cobijo perfecto de aves esteparias como la emblemática avutarda.

David Pérez

Historia y patrimonio a raudales en sus pueblos

Enumerar los incontables bienes que forman parte del patrimonio de La Moraña es casi tarea imposible. La unión del legado árabe, judío y cristiano ha dejado en este territorio una importante herencia material, en especial en lo que se refiere al arte mudéjar, del que esta comarca es una de las principales representantes de todo el país. Comenzamos por Arévalo, la cabecera de comarca, que se asienta en el borde oriental de La Moraña, abrazada por los cursos fluviales de los ríos Adaja y Arevalillo. Se trata de una población de marcado carácter medieval en el que el mudéjar es omnipresente en sus edificios.

Conocida como la «Ciudad de los cinco linajes» y declarada Conjunto Histórico-Artístico, el mudéjar es, como decíamos, su seña de identidad, siendo una de las poblaciones más ricas en este sentido de toda Castilla y León. La Plaza de la Villa, jalonada por las iglesias de San Martín y Santa María, es un rincón verdaderamente bello que nos transporta a otro tiempo. No nos olvidamos, claro está, del Castillo de los Zúñiga, del siglo XV, así como de su Museo del Cereal, único en su género, prueba de la innegable importancia de estos cultivos en La Moraña.

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Abandonamos Arévalo para llegar hasta la otra gran población de la comarca, Madrigal de las Altas Torres, que con su nombre ya nos apunta a la característica fisionomía de esta localidad abulense. En efecto, las torres que pueblan la muralla son uno de sus grandes tesoros – hoy en día se conservan un par de decenas de las cien que existían -, pero si por algo es famosa Madrigal de las Altas Torres es por ser la cuna de Isabel la Católica.

Monumentos como el Convento de Nuestra Señora de Gracia, el Palacio Real de Juan II, el Real Hospital de la Purísima Concepción, el Convento de los Agustinos o la Iglesia de San Nicolás de Bari, son preciosas joyas del patrimonio local que le han valido recientemente a esta villa el haber sido declarada Conjunto Histórico.

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Más al sur de la comarca nos topamos con Fontiveros, el lugar de nacimiento de San Juan de la Cruz quien, junto con su coetánea Santa Teresa de Jesús, forma la pareja más insigne e ilustre de la literatura mística castellana de todos los tiempos. Por su parte, parece probable que el punto que viera venir a este mundo a la universal santa fuera otra localidad de La Moraña, el pueblo de Gotarrendura, donde no podemos dejar de fijarnos en el conocido como «Palomar de Santa Teresa», una curiosa construcción que formara parte de la vivienda de su familia materna.

Son innumerables los ejemplos de monumentos notables que se levantan en esta preciosa comarca, y son muchas las iglesias que presumen de ser magníficos ejemplos de la arquitectura mudéjar, tan típica de estas tierras, como pueden ser las que encontramos en lugares como Espinosa de los Caballeros, Narros del Castillo, Zapardiel de la Ribera...

Patrimonio, historia, misticismo, llanuras interminables, parajes vestidos de cereales y buena gastronomía. Razones de sobra que nos ofrece La Moraña para conquistarnos.

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