Ciudad de Burdeos

Carlos Hernández

Tras meses de lluvias, frío y humedad, los templados rayos del sol despiertan a los bordoleses. Ciclistas, patinadores que circulan a velocidad de vértigo, estudiantes y familias al completo recorren los tres kilómetros del paseo que se abre junto a la ribera oeste del Garona. Una desafinada pero simpática y muy festiva orquesta, dibuja la banda sonora de este lugar que, especialmente por las tardes y los fines de semana, demuestra ser el verdadero corazón de Burdeos. La aglomeración humana y la algarabía crecen aún más en una peculiar plaza, en el que decenas de surtidores lanzan una lluvia fina con la que se refrescan pequeños y grandes. Es el ‘Espejo de agua'' que hace honor a su nombre cuando, cada cierto tiempo, se cierran los desagües y surge de la nada un estanque, de apenas 2 dedos de profundidad, en el que se reflejan los señoriales edificios de la plaza de la Bolsa.