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La ciudad favorita de los mayores de 50 años para hacer un viaje es el paraíso de las ostras: arquitectura neoclásica, un barrio Patrimonio de la Humanidad y ambiente sofisticado

Capital internacional del vino, tiene la piscina reflectante más grande del mundo.

La ciudad de ambiente sofisticado repleta de monumentos neoclásicos

La ciudad de ambiente sofisticado repleta de monumentos neoclásicos / Istock

A medida que uno se va haciendo mayor y ya ha visto mundo, elegir un destino al que viajar se va complicando: el abanico de opciones se va recudiendo cuanto más viajamos, repetir destino puede llegar a hacerse aburrido, y los viajes de aventura en los que hay que recorrer entornos salvajes cada vez apetecen menos, aunque siempre hay aquellos valientes que se atreven con todo.

Francia es un país perfecto para viajar de manera despreocupada

Francia es un país perfecto para viajar de manera despreocupada / Istock / herraez

A veces, lo que más apetece es un viaje en el que poder relajarse, unos días para descubrir una ciudad de una manera despreocupada, donde el mismo ambiente de sus calles y sus gentes invita al visitante a relajarse. Lugares así los podemos encontrar por todas partes, pero en Francia hay una ciudad que representa el cenit de este tipo de destinos.

Recorriendo el Monte Saint-Michel, el escenario más sobrecogedor de Francia

Una bahía rocosa culminada con una impresionante abadía es el hogar de uno de los espectáculos más impresionantes de Europa. Nos adentramos en el Mont Saint-Michel. / Redacción VIAJAR

Una ciudad con mucha clase

Extendiéndose a orillas del río Garona, a menos de 50 kilómetros de la costa del Atlántico y a medio camino entre Tolosa y Nantes, la espectacular ciudad de Burdeos es una de las más importantes de Francia. Con una población de casi 270 mil habitantes, la ciudad recibe los sobrenombres de “la perla de Aquitania”, región de la que es capital, y “la Bella Durmiente”, en referencia al aspecto desaliñado que mostraban en el pasado el centro histórico y sus monumentos.

Esta supuesta dejadez ha quedado, por suerte, atrás, tal y como demuestra el hecho de que, en el año 2007, el Puerto de la Luna (nombre que recibe popularmente la ciudad portuaria de Burdeos) fue declarado Patrimonio de la Humanidad. A esta importante título se suma la belleza de los monumentos que hay repartidos por la ciudad, en cuyas arquitecturas se pueden apreciar estilos tan hermosos como el neoclásico.

La majestuosidad de sus monumentos

Excelente ejemplo de la arquitectura francesa del siglo XVIII, la Plaza de la Bolsa es uno de los lugares más reconocibles de Burdeos. Situada junto al río, destaca por los impresionantes edificios que la rodean, así como el conocido Miroir d’eau, la piscina reflectante más grande del mundo. A pocos minutos de la plaza se erige la más famosa de las puertas de la antigua muralla: la Puerta de Cailhau, construida a finales del siglo XV para conmemorar la conquista de Nápoles por parte del rey Carlos VIII.

Repleta de preciosas iglesias y edificios religiosos, por encima de todos destacan la Catedral de San Andrés, datada de finales del siglo XI, y la Basílica de Saint-Michel, construida entre los siglos XIV y XVI. Ambas cuentan con campanarios separados del edificio principal, siendo el de la basílica de Saint-Michel el segundo más alto de toda Francia.

Acompañando los increíbles monumentos que hay por la ciudad, Burdeos cuenta con varios espacios verdes donde descansar y respirar aire puro, como el Jardin Public o el Jardín Botánico. Cerca de este último se encuentra uno de los lugares más visitados de la ciudad, el Ecosistema Darwin. Se trata de un antiguo caserío reconvertido en un ecosistema urbano, en el que se entremezclan tiendas sostenibles, restaurantes ecológicos, arte callejero y un ambiente de lo más animado.

¡Viva el vino!

Capital de la región con los productores de vino más prestigiosos de todo el mundo, Burdeos alberga la Cité du vin, un impresionante museo dedicado al vino como patrimonio cultural vivo y universal. Aparte de unas instalaciones increíbles, las cuales llevan al visitante a través de un viaje de miles de años, el punto álgido de la visita está al final, con la cata de vinos en la terraza panorámica del museo. Para disfrutar todavía más, no dudes en acercarte al mercado del barrio de Chartons, donde los habitantes acuden a disfrutar de unas deliciosas ostras, el acompañamiento perfecto para un buen vino.