Del cine a la realidad: Martha’s Vineyard, la isla de la película Tiburón

La isla que mejor encarnó el suspense, convertida en paraíso

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: DenisTangneyJr / ISTOCK

Una aleta dorsal se vislumbra entre el oleaje. Un pequeño bote velero la divisa y da la voz de alarma a los bañistas que se agolpan en la orilla ajenos a todo peligro. Y, en cuestión de segundos, el pánico se vuelve generalizado.

De esta manera podríamos recrear la típica escena de la cinta cinematográfica de Tiburón, la célebre película de suspense dirigida por Steven Spielberg que nos atemorizó con la idea de un gran escualo asesino que acechaba bajo las aguas.

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Un filme que ha pasado a la historia del celuloide, dejándonos en la retina escenarios legendarios como Amity Island, el ficticio lugar donde comienza la trama con la llegada masiva de veraneantes a punto de estrenar la temporada de baño. Un punto en el mapa que creíamos imaginario pero que existe en la realidad, materializado en una isla estadounidense llamada Martha’s Vineyard.

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Una isla «de película» en todos los sentidos

Conocida como «The Vineyard» (El Viñedo), Martha’s Vineyard está situada en la costa este de los Estados Unidos, en los dominios del estado de Massachusetts.

Habitada en el pasado por una tribu nativa, comenzó su transformación en el siglo XVII llegando a convertirse en un importante centro de la industria ballenera durante el siglo XIX.

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Tras el declive de esta actividad económica en la isla, comenzaron a proliferar en su territorio las residencias de verano, aprovechando sus excelentes condiciones naturales, transformándose hasta llegar a ser una de las islas más exclusivas de los Estados Unidos.

Destino de vacaciones de las clases altas de la sociedad del país a partir de los años 50, fue elegido por varios presidentes como lugar de veraneo. Los Kennedy, los Clinton o los Obama se vieron atraídos por la belleza y el clima estival de esta isla de la costa este; un hecho que no ha pasado desapercibido tampoco para muchas otras celebridades del mundo de la música, el cine o los negocios, que han fijado en Martha’s Vineyard su segunda residencia.

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Pero fue en 1974 con el rodaje en la isla de la película Tiburón, cuando este territorio insular comenzó a traspasar las fronteras estadounidenses para situarse en el panorama internacional. Fue aquí donde se rodaron las principales escenas y de donde salieron la mayor parte de los figurantes que intervinieron en la cinta, siendo los mismos habitantes de Martha’s Vineyard y las islas aledañas los que aparecieron como extras.

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Una experiencia que se repetiría con las secuelas años después y que reafirmaron la buena sintonía del lugar con el argumento de Tiburón, dando a la isla ese halo que la distingue dentro de la historia hollywoodiense.

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Edgartown, South Beach, Joseph Sylvia State Beach pasarán a los anales del cine como los escenarios donde se rodaron las escenas más recordadas de la película. Un recuerdo que, a pesar de no haber convertido a la isla en un pequeño parque de atracciones en torno al filme – son escasas las referencias que podemos encontrar -, sigue muy vivo entre los habitantes de Martha`s Vineyard.

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No ocurre lo mismo, quizás, con otros acontecimientos de gran relevancia que ocurrieron en la isla pero que han pasado a un segundo plano con el paso del tiempo. Tal es el caso del fallecimiento en accidente de coche en extrañas circunstancias de Mary Jo Kopechene, en el «apéndice» de Martha`s Vineyard, la isla de Chappaquiddick, cuando viajaba como copiloto en el vehículo que conducía el senador Edward Kennedy, hermano de John Fitzgerald Kennedy y candidato a la presidencia, constituyendo uno de los mayores escándalos de la vida política estadounidense de la época – deviniendo impune a la postre -.

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Y es que la isla y la familia Kennedy vivieron un trágico idilio que acabó también con la vida de John F. Kennedy Junior, su esposa y su cuñada en 1999, tras estrellarse la avioneta en la que viajaban frente a la costa de Martha`s Vineyard. Una trayectoria de infortunios que rodearon a esta saga familiar, digna de las mejores películas de suspense.

Una isla para disfrutar de la tranquilidad y su entorno

Más allá de su nexo con el celuloide,  los 231 kilómetros cuadrados de Martha’s Vineyard son uno de los territorios insulares más bonitos de la costa este estadounidense.

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A la población nativa perteneciente a la tribu Wampanoag  - cuya comunidad reside mayoritariamente en la población de Aquinnah -, se une la presencia de las celebridades y personas de la clase alta del país, que valoran la amplia oferta vacacional de la isla, con magníficas playas, campos de golf, naturaleza, deportes y buena comida, todo ello en un ambiente sosegado que permite fácilmente el descanso y la tranquilidad.

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Accesible únicamente por aire o por mar - a través de ferry en este último caso -, la afluencia de visitantes crece considerablemente en los meses de verano, atraídos por el clima y por espectaculares lugares que podemos encontrar en este territorio de Massachusets.

Edgartown, la localidad más célebre de las seis presentes en la isla, es famosa por su pasado ballenero, sus preciosas casas de estilo victoriano del siglo XIX o su puerto.

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Mientras, Oak Bluffs, es visita obligada para admirar sus extraordinarias Casas de Pan de Gengibre, que parecieran salidas de un cuento de hadas; también imprescindibles son el popular y antiguo tiovivo Flying Horses, su paseo marítimo – donde elegir uno de los restaurantes para degustar la gastronomía local y conocer los vinos procedentes de las viñas de la isla –, o el relajante Ocean Park.

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Volviendo a Aquinnah, conocida antiguamente como Gay Head, podremos contemplar algunos de los paisajes y las vistas más impresionantes de la isla, especialmente desde sus acantilados y el faro, mostrándonos la cara más natural de este reducto isleño de la costa este de Estados Unidos.