Tiene 29 siglos de historia y parece detenida en el tiempo: así es viajar hoy a la ciudad central de la Ruta de la Seda
La próxima Expedición Viajar a Uzbekistán, que se celebrará del 1 al 9 de noviembre, explorará los rincones del país por los que dejó su huella la Ruta de la Seda. Por supuesto, esta ciudad no podía faltar en el itinerario.

Viajar a Samarcanda es sinónimo de atravesar las capas del tiempo. Fundada en el siglo VIII a.C. y Patrimonio de la Humanidad desde 2001, esta ciudad en el corazón de Uzbekistán fue durante más de dos mil años uno de los puntos neurálgicos de la Ruta de la Seda y es, a día de hoy, pura leyenda. Por sus calles cruzaban mercaderes chinos cargados de seda y porcelana rumbo al Mediterráneo, y caravanas persas y europeas buscando especias, papiros y piedras preciosas. Hoy, su alma monumental sigue intacta: cúpulas turquesa que brillan bajo el sol, mausoleos de reyes de legado inmortal y el eco de una ciencia precoz siguen haciendo que el visitante viaje por sus calles a otra época.
Samarcanda es una de las paradas estrella en la Expedición VIAJAR que se celebrará del 1 al 9 de octubre a Uzbekistán. Acompañados del fotógrafo y periodista Tino Soriano –premiado por UNESCO, Fotopress, Fujifilm, NikonPro, Canon Europa y muchas otras organizaciones– y su mujer, descubriremos las maravillas de ciudades como Jiva, Bukhara, Tashkent y, claro, Samarcanda.
| Información expedición a Uzbekistán | |
|---|---|
| Correo Electrónico: | expedicionviajar@clubmarcopolo.es |
| Teléfono: | 900 909 698 |
| Sitio web: | www.club-viajar.es/expediciones |
Qué ver en Samarcanda
El corazón monumental de Samarcanda late en la Plaza del Registán, un conjunto arquitectónico deslumbrante compuesto por tres madrazas: Ulugbek, Sherdor y Tilla-Kari. Levantada entre los siglos XV y XVII, estas escuelas coránicas lucen fachadas ornamentadas con azulejos geométricos y caligrafía islámica, y marcan el esplendor arquitectónico de la dinastía timúrida. A pocos pasos se alza una réplica moderna de la mezquita Bibi-Khanym. Pero lo que realmente impresiona al visitante no es solo la belleza de los azulejos que le rodean, sino el ambiente que se respira en la plaza: entre edificios monumentales, aquí se han conservado con cuidado y mimo las tradiciones de los antiguos oficios.

Otra visita imprescindible, tanto por impresionante como por inesperada, es el Observatorio de Ulugh Beg. El centro fue construido en 1420 por el nieto de Tamerlán, un gobernante apasionado por la astronomía. Aunque los fanáticos religiosos lo hicieron destruir en 1449, después del asesinato de Ulugh Beg; fue redescubierto en 1908.
En las excavaciones se hicieron algunos hallazgos asombrosos. Destaca su gran sextante subterráneo de 11 metros, que se usaba para calcular el mediodía; y los cálculos en los que Ulugh Beg fue capaz de estimar la duración del año con un error de solo 25 segundos, una precisión que superaría a los cálculos posteriores de Copérnico. Su fachada, colorida y solemne, invita al visitante a entrar como si se tratara de un templo sagrado de la ciencia, y no es casualidad: antes de ser un observatorio, fue una madrasa.

Mística y memoria dinástica en Samarcanda
El alma espiritual de Uzbekistán vibra en el complejo funerario de Shahi Zinda, una cadena de mausoleos que asciende por la colina como un rosario de cúpulas azul con reflejos iridiscentes. Aquí yacen miembros de la nobleza y la familia real; y algunos lo consideran un lugar tan sagrado que podría equivaler a una peregrinación a La Meca. Cuenta con 11 mausoleos, los más antiguos de los siglos XI y XII.
Muy cerca, el Mausoleo Gur-e Amir —la Tumba del Rey— encierra los restos de Tamerlán y sus descendientes. Construido entre los siglos XIV y XV, este conjunto combina un khanqah (centro sufí), una madrasa y las tumbas reales, entre ellas la de Muhammad Soltán y el propio Ulugh Beg, quien culminó su construcción. El azul profundo de sus cúpulas y la armonía de su diseño lo convierten en uno de los enclaves funerarios más significativos del Oriente medieval.

Donde el saber cambió de continente
Además de su legado arquitectónico y religioso, Samarcanda fue un centro neurálgico del conocimiento islámico. Aquí, en la primera fábrica de papel del mundo islámico —tras obtener el secreto de fabricación de prisioneros chinos—, comenzó un proceso que llevaría este soporte esencial a Europa, revolucionando la transmisión del conocimiento.

Hoy, con sus más de 2.700 años de historia, Samarcanda sigue siendo la segunda ciudad más grande de Uzbekistán y una de las más antiguas del mundo. Aunque pasear por sus calles es viajar en el tiempo, no es un decorado del pasado, sino que permanece viva en sus bazares, en los oficios tradicionales, y en el aire de leyenda que flota entre sus monumentos.
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