La "ciudad de Neptuno” que inspiró a Goethe, el Shakespeare alemán, es Patrimonio de la Humanidad: “Entre la cuna y el féretro nos balanceamos y flotamos tan tranquilos por el Gran Canal a través de la vida”
El escritor alemán dejó algunas de las descripciones más célebres de la ciudad durante su viaje por Italia entre 1786 y 1788.

Pocas ciudades han inspirado a tantos escritores, artistas y viajeros como Venecia / Istock / FRANK PETERS
Cuando Goethe llegó a Venecia en 1786 ya había recorrido buena parte de Europa, pero pocas ciudades lograron impresionarlo tanto como esta. Lo que encontró fue un lugar donde las embarcaciones sustituían a los carruajes, donde los canales hacían las veces de calles y donde la vida cotidiana parecía transcurrir a un ritmo completamente distinto.

Gran Canal de Venecia. / Istock / Photographer: rusmor@gmail.com
Aquella experiencia quedó reflejada en algunas de las páginas más famosas de su Viaje a Italia y contribuyó a consolidar la imagen romántica de Venecia y a convertirla en uno de los grandes mitos culturales europeos. Más de dos siglos después, la ciudad sigue despertando la misma fascinación entre todos los que llegan y la descubren por primera vez.

Redacción Viajar
La ciudad que cautivó a Goethe
Goethe visitó Venecia durante el viaje que realizó por Italia entre 1786 y 1788, una experiencia que marcaría profundamente su obra y su visión artística. A diferencia de otros viajeros que se centraban únicamente en los monumentos, el escritor se interesó también por la vida cotidiana de la ciudad y sus vecinos. Observó cómo los venecianos utilizaban las embarcaciones para desplazarse, cómo se organizaba la actividad comercial y cómo el agua estaba presente en prácticamente todos los aspectos de la vida urbana.

Goethe visitó Venecia durante el viaje que realizó por Italia entre 1786 y 1788 / Istock
Fue durante esa estancia cuando escribió una de sus reflexiones más conocidas sobre la ciudad: “Entre la cuna y el féretro nos balanceamos y flotamos tan tranquilos por el Gran Canal a través de la vida”, que resume a la perfección la impresión que le causó una ciudad cuya existencia parecía inseparable del agua.
El dramaturgo alemán también describió Venecia como una especie de espacio suspendido entre la tierra y el mar, una realidad urbana completamente distinta de cualquier otra ciudad europea de su tiempo que le fascinó. Siglos más tarde, no es difícil entender lo que sintió el escritor. Basta con perderse por los canales secundarios, atravesar pequeños puentes o recorrer barrios históricos como Cannaregio o Dorsoduro para descubrir una ciudad más tranquila y cercana a la que conoció Goethe.

Piazza San Marco / Istock / 5
La huella de la Serenísima
Venecia se extiende sobre más de un centenar de pequeñas islas situadas en el interior de la laguna veneciana y conectadas mediante cientos de puentes. Durante siglos, esta peculiar configuración permitió el desarrollo de una de las potencias marítimas más importantes del Mediterráneo. La antigua República de Venecia dominó importantes rutas comerciales entre Europa y Oriente y acumuló una enorme riqueza que se reflejó en la construcción de palacios, iglesias y edificios públicos de extraordinario valor artístico que siguen impresionando a miles y miles de visitantes que llegan a este pequeño rincón de Italia cada año.
El corazón monumental de Venecia continúa siendo la Plaza de San Marcos, considerada desde hace siglos el principal centro político y ceremonial de la ciudad y que el mismísimo Napoleón la definió como “el salón más bello de Europa”.
A su alrededor se levantan algunos de los edificios más emblemáticos, ya que funcionó como auténtico centro político, religioso y administrativo de la antigua República de Venecia. A un lado se encuentra la Basílica de San Marcos, con sus cúpulas y mosaicos dorados; al otro, el Palacio Ducal recuerda el periodo en que la ciudad fue una de las mayores potencias marítimas del Mediterráneo. Muy cerca aparece también el célebre Puente de los Suspiros, una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.
Se trata del punto más bajo de la ciudad, por lo que es el primero en inundarse. Es un fenómeno conocido como acqua alta, que suele ocurrir entre octubre y marzo, cuando la plaza se llena del agua de la laguna y las autoridades colocan pasarelas para que la gente pueda caminar. No es por ello de extrañar que a lo largo de los siglos Venecia haya recibido numerosos apodos relacionados con el mar, como la "ciudad de Neptuno".
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