La ciudad europea perfecta para mayores de 65 años es la capital de la eterna primavera: una antigua ciudad balneario, con jardines botánicos siempre en flor y paseos llanos frente al Atlántico
Fue uno de los destinos descubiertos por la Belle Époque y todavía guarda parte de su esencia como ciudad balneario.

Funchal, la ciudad de la eterna primavera / Istock
Viajar siempre es una buena idea, pero es importante tener en cuenta una cosa: hay que hacerlo en el momento adecuado y eligiendo bien el destino. Y eso es algo que aplica tanto si tienes cinco como 65 años. Porque la edad importa, pero tener una buena experiencia y llevarse un buen recuerdo del lugar, también.

Madeira, un paraíso a medio camino entre el cielo y el mar. / Istock
Dicho esto, hay ciudades que parecen estar diseñadas para disfrutar con calma, con climas suaves todo el año, temperaturas ideales y un trazado urbano que invita a dar paseos sin demasiado esfuerzo. Y una de ellas es Funchal, la capital de la isla portuguesa de Madeira.

Sara Fernández García
Capital de la eterna primavera
Que a un destino se le conozca como la isla de la eterna primavera, ya dice mucho de lo benévolo de su clima, un dato clave para viajar sin estrés climatológico. Y es que Funchal es conocida por su clima subtropical (entre 18 y 26 grados durante la mayor parte del año). Está en medio del océano Atlántico (pero literal) y, aunque pertenece a Portugal, geográficamente está más cerca del norte de África que de la Europa continental (a unos mil kilómetros de Lisboa, y unos 700 de la costa africana).

Una isla descubierta por navegantes portugueses en el siglo XV / Istock
La historia de Funchal es curiosa: descubierta por navegantes portugueses durante el siglo XV, época de colonizadores y conquistadores, fue en el siglo XIX cuando se convirtió en un destino ideal para la aristocracia europea. Las familias más pudientes se refugiaban en este lugar remoto atraídas precisamente por sus inviernos suaves, la calidad del aire oceánico, la abundante vegetación, la tranquilidad y las buenas conexiones marítimas con Europa.
Hay que recordar que en el siglo XIX todavía no existían antibióticos eficaces para enfermedades como la tuberculosis. Era una época en la que los médicos recomendaban climas templados, con aire limpio y sin cambios bruscos de temperatura para curarlas. Y Madeira reunía esas condiciones para hacer de él un destino ideal. Sissi Emperatriz o Winston Cuchillo fueron algunos de sus ilustres veraneantes.
Villas palaciegas y hoteles de lujo de la Belle Époque
En aquella época surgieron elegantes villas, hoteles y jardines destinados a una clientela acomodada de origen principalmente británico, alemán, francés y centroeuropeo. De hecho, pasear por Funchal hoy es descubrir muchos edificios de esa época, con un ambiente que aún conserva cierto aire de balneario elegante. Y el Reid's Palace es el mejor testimonio de aquella época dorada: construido sobre un acantilado con vistas al Atlántico, pronto se convirtió en uno de los hoteles más exclusivos de Europa. Sigue siéndolo, bajo la exclusiva cadena Belmond.
Curiosamente, esa tradición de hospitalidad sigue viva. Aunque hoy recibe visitantes de todo tipo, Funchal mantiene un ritmo pausado y una elegancia discreta que recuerdan a las antiguas estaciones de descanso de la Belle Époque, algo que muchos viajeros siguen apreciando al visitarla.
Los jardines de Funchal
Lo de Madeira con los jardines es puro idilio. Y uno de los mejores ejemplos, testimonio de aquella época dorada, es el Jardín Tropical Monte Palace Madeira. Un paraíso que alberga unas 100 000 especies de plantas de todo el mundo, repartidas en una superficie de más de 70 000 m².

Es uno de los jardines con más historia de Madeira. / Istock / Anna Breitenberger
Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando un cónsul inglés compró la propiedad, situada al sur de la iglesia de Monte, y la convirtió en una finca a la que puso el sugerente nombre de "Quinta do Prazer". Años más tarde fue adquirida por otro propietario, responsable de la construcción de una residencia palaciega que posteriormente fue transformada en un hotel llamado Monte Palace Hotel.
Es uno de los jardines más bonitos de Madeira, pero no el único. La otra joya es el Jardín Botánico, un espacio fundado en 1881 en La Quinta do Bom Sucesso, que alberga más de 2000 plantas exóticas de todos los continentes, algunas de ellas en peligro de extinción en sus tierras de origen. Y esconde un secreto: el Museo de Historia Natural y el Herbario que se encuentran aquí. Lo más interesante es su ubicación: a unos tres kilómetros del centro de la ciudad, en las colinas de Funchal. Un estupendo mirador desde el que se tienen las mejores vistas al valle de la Ribeira de Joao Gomes.

Este jardín botánico es una joya del siglo XIX. / Istock
Otro lugar con increíbles vistas es el paseo marítimo de Funchal, un extenso eje peatonal que cruza la ciudad por la costa. Tiene una superficie de 78 200 m y toda la ruta cuenta con una flora diversa, que integra armoniosamente especies endémicas de Madeira y diversas plantas exóticas: las palmeras datileras son una constante. Caminar por aquí al amanecer, o al atardecer, es uno de los mejores recuerdos que el viajero puede llevarse de Funchal.
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