Cinco visitas básicas para quedarse 'colgado' de Cuenca

Lo que no te puedes perder en la ciudad manchega

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: David Andres Gurierrez / ISTOCK

Hay que gastar los zapatos para recorrer Cuenca. Ascender al casco antiguo a pie, deambular por sus calles estrechas, acercarse hasta el parador, descubrir rincones ocultos. Subir y bajar, como en la propia vida. Pero la recompensa es que esta ciudad, famosa por sus casas colgadas (que no colgantes), acabará prendiendo en el caminante una llama encendida para siempre. Esto es lo que no puedes perderte si quieres quedarte colgado de esta gran dama manchega:

El Castillo

Aunque se puede subir en autobús urbano, lo mejor es hacerlo caminando. Porque a a pesar del esfuerzo, merece la pena alcanzar esta atalaya perfecta desde la que admirar la más extraordinaria estampa de Cuenca: la de las hoces abrazando un caserío que parece asomarse al abismo. De esta fortaleza, que tuvo un origen árabe hasta ser conquistada por Alfonso VIII en el siglo XII, apenas quedan los restos de la muralla y el llamado Arco Bezudo, que antaño fue una de las puertas que daban acceso a la ciudad.

MEDITERRANEAN / ISTOCK

Un paseo por la Edad Media

Esto es lo que se experimenta al recorrer la ciudad vieja. Empezando por la Plaza Mayor de una blancura inmaculada. Aquí se yergue imponente la catedral, dedicada a Santa María y a San Julián. Un majestuoso edificio de transición entre el románico y el gótico a cuyos elementos (desde los arcos y gárgolas del exterior hasta las rejas y las vidrieras interiores) merece la pena dedicar al menos un par de horas. Es el monumento principal, pero no el único. Le sigue toda una lista de joyas religiosas para empaparse de espiritualidad el Convento de las Carmelitas Descalzas, la Ermita de la Virgen de las Angustias, la Iglesia de San Pedro, el Convento de las Angélicas, la Iglesia de San Nicolás y el Convento de las Celadoras.

venemama / ISTOCK

El Puente de San Pablo y las Casas Colgadas

Quienes no sufran de vértigo han de asomarse al Puente de San Pablo, paso obligado para salvar el abismo del Huécar al mismo tiempo en que se obtiene la panorámica más típica. ¿Se adivina? Las Casas Colgadas, símbolo por excelencia de Cuenca, que se divisan en todo su esplendor desde esta pasarela centenaria que fue construida en hierro y que enlaza con el Convento de San Pablo (hoy reconvertido en Parador de Turismo). También es el lugar desde el que maravillarse con los peculiares rascacielos, que encierran todo un juego de prestidigitación arquitectónica: vistos de este lado, sobre el puente, alcanzan hasta doce plantas, mientras que desde el otro, en el barrio de San Martín, exhiben tan sólo cuatro alturas.

jacquesvandinteren / ISTOCK

La Calle Alfonso VIII

Es la más pintoresca de la ciudad. Una calle emplazada al lado del Ayuntamiento y llamada Alfonso VIII por el rey que liberó a la ciudad del dominio musulmán. En realidad se trata de un mosaico inclinado de fachadas pintadas con los colores más vivos que se pueden imaginar. Detrás de ellas se esconden casas señoriales que hoy se han reconvertido recicladas en hoteles con encanto y tiendas de productos típicos.

Tomás Fano

El Museo de Arte Abstracto

Cuenca, tan medieval y solemne, también hace guiños a la modernidad. Para ello tiene el Museo de Arte Abstracto, instalado en las Casas Colgadas hace más de 50 años. Un centro que colocó a la ciudad en el mapa de las vanguardias y en el que se recoge la más completa colección de pintura y escultura de esta corriente abstracta, continuadora de las ideas renovadoras de Pablo Picasso, Juan Gris y Joan Miró.

JJFarquitectos / ISTOCK