El círculo de las maravillas de los Montes Torozos, o el secreto mejor guardado de Valladolid

Lugares de cuento entre paisajes infinitos que te dejarán sin palabras…

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Wikimedia Commons

La confluencia del río Esgueva – conocido popularmente como «La Esgueva» - en el célebre río Pisuerga, en pleno corazón de la ciudad de Valladolid, nos marca el punto de partida, a unos casi 700 metros de altitud en plena Meseta Norte, para emprender un viaje hacia el oeste de la histórica población castellana en busca de algunas de las maravillas que posee su provincia; una provincia que es el símbolo de la llanura por antonomasia en España, al ser la única de toda la península ibérica que no cuenta con montañas.

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Los Montes Torozos, el páramo en estado puro

Abandonamos la ciudad de Valladolid en dirección al oeste y casi inmediatamente percibimos cómo el terreno comienza a inclinarse en una prolongada cuesta que nos eleva unos cien metros desde el fondo del valle hasta lo alto del páramo, donde comienzan los dominios de los Montes Torozos. Lo primero que nos llama poderosamente la atención es la absoluta presencia de árboles. Sólo inmensos y prolongados campos yermos inundan nuestras miradas salpicados de ligeras ondulaciones o lomas que parecieran dibujar las olas de este extenso mar de tierra castellano.

En efecto, y a pesar del nombre, los Montes Torozos se encuentran prácticamente desnudos de vegetación en esta parte, y sólo algunas masas de encinas y quejigos sobreviven de la antigua realidad boscosa de estas extensiones, en aquellos tiempos de los que proviene la leyenda de la ardilla que recorría España de punta a punta saltando de rama en rama. En lugar de tupidos bosques avanzamos por el páramo dejando a nuestras espaldas la Campiña del Pisuerga en dirección a la Tierra de Campos, que pareciera reafirmar con su nomenclatura el paisaje que vamos dejando a nuestro paso.

Maravillas en mitad del páramo

Cuando aún no hemos salido del hipnotismo de los anchos horizontes del páramo llegamos hasta una rareza nominal de nuestro país: Wamba. El único municipio español que comienza por «w», fruto de su pasado godo, representa la primera maravilla que nos tomamos en nuestro camino. Herencia del rey godo Wamba, que fue coronado en este lugar en el año 672 tras la muerte del rey Recesvinto, esta pequeña localidad vallisoletana alberga la magnífica Iglesia de Santa María, un templo de base románica del siglo XII con vestigios de un edificio mozárabe anterior, en el que fue enterrada la reina Urraca de Portugal.

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Junto al templo, en una de las estancias que rodeaban antiguamente el claustro del monasterio contiguo, encontramos además el famoso Osario de Wamba, el más grande visitable de España, con sus miles de calaveras y otros huesos perfectamente dispuestos sobre las paredes. Un lugar que sobrecoge e impresiona por la enorme cantidad de restos óseos, a pesar de la gran merma que sufrió durante el siglo XX al trasladar muchos de los huesos a las facultades de medicina para las prácticas de los estudiantes, tal y como llevó a cabo el doctor Gregorio Marañón llenando dos camiones en dirección a Madrid.

Dejamos Wamba y comenzamos una travesía circular en pleno epicentro de los Montes Torozos, donde se encierran lugares realmente impresionantes.La VP-5501 nos conduce plácidamente páramo adentro hasta nuestro siguiente destino mientras oteamos a lo lejos el ejército de aerogeneradores del municipio de Peñaflor de Hornija, que dan buena cuenta de una de las zonas más ventosas de la península. Los campos de cultivo de los márgenes de la carretera colorean la planicie y nos llenan de imágenes bucólicas de los típicos campos castellanos que hemos tenido siempre presentes en nuestras mentes. De repente, el páramo parece hundirse como si se precipitara tierra adentro y comenzamos a descender mientras vemos despuntar dos enormes torres que sobresalen en mitad de la nada rodeadas de masas de vegetación con los primeros árboles que divisamos desde hace kilómetros.

