La bonita ciudad a orillas del Atlántico que deberías visitar, al menos, una vez en la vida: está repleta de calles coloridas y vestigios de épocas pasadas
Este 2026 ha sido designada como la Capital Mundial del Libro por la UNESCO.

País bonito donde los haya, y además a tiro de piedra de España, Marruecos ofrece todo tipo de experiencias capaces de cambiar la vida de aquellos que lo visitan: paisajes desérticos en los que perderse en compañía del Sol y la arena, incontables kilómetros de costa bañados por las aguas azul zafiro del atlántico, y ciudades con mucha historia y habitantes de lo más hospitalarios.

Cuando pensamos en este país del noroeste del continente africano, puede ser que las primeras ciudades que nos vengan a la cabeza sean urbes como Marrakech o Casablanca, dos de los principales núcleos urbanos y económicos de este reino. Pero la verdad es que ninguna de estas dos es la capital del país; ésta es una ciudad que, si bien menos conocida, no tiene nada que envidiarle a estas otras.
Más de mil años de historia
En el norte del país, la ciudad de Rabat se despliega a orillas del Atlántico a medio camino entre Casablanca y Tánger. Delimitada por el norte por el cauce del río Bu Regreg, el cual desemboca en el Atlántico y separa Rabat de su vecina Salé, la UNESCO la designó como la Capital Mundial del Libro para este 2026, convirtiéndose así en la primera metrópoli marroquí en recibir este reconocimiento.
Aunque sus orígenes se remontan al asentamiento romano de alrededores del siglo III a.C. conocido como Chellah, la historia de Rabat comienza verdaderamente en el siglo XII, cuando el sultán Abd al-Mumin mandó construir un campamento fortificado (conocido también como ribat) desde el que dirigiría las incursiones almohades hacia la península ibérica. A partir de entonces, la ciudad fue creciendo; se construyó una gran muralla de cinco puertas, se erigieron hermosas mezquitas y mausoleos, y se convirtió en uno de los núcleos urbanos de mayor atractivo del país. Tal es así que, en el 2012, la UNESCO añadió el centro histórico de la ciudad a la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Ciudad arcaica y cosmopolita
Imprescindible para empezar a descubrir la ciudad es perderse por las calles de la Kasbah de los Oudayas, barrio histórico de la ciudad rodeado de murallas en el interior de las cuales se extiende un complejo de calles estrechas bordeadas por hermosas fachadas azules y blancas. Dentro de las murallas se encuentran también los jardines andalusíes, un precioso espacio verde lleno de árboles frutales y fuentes y con un ambiente perfecto para relajarse.
En cuanto a monumentos, el más importante de todos los que alberga la ciudad es la Torre Hassan, curiosa obra incompleta que tenía la intención de convertirse en una imponente mezquita. Uno se puede hacer una idea aproximada de lo que pretendía ser el proyecto, pues no solo se eleva la torre -que llega a los 45 metros de altura-, sino que frente a ella se erigen cientos de columnas que manifiestan la ambición del proyecto original. Frente a este conjunto monumental se halla el impresionante mausoleo de Mohammed V, una de las construcciones modernas más interesantes del país, en la que descansan los restos del rey Mohammed V, el “Padre de la Independencia” marroquí, y sus dos hijos.

Para descubrir más acerca de la antigua historia de Rabat te puedes acercar a la Necrópolis de Chellah, entre las ruinas de la cual podrás observar los restos del foro romano, unos baños públicos, un mausoleo, una escuela y una mezquita, además de los restos de casas y tiendas. El contraste a este viaje al pasado lo dan la Medina, con edificios de estilo andaluz construidos en el siglo XVII, y la Ville Nouvelle, barrio construido a principios del siglo XX durante el protectorado francés. Destaca también el formidable Teatro Nacional de Mohammed V, símbolo de modernidad diseñado por la arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid e inaugurado en 2024.
Una experiencia de lo más relajante en la ciudad, sobre todo si el tiempo acompaña, es dar un paseo en barca por el río, el cual ofrece unas panorámicas inigualables de las ciudades que lo bordean. Otro momento de tranquilidad lo ofrece el interior de la Catedral de San Pedro, el único templo católico de la capital marroquí.

Una gastronomía excelente
Con toques de cocina mediterránea, Marruecos ofrece al visitante una experiencia gastronómica excepcional. En Rabat, con infinitas oportunidades para descubrir los sabores característicos de este país tan especial, podrás degustar platos tan tradicionales como el tagine, un guiso de carne combinado con especias que constituye uno de los platos más emblemáticos del país. Para terminar la comida con un toque dulce, no dudes en pedirte una chebakia o unos ghriba, siempre acompañado, evidentemente, de un delicioso té de menta.
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