Lo llaman el 'Manhattan romano': la desconocida ciudad imperial que albergó los mayores rascacielos de la época y que hoy revela cómo vivían en el pasado
Ostia Antica combinó actividad comercial, diversidad cultural y una arquitectura residencial poco habitual en su época.

La ciudad desarrolló un modelo residencial poco habitual en el mundo antiguo / Istock / Marco Gallarino
Aunque Roma siempre merece una visita, es posible que sientas que ya lo has visto todo y quieras conocer algo más en tu próximo viaje a la capital italiana.

La fundación tradicional de Ostia se sitúa en el siglo IV a.C / Istock
Lejos del bullicio del centro histórico se extiende Ostia Antica, una ciudad de ladrillo que permite entender cómo vivían miles de personas en plena expansión imperial. Se trata del antiguo puerto de Roma (se encuentra a 30 km al oeste de la ciudad en la desembocadura del Tíber) y es uno de los conjuntos arqueológicos mejor conservados de Italia.

Adriana Fernández
Su comparación con “Manhattan” no es por un tema de estética. Tiene que ver con algo mucho más concreto: la densidad urbana y la construcción en altura. Durante los siglos I y II d.C., cuando Roma superaba el millón de habitantes, Ostia se convirtió en un núcleo logístico esencial. Decenas de miles de personas vivían aquí (se habla de 75.000) vinculadas al comercio marítimo, la administración portuaria y los servicios asociados al abastecimiento de Roma. La verticalidad era por tanto una respuesta práctica a la presión demográfica y a la proximidad del puerto.
Para dar alojamiento a esa población creciente, la ciudad desarrolló un modelo residencial poco habitual en el mundo antiguo: las insulae. Se trataba de edificios de viviendas colectivas que podían alcanzar cuatro y cinco plantas, e incluso seis en algunos casos documentados. No eran rascacielos tal como los conocemos hoy en día, pero sí estructuras especialmente altas para su época que siguen siendo visibles al recorrer sus calles. Estas insulae estaban construidas en hormigón romano y ladrillo, con balcones, escaleras interiores y comercios en la planta baja.
El puerto que alimentaba a Roma
La fundación tradicional de Ostia se sitúa en el siglo IV a.C., aunque el desarrollo urbano que hoy se conserva pertenece sobre todo a la época imperial, cuando el emperador Claudio impulsó la construcción de un gran puerto artificial para mejorar el abastecimiento de grano procedente del norte de África y Egipto.
Desde aquí se distribuían productos básicos para la capital del Imperio: trigo, aceite, vino, salazones y materiales de construcción. Los horrea (almacenes de gruesos muros y patios interiores) ocupan grandes superficies del trazado urbano y algunos conservan todavía sistemas de ventilación y pavimentos elevados para proteger las mercancías de la humedad.

El teatro tenía capacidad para unos 2.000 espectadores / Istock / Alberto Masnovo
Además de un centro de almacenamiento, Ostia también era una ciudad plenamente equipada y contaba con termas públicas como las de Neptuno, tabernas, panaderías con molinos de piedra aún visibles, templos dedicados a divinidades orientales y un teatro con capacidad para unos 2.000 espectadores.
Una ciudad sin catástrofe repentina
A diferencia de Pompeya, Ostia no se quedó congelada por una erupción volcánica. Su abandono fue progresivo a partir del siglo IV, aunque permaneció como vía de acceso marítimo para los visitantes de Roma.
Ese declive gradual explica el tipo de conservación que hoy presenta el yacimiento. Aquí no verás frescos intactos como en Pompeya, pero sí una trama urbana fácilmente distinguible, ya que las calles mantienen su pavimento original y muchas fachadas alcanzan todavía varios pisos de altura.
Mucho tiempo después, a finales del siglo XV, el arzobispo Giuliano della Rovere (conocido como Julio II) ordenó la reconstrucción de las murallas y de la iglesia principal. El Castillo de Julio II es uno de los elementos más destacados de la actual ciudad.
El recinto arqueológico puede visitarse fácilmente desde Roma, en un trayecto de menos de una hora en tren desde la estación de Porta San Paolo. La extensión del área excavada supera las 30 hectáreas y continúa siendo investigada. Para tu visita, ten en cuenta que abre hasta las 15:30 (excepto los lunes, que permanece cerrado), y el precio de entrada es de 18 euros.
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