La ciudad más infravalorada del sur de Francia tiene playas de ensueño, arquitectura barroca y gastronomía con estrella
La ciudad a 30 minutos de Niza con playas de aguas turquesas, casas con mucho encanto y toda una cultura alrededor de un cítrico.

A medio suspiro de Niza, justo antes de que la Costa Azul se transforme en territorio italiano, se esconde una joya poco conocida que lo tiene absolutamente todo: Menton. Esta ciudad costera, situada a tan solo 30 minutos en tren o coche desde Niza, ha vivido demasiado tiempo a la sombra de sus glamurosas vecinas como Cannes, Mónaco o la propia Niza. Pero quienes la descubren no tardan en preguntarse cómo es posible que este paraíso no esté hasta los topes de turistas.
Y es que Menton lo tiene todo para ser un destino de ensueño; playas tranquilas de aguas turquesas, una arquitectura barroca que parece salida de una postal italiana, y, para rematar, una escena gastronómica con estrella Michelin que hace salivar incluso al más exigente de los foodies.

Playas que parecen de película…
Una de las mayores sorpresas de Menton es la calidad de sus playas. Nada de abarrotadas franjas de arena con sombrillas clavadas como sardinas en lata. Aquí hay espacio para tumbarse, relajarse y escuchar el rumor del Mediterráneo sin tener que pelear por un hueco. Las playas de Sablettes y Plage du Fossan son dos de las más populares, ideales para familias o para quienes buscan aguas tranquilas y cristalinas, perfectas para nadar.

Además, muchas de las playas están protegidas por espigones, lo que garantiza un baño apacible incluso en los días más ventosos. Y si te gusta el buceo o el snorkel, prepárate: los fondos marinos de la zona están llenos de vida y color.
Una ciudad que parece un decorado barroco
Caminar por Menton es como entrar en un cuadro. El casco antiguo se despliega en una colina que mira al mar, con callejuelas empedradas, fachadas ocres y terrazas llenas de buganvillas. En lo alto se alza la majestuosa Basílica de San Miguel Arcángel, una joya del barroco genovés que bien podría estar en Liguria, lo cual no es casualidad, pues Menton fue italiana hasta el siglo XIX, y esa mezcla cultural se palpa en cada rincón.

No te pierdas el cementerio del Viejo Castillo, desde donde se tienen unas vistas espectaculares de toda la bahía, ni el elegante Palacio Carnolès, que hoy alberga el Museo de Bellas Artes y cuenta con el mayor jardín de cítricos de Europa.
El paraíso de los cítricos… y de los chefs
Hablando de cítricos; si hay algo que ha hecho famosa a Menton, además de su belleza, son sus limones. Aquí se celebra cada febrero la Fête du Citron, una fiesta tan surrealista como deliciosa, donde se construyen esculturas gigantes con miles de limones y naranjas. Este microclima privilegiado permite que los cítricos tengan un sabor único, más dulce y aromático que en otras zonas.

¿Y qué hacen los chefs con semejante materia prima? Magia. Menton cuenta con varios restaurantes de alto nivel, incluido el Mirazur, del chef argentino Mauro Colagreco, con tres estrellas Michelin y número 1 del mundo en 2019 según The World’s 50 Best Restaurants. Su cocina, inspirada en el mar, la huerta y, por supuesto, los cítricos de Menton, es toda una experiencia sensorial.

Pero incluso si tu presupuesto no llega a tanto, Menton ofrece una gastronomía local sabrosa y asequible: desde socca crujiente y pissaladière, hasta pastas frescas con acento italiano. Todo ello acompañado de vinos de la región y vistas al Mediterráneo. ¿Qué más se puede pedir?
¿Por qué nadie habla de Menton?
Quizás porque sus habitantes han sabido protegerla del turismo masivo que invade otras zonas de la Riviera. Menton no tiene discotecas de lujo ni yates gigantes atracados en cada esquina. Aquí se viene a descansar, pasear, comer bien y disfrutar de la vida al ritmo del sol. Sin pretensiones. Sin postureo.

Menton es ese lugar que uno descubre casi por casualidad y del que ya no quiere irse nunca. Así que si estás planeando un viaje al sur de Francia, hazte un favor: deja que Niza tenga sus focos y sus influencers, y escápate a Menton. El secreto mejor guardado del Mediterráneo te espera con los brazos abiertos… y un cóctel de limón helado en la mano.
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