La ciudad europea perfecta para una escapada en Semana Santa: tiene un barrio español, es Patrimonio de la Humanidad y capital mundial de la pizza
Además, tiene una avenida con acento manchego y estatuas que recuerdan a sus antiguos monarcas españoles.

Hay destinos europeos en los que una se siente como en casa cuando viaja. Y aunque es algo más que habitual en todas aquellas ciudades que están bañadas por el Mediterráneo, hay un lugar donde el sentimiento y la atmósfera de cercanía son todavía más latentes.

Está en Italia, y eso ya es un punto favor. Porque aunque el idioma es diferente, la cultura es muy parecida, el ambiente callejero también y el carácter hospitalario es prácticamente idéntico.
Llegó a ser una ciudad española
Pero es que, además, se trata de una ciudad que tiene un fuerte vínculo con España. Hay que remontarse unos cuantos siglos atrás, hasta 1442, porque fue cuando Alfonso V de Aragón conquistó Nápoles y la incorporó a la corona española. Después pasaría a manos de los Borbones durante varios periodos, hasta que en 1861 se anexionó definitivamente a Italia.

Ese año supuso el fin de la conquista española de Nápoles, pero no de la influencia que las costumbres españolas dejaron en el país. Y basta un paseo por el centro de la ciudad para comprobarlo.
Un barrio español en el centro de la ciudad
Si a Nápoles se la conoce como la más española de las ciudades italianas es, en parte, por la existencia de un barrio español en el corazón de la ciudad. Es el ‘Quartieri Spagnoli’, una suerte de barrio laberíntico y muy estrecho, pero de trazado cuadricular casi perfecto, donde el ambiente callejero es total.

Es el alma más genuina de Nápoles, y la imagen que cualquiera tiene en la cabeza de la ciudad. Con sus puestos de frutas y verduras en plena calle, sus trattorias de pizza a la leña y los bazares en los que se vende de todo, y sobre todo, souvenirs relacionacos Maradona. Su Dios.
Su existencia se debe precisamente a uno de esos monarcas españoles que estuvieron por allí: a Carlos III (Carlos V de Alemania), que mandó construir el barrio para alojar a sus soldados y mantener cierto control militar en la ciudad.

Y aunque su origen era casi defensivo, hoy es el barrio más animado de la ciudad, y ese donde se pueden contemplar las escenas más cotidianas: la ropa tendida entre balcones de edificios enfrentados es, posiblemente, la más icónica.
Una calle con nombre español
Para llegar al ‘Quartieri Spagnoli’ hay que pasar, casi obligatoriamente, por al vía Toledo, una de las avenidas más grandes y conocidas de la ciudad. Tiene más de un kilómetro, y atraviesa la ciudad de norte a sur, desde la plaza Trieste y Trento, hasta la plaza Dante.
Recorrerla es casi viajar en el tiempo, contemplando los diferentes edificios monumentales que se han levantado a lo largo de la historia de Nápoles. Algunos de ellos forman, junto con el resto de construcciones del centro histórico de la ciudad, uno de los cascos antiguos más grandes y ricos de Europa, tal y como señaló la Unesco en 1995 con motivo de su declaración de Patrimonio de la Humanidad.

Como también es patrimonio el arte de hacer pizza, posiblemente uno de los platos más populares de la cocina italiana y que se puede comer casi en cualquier rincón del mundo. Con la diferencia de que en Nápoles es el lugar donde nació, y por eso está considerada la capital mundial de la pizza.
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