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Hemos llegado a la diminuta colonia agraria de La Santa Espina, donde se alza imponente el Monasterio de la Santa Espina que, como su propio nombre indica, custodia la reliquia de una de las espinas de la corona que portaba Jesucristo en el momento de su crucifixión, regalo que entregó en el siglo XII el rey Luis VII de Francia a la infanta Sancha Raimúndez, hija de Alfonso VII, quien encomendó su cuidado a este monasterio cisterciense. Dejamos la VP-5501 abandonando el valle del río Bajoz y tomamos la VP-5505 en dirección a Urueña, una de las villas medievales mejor conservadas y más emblemáticas de todo el territorio español, considerada uno de los pueblos más bonitos del país, además de constituir la primera Villa del Libro de España.

Enclavada en un alto, su visión amurallada es fantástica. Recorrer sus tranquilas calles perdiéndose en su entramado medieval mientras nos topamos a cada paso con cuidadas librerías y museos es una experiencia que hay que vivir una vez en la vida, al mismo tiempo que recorremos su muralla en las alturas contemplando los paisajes infinitos de la llanura como en pocos lugares podremos tener la oportunidad de hacer.

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No hemos salido aún de nuestra fascinación por el paisaje cuando descubrimos en las inmediaciones otra joya: la Ermita Santuario de Nuestra Señora de la Anunciada, una excelente construcción del siglo XI que es uno de los mejores exponentes del primer románico fuera de Cataluña y el único de este tipo en toda Castilla y León, fruto de la estrecha relación del fundador de la ciudad de Valladolid, el Conde Pedro Ansúrez, con el condado de Urgel.

Desde allí, tomando la VP-5606 y un tramo de autovía, seguimos a continuación las indicaciones hasta la localidad de Tiedra, símbolo medieval de la frontera entre los reinos de León y Castilla, en los límites de los Montes Torozos, ofreciéndonos desde su histórico castillo del siglo XII unas vistas infinitas sobre las llanuras circundantes, pudiendo además disfrutar – si es la época de floración – de los extensos campos de lavanda con que cuenta el municipio. No obstante, alberga el primer centro de interpretación (Tiedra de Lavanda) de nuestro país dedicado a esta planta. Heredera de la antigua ciudad romana de Amallóbriga, Tiedra es hoy en día un importante punto de observación del cielo nocturno, con su inconfundible Centro Astronómico y Parque estelar Starlight, que lo reconoce como uno de los mejores lugares de nuestro territorio para la observación de las estrellas.

Cerrando el círculo: dos nuevas sorpresas

Continuamos nuestro itinerario circular desandando el camino desde Tiedra para volver a adentrarnos en el corazón de Montes Torozos en dirección a una nueva maravilla que se erige en mitad de estos parajes castellanos. La VP-5605 nos transporta hasta la localidad de San Cebrián de Mazote, donde nos espera la Iglesia de San Cipriano, levantada por los mozárabes provenientes de Al-Ándalus en el siglo IX junto con un monasterio ya inexistente. Un templo que constituye la iglesia mozárabe más grande de España y una de las más importantes de esa época que aún se conservan, señalando a San Cebrián de Mazote como visita de parada obligada en nuestra ruta circular.

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La misma carretera que nos condujo hasta este lugar nos permite avanzar hacia el este, en dirección hacia Valladolid, para salir al encuentro de nuestro último tesoro del camino: el castillo de Torrelobatón. Ya desde lejos, mientras recorremos la llanura, podemos alcanzar a ver en el horizonte la silueta del inconfundible Castillo de los Comuneros, uno de los castillos mejor conservados de Castilla y León, testigo privilegiado de la guerra de las Comunidades de Castilla. Una fortaleza espléndida que nos deja todo el sabor de la personalidad que da nombre a esta región.

Tras visitar Torrelobatón dejamos atrás el valle del río más importante de esta parte de los Montes Torozos, el río Hornija, y cerramos el círculo llegando de nuevo a Wamba, donde comenzó nuestro particular descubrimiento de las maravillas que esconde el páramo de Valladolid y los típicos paisajes de planicies de esta provincia castellana